Marxismo, civilización ecológica y China


JOHN BELLAMY FOSTER 


El liderazgo chino, en los últimos años, ha hecho un llamado para la creación de una nueva "civilización ecológica". Algunos han visto esto como una desviación del marxismo y una concesión a Occidente. Sin embargo, en el marxismo clásico, desarrollado en las obras de Karl Marx y Friedrich Engels, hay una fuerte componente ecológico. Marx define explícitamente el socialismo como el desarrollo de una sociedad ecologista o una civilización exista una regulación "racional" del "metabolismo humano con la naturaleza".

En las últimas décadas gan ganado interés las ideas ecologistas de Marx, primero en el oeste y más recientemente en China. Esto ha generado una tradición de pensamiento conocida como marxismo ecológico. La reflexión plantea entonces tres preguntas: (1) ¿Cuál era la naturaleza de la crítica ecologista de Marx? (2) ¿Cómo se relaciona con la idea de la civilización ecológica que ahora China promueve? (3) ¿China realmente avanza hacia la civilización ecológica?

En la última década de 1840, el biólogo alemán Matthias Schleiden observó en su libro La planta: una biografía que "los países que están ahora sin árboles y con áridos desiertos, como una parte de Egipto, Siria, Persia y otros, fueron anteriormente un robusto enselvado, atravesado por arroyos". Atribuyó esto al cambio climático regional generado por la actividad de los seres humanos. Al mismo tiempo que Schleiden desarrollaba estos puntos de vista, el agrónomo alemán Carl Fraas hacía observaciones similares sobre el clima y el mundo de las plantas, argumentando que "el desarrollo de la cultura y la actividad humana va dejando un verdadero desierto a su paso". Marx y Engels, que fueron interesándose cada vez más en la degradación ecológica y el cambio climático fueron influenciados por estas ideas. En 1858, Marx, siguiendo a Fraas, escribió: "El cultivo cuando sobrepasa el crecimiento natural y no es controlado conscientemente, deja un desierto tras él".

Por el 1860 cuando Marx estaba escribiendo El Capital, ya se habían intensificado sus preocupaciones sobre la preservación de la naturaleza. Muchos de estos criterios se forjaron bajo la influencia del gran químico alemán Justus Von Liebig. En el 1862, Liebig argumentó que la agricultura industrial en Inglaterra era un sistema de robo. Los principales nutrientes del suelo (nitrógeno, fósforo y potasio) eran sustraídos de la tierra y enviados a a la ciudad, a cientos de miles de millas de distancia, en forma de alimentos y fibra contribuyendo a la contaminación y malogrando la calidad de los suelos. Gran Bretaña y otros países intentaron compensar estos excesos desenterrando los campos donde se efectuaron las batallas contra el ejército de Napoleón y robando huesos en las catacumbas europeas para fertilizar los campos ingleses. Del Perú extrajeron el guano y lo enviaron a Gran Bretaña para enriquecer los suelos.

"En lugar de un tratamiento racional consciente de la tierra como propiedad común y permanente, como condición inalienable para la existencia y reproducción de la cadena generacional humana, el capitalismo condujo a la explotación y despilfarro del os poderes de la tierra", declaró Marx.

El resultado fue una "fisura irreparable entre los procesos interdependientes del metabolismo social", es decir, entre humanidad y naturaleza. La requerida "restauración" de este metabolismo es esencial. En la sociedad socialista, "los productores se asocian regulando el metabolismo humano y de la naturaleza de una manera racional, con el mínimo gasto de energía y en las condiciones más dignas y adecuadas para la naturaleza humana".

Sobre esta base, Marx convirtió El Capital en lo que es quizás la concepción más radical de la sostenibilidad ecológica y propuso: "desde el punto de vista de una formación económico-social superior, la propiedad privada de la tierra será tan absurda como la propiedad de un hombre por otro hombres. Incluso una sociedad entera, una nación o todas las sociedades existentes al mismo tiempo tomadas en su conjunto no son dueños de la tierra. Son simplemente sus poseedores, sus beneficiarios y tienen que legarla a las generaciones venideras en un estado mejor que la encontraron , como boni patres familias [buenos padres de familia]".

Marx y Engels abordan en sus escritos la mayoría de los problemas ecológicos de los tiempos modernos: el cambio climático (visto entonces como un fenómeno regional); la degradación de los suelos; la contaminación del aire y el agua; la sobreexplotación de los recursos naturales; la superpoblación; la deforestación; la lucha contra la desertificación; las toxinas industriales y la desaparición de las especies. En Dialéctica de la naturaleza, Engels observó: "nos adulamos demasiado a causa de nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Para cada victoria sobre la naturaleza toma su venganza sobre nosotros... pues a cada paso, nos recuerda que nosotros no marcamos regla alguna sobre la naturaleza, que somos como un conquistador sobre un pueblo extranjero, como alguien que está parado fuera de la naturaleza — pero que, con carne, sangre y cerebro, pertenecemos a la naturaleza y existimos en su seno siendo ella nuestro mástil".

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