El independentista que defendió Madrid hasta el final


PEDRO BRENES


Franco pedía la rendición incondicional de la capital de la República. Ante esta exigencia, y para hacer méritos ante los fascistas con la esperanza de escapar a la represión, el coronel Segismundo Casado, militar anticomunista, confabulado con Besteiro, representante del ala derecha del PSOE, el general Miaja y el desmoralizado anarquista Cipriano Mera, dieron un golpe de Estado y constituyeron el Consejo Nacional de Defensa, para negociar la entrega de la ciudad.

Sólo los comunistas se negaron a secundar esta puñalada por la espalda a la causa republicana. Sabían que ninguna negociación con los franquistas libraría a los defensores de la legalidad democrática de la sangrienta e implacable represión fascista. Y sabían también que, a pesar de la crítica situación militar, después del avance del enemigo hacia Cataluña, Madrid estaba en disposición de resistir mucho tiempo.

Y no se trataba, como pretendían los traidores, de una resistencia inútil. Los acontecimientos internacionales se precipitaban. La guerra mundial era inminente. Si Madrid hubiese sostenido su defensa unos meses más, Inglaterra y Francia, que declararon la guerra a Alemania en Septiembre, se habrían visto obligadas a retirar su apoyo al régimen franquista.

Pero las milicias comunistas tuvieron que combatir en dos frentes y, aunque consiguieron contener durante varios días a los derrotistas y colaboracionistas en el centro de la ciudad, se vieron finalmente impotentes para detener la ofensiva de las tropas que rodeaban la capital y resistir, al mismo tiempo, los ataques de los desertores desde el interior.

Entre las fuerzas que el Partido Comunista tenía desplegadas en Madrid y que garantizaron hasta el final su defensa, se encontraba la 8ª División del Ejército del Centro, mandada por el Mayor de Milicias Guillermo Ascanio, canario de la isla de La Gomera, ingeniero de profesión y uno de los teóricos comunistas más brillantes del Archipiélago.

Destaca en su obra de elaboración científica de la teoría de la Revolución Canaria, sobre todo, su análisis de la estructura económica y de clases de la sociedad isleña publicado a lo largo del año 1933 en el semanario comunista Espartaco. Estudio detallado de la situación social y política que le lleva a proclamar, como conclusión fundamental, la necesidad de “crear un movimiento que supone la segregación respecto del Estado capitalista español, la destrucción como clase de la burguesía canaria y la estructuración de un nuevo Estado”.

El extraordinario nivel de desarrollo teórico antiimperialita y socialista alcanzado por los comunistas canarios en aquella época, y que hoy sus herederos políticos intentamos recuperar, hizo posible que en 1934 se constituyera en Las Palmas el proyecto unitario del Frente Único Revolucionario (FUR), que incluye entre los puntos de su Programa la reivindicación de “la liberación de Canarias de la opresión del imperialismo español y el derecho a la autodeterminación hasta su constitución en Estado independiente, si tal fuese su voluntad”.

El ejemplo combativo e internacionalista, el avanzado magisterio marxista y la profundidad y la audacia teórica de nuestros ilustres y heroicos antecesores, nos obligan y nos estimulan a los comunistas canarios de hoy para trabajar en el desarrollo original de la táctica y la estrategia, en la teoría y en la práctica, del camino singular, lejos de mimetismos superficiales y de estereotipos importados mecánicamente de otras experiencias revolucionarias, que la clase obrera de Canarias debe seguir para alcanzar el Socialismo con sus propias ideas y sus propios métodos.

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