Neo-colonialismo en Nigeria: imperialismo y Estado en África


TEODORO NELSON




“El neocolonialismo es también la peor forma del imperialismo. Para quienes lo practican, significa poder sin responsabilidad, y para quienes lo sufren, significa la explotación sin desagravio”  
- Kwame Nkrumah.

Nigeria es una colonia. Cinco grandes multinacionales extranjeras (Chevron Texaco, Exxon Mobile, Agip, Shell y Total) controlan el 98% de los activos y las reservas hidrocarburíferas del país, que suponen la mitad del PIB. Las terminales de explotación son directamente propiedad de estas empresas.

Estas multinacionales controlan el Estado a través de la denominada “slick alliance” (alianza “manchada”). La empresa nacional de petróleo (Nigerian National Petroleum Corporation) reparte su capital accionarial con estas compañías, siendo la NNPC la que posee la mayoría de las acciones. En el país sólo se extrae el petróleo, con una industria de bajo valor añadido. La mayor importación del país es el refinado de petróleo.

Así pues, el monopolio del capital foráneo con respecto al petróleo es absoluto; la clase dominante nigeriana es una burguesía de Estado, totalmente rentista, cuya principal función es “dejar hacer” a las petroleras.

Vemos entonces como el Estado Nigeriano podría definirse como un capitalismo monopolista de Estado, con la salvedad de que el capital y las clases dominantes son foráneas. Es totalmente un sistema “neo” colonial.

Este hecho es de suma relevancia para entender las formas colonialistas del imperialismo actual. La tendencia clara hacia el control indirecto es típica en el desarrollo del capitalismo. Como explicaba Engels, se ejerce el control de forma indirecta pero más segura a través de la “alianza del gobierno con la bolsa”. Y es que Occidente en la actualidad ya no necesita sostener costosos aparatos imperialistas. El desarrollo del capital financiero así como la centralización y el control de los mercados mundiales permiten que una sola rama industrial (en este caso, la hidrocarburífera) del capital mundial controle un país, ahora de forma “indirecta” como hemos visto, lo cual pasa también por financiar el terrorismo e imponer su violencia.

Si con el nacimiento de Nigeria en 1914 a través de la unión forzosa de muchos pueblos se consolidaba el imperialismo británico, con la independencia jurídica en 1960 se consolidaba el neo-imperialismo monopolista, aún más lesivo si cabe para su pueblo. La clase dominante nigeriana, al asaltar el cadáver del Estado colonial inglés, aceptaba la forma de administración de sus nuevos amos. Cobran sentido las palabras de Fanon: “Históricamente, el negro, hundido en la inesencialidad de la servidumbre, ha sido liberado por el amo. No ha sostenido la lucha por la libertad”. Esto también revela cuán imposible es construir un África libre sin la destrucción del aparato del Estado, sin la abolición de las clases dominantes intermediarias y, aún más importante, sin la nacionalización y expropiación de la economía extractiva occidental.

Por supuesto, la ideología dominante sigue siendo colonialista y racista. Si en el siglo XIX los europeos entraban en África a civilizar a los salvajes, hoy en día Europa y Norteamérica intervienen en el continente para “desarrollarlo”, puesto que los africanos son “económicamente irracionales”, que sólo han podido crear “Estados fallidos”. ¡Como si estos gobiernos no fueran sostenidos por las grandes potencias! Incluso se trata de destacar los aspectos “positivos” del colonialismo.

Nigeria no es un país dependiente. Es Occidente quien depende de Nigeria y de toda África. Sin sus recursos y su fuerza de trabajo, sería imposible sostener el sistema mundial capitalista. Es así como la dependencia se convierte en imperialismo, como la riqueza se convierte en pobreza, como su “libertad” crea más opresión.

El día que África despierte el mundo jamás será el mismo.


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