Feminismo y Revolución


TEODORO NELSON 


Conforme las sociedades prehistóricas fueron desarrollándose y dando paso a los distintos estadios de las familias, a la aparición progresiva de los tabúes y a la monogamia, la mujer iría quedando paulatinamente bajo el dominio del hombre. 

Con la aparición del Estado, este sistema hegemónico de un sexo sobre otro (el patriarcado) quedaría totalmente integrado como superestructura, como institución, como sistema cultural. Dicho proceso se da en buena parte de forma paralela a la apropiación progresiva de un grupo de hombres del excedente productivo. Es decir, de la división social en clases. 

Se consolida así el control de un pequeño grupo de hombres sobre el resto de hombres y mujeres de las distintas sociedades. Cadenas que, en continua relación dialéctica, perduran hasta hoy. Esta hegemonía tiene su reflejo distorsionado en la religión, las leyes, la cultura, la política… 

Esta teoría de la dominación de género, partiendo del desarrollo social, las relaciones sociales y de las relaciones de producción, es a día de hoy la única teoría general que explica la esclavitud de un género sobre el otro. Fue postulada por Engels en 1884. 

Evidentemente, tanto capitalistas como revisionistas rechazan esta teoría. Acusando a Engels de machista, lo cual es un insulto directo, o de plantear el problema de la mujer sólo en la vertiente económica, lo cual no sólo es mentira, pues los trabajos de Engels a este respecto son eminentemente antropológicos, sino que es un refrito de las críticas que ya les hacían sobre los planteamientos generales allá por el XIX. 

También lo acusan de etnocentrismo (lo cual es directamente estúpido) o de errores en cuanto a los datos (que comete, en efecto, al tener la endeble base de la arqueología y antropología del XIX, lo que no interfiere para nada en sus conclusiones finales ni en el marco teórico que plantea). 

Incluso se atreven a afirmar que Marx y Engels relegaron la dominación de al mujer a un segundo plano, cuando lo consideraban procesos entrelazados e inexplicables uno sin el otro. Así, "la mujer es el proletario del hombre". Más claro agua. Por no hablar que en la mayoría de los casos, la obra es criticada pero desconocida, llegando al culmen del patetismo 1

¿Cuál es la alternativa? Tenemos la versión de la biología y la psicología, que nos remite a diferencias "naturales", consustanciales a cada sexo, lo cual sigue la misma vertiente de los postulados machistas tradicionales que otorgan carta de naturaleza al patriarcado, ahora recubierto con el manto del feminismo pequeñoburgués, esencialista. 

Del mismo carácter son las interpretaciones "culturales", donde el patriarcado vendría explicado por la cultura de una forma u otra. Estas escuelas “culturalistas” nacen en pleno apogeo del fanatismo anticomunista de los 50 del siglo XX, en los que aparece la cultura como explicación de todo en contraposición al materialismo histórico que ganaba terreno a pasos agigantados. 

Estas escuelas acabaron convertidas en un “racismo cultural” donde lo decisivo ya no es la piel sino la “cultura”, pero no una cultura social, real, sino una cultura ideal y fetichista que actúa de demiurgo sobre las sociedades, explicándonos mágicamente su porqué y legitimando las agresiones de la cultura civilizada. El máximo exponente lo tenemos con “El Choque de Civilizaciones” de Hunttintong. Por no hablar de algunas corrientes feministas que rebosan machismo, como el "feminismo de la diferencia" (Ortner y cía.) 

En cualquier caso, ¿qué significa relegar el patriarcado a unas supuestas diferencias inmanentes, biológicas o culturales? ¿En qué se diferencia eso de las teorías de Bachofen, que relegaban las diferencias sexuales a las religiones de cada sociedad?2 

En definitiva, hablamos de providencialismo, de elevar la explicación histórica a un altar abstracto y confuso (e incognoscible, al menos en su conjunto), de elevar la categoría de mujer de la realidad social al idealismo burgués (pues entender a las mujeres como un todo sería como decir que todos los negros de África son iguales). Así, la dominación del hombre sobre la mujer se vuelve algo etéreo e intangible, sin enemigos políticos o sociales claros. Los choques entre hombres y mujeres no vendrían así determinados por el desarrollo social, sino por unas diferencias “etéreas” que definen ambos sexos. Escolástica pura. 

El feminismo ha quedado reducido en Europa, al igual que el marxismo, a su ideal revisionista, que tan sólo contempla la emancipación de las mujeres en la vertiente aceptable por la burguesía, en la sencilla defensa de los derechos humanos y civiles de la mujer. Se toma así el punto de partida como el de llegada, castrando cualquier posibilidad de vencer al patriarcado. Pues la democracia, el falso igualitarismo, la igualdad ante al ley, son conceptos aceptables por el capitalismo, aunque luego se vean retorcidos y vapuleados por él. 

A pesar de que hoy día veamos como la diversidad de género adquiere más aceptación, y hasta pareciera ser que el género va perdiendo importancia (paralelamente a la socialización de los medios de producción que se va dando en el imperialismo, no sería descabellado pensar que las relaciones de género e incluso la familia se vayan socializando, en este caso, desapareciendo como forma concreta cultural), aún queda plantar la última batalla, pues tras cada logro se vislumbra mejor la silueta del enemigo. 

Evidentemente, no hay que negar los grandes logros conseguidos. Pero cada conquista sólo puede estar sujeta a la victoria final, a la victoria de la revolución de las mujeres y los hombres trabajadores.

De un plumazo, vemos como en toda Europa el patriarcado se refuerza, como incluso las mujeres vuelven a posiciones domésticas, como el resurgimiento de la ultraderecha amenaza los logros conseguidos por la mujer, etc. 

Este tipo de situaciones se perpetuarán hasta que se tome el poder fáctico, pues esa minoría de hombres que explotan al resto de hombres y mujeres, esas plutocracias nacionales y sus instituciones fariseas, son el verdadero Patriarcado. 


1“Eleanor Leacock precisa, “en los círculos académicos occidentales, el conocimiento marxista (o al menos suposiciones) de segunda mano son norma, pero los trabajos de Marx y Engels rara vez se leen. La práctica habitual consiste en establecer en la teoría marxista el hombre de paja en el determinismo económico y luego derribarlo.” SMITH, Sharon. Engels y el origen de la opresión de la Mujer. URL: https://latrincheraobrera.files.wordpress.com/2013/04/engels-y-el-origen-de-la-opresic3b3n-de-la-mujer_sharon-smith.pdf 
Otros errores muy comunes parten de este desconocimiento; la crítica, por ejemplo, al decir que el patriarcado no desaparece con el socialismo, de debe a una incomprensión de lo que supone el socialismo. No desaparece el machismo, evidentemente, como tampoco desaparece la propiedad privada ni la lucha de clases, al ser un período de transición. 

2“Bachofen […] imagina que las relaciones entre hombres y mujeres al evolucionar en la historia, tienen su origen en las ideas religiosas de la humanidad en cada época, y no en las condiciones reales de su existencia” FEDERICO, Engels, El origen de la Familia, la Propiedad Privada y del Estado. Editorial Claridad, Buenos Aires. 1970. Sustitúyase aquí religión por cultura o por tal o cual elemento biológico, y tenemos un resumen de las teorías capitalistas sobre el género que predominan bastante hoy día. 


BIBLIOGRAFÍA: 

Federico, Engels. El Origen de la Propiedad privada, de la Familia y del Estado

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