El imperio (español) contraataca


TAYSA NEGRÍN


Apenas ha dado el Parlament catalán unos pequeños pasos, meramente declarativos, hablando de la República Catalana, y ya se les han hinchado las venas del cuello y el patrioterismo casposo a los voceros de la Deep Spain, con los medios de comunicación españoles desbocados y los partidos políticos españolistas ofendidísimos.

El dominio absoluto del imperialismo español durante décadas no había sufrido grieta alguna, aún tratándose de un subimperialismo de tercera dentro del gran bloque EEUU-UE. La dictadura fascista, a través del régimen borbónico, había dejado todo atado y bien atado, con “ley y orden”. Pero, por vez primera, se encuentran que alguien le planta cara. No están acostumbrados.

Es verdad que, en cierta teoría, la crisis política tenía que haberse producido por el conflicto social y la lucha de clases, sobre todo en medio de una brutal crisis del capitalismo. Pero las cosas se dan en la historia a su propio criterio. Y, al fin y a la postre, la lucha democrático nacional no deja de ser una lucha de clases.

Pero no tiremos todavía los voladores. La contraofensiva españolista no ha hecho más que empezar. La oligarquía utilizará todos los medios (propagandísticos, judiciales, policiales o militares) antes que permitir ni tan siquiera aflojar el dogal en torno al cuello de los catalanes. No puede dejar que se cree ni el menor precedente.

Además, poca firmeza cabe esperar de una burguesía catalana metida en este embrollo a disgusto, bajo una presión popular que da el protagonismo del procés a una organización de corte proletario como la CUP. Para ellos es como estar montados a lomos de un tigre: no pueden seguir cabalgándolo, pero tampoco bajarse de él.

Mención aparte merece la “izquierda” española, capaz de defender el “derecho a decidir”, siempre y cuando esa decisión no sea ejercida decidiendo otra cosa distinta a seguir bajo la bota del estado español. Es el imperialismo “social” (o sea, socialimperialismo), que alerta a las trabajadoras y los trabajadores catalanes de lo mala que es su burguesía y de lo conveniente que resulta seguir bajo el dominio de la oligarquía española.

El ridículo de esta posición toma cuerpo especialmente risible cuando el líder de Podemos asegura con cara seria que “los catalanes querrán seguir siendo españoles cuando yo sea presidente”. Y una con estos pelos.

En Canarias, donde nuestro derecho democrático a la Autodeterminación se ve reforzado por el hecho de ser colonia (la ultraperifericidad que ahora nos ofrece el PSOE, como si constatarlo cambiara algo), deberíamos estar muy atentos a esas reacciones del imperialismo español, y estudiarlas en profundidad. Conocerse uno mismo está muy bien. Conocer además al enemigo, mucho mejor. 

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