La integración de la homosexualidad en el capitalismo español y la mercantilización de lo «gay»


SAMUEL ESPINO RODRÍGUEZ 


El mercado gay, sexy para hacer negocios [1]. Con este título empezaba un artículo del periódico liberal de negocios Expansión un reportaje sobre la oportunidad de inversión que aporta el mercado gay, así como la gran variedad de productos que se ofrecen en él.

El sistema capitalista como cualquier otro sistema de dominación se caracteriza por integrar en su seno aquello que no es peligroso para su sostenimiento, y por el contrario a excluir lo que puede convertirse en una potencial amenaza para sus intereses. Los capitalistas son sujetos activos de todas las relaciones sociales de producción existentes y pueden modificarlas y/o adaptarlas constantemente a las nuevas necesidades con tal de lograr mantenerse en la hegemonía. Es exactamente esto lo que ha pasado en el caso de España, donde la mercantilización del homosexual se pone sobre la mesa como una nueva forma de explotación social.

El sistema capitalista español se ha caracterizado históricamente por el atraso social de sus bases y de sus modelos de producción, debido al peso de las clases terratenientes y su tradicional modelo basado en la renta agrícola asociado a un modelo antiguo regimental. El referente histórico del que hay que partir para poder comprender las bases de las relaciones sociales de producción españolas es la etapa que la historiografía española consideró, el segundo franquismo (1959-1975). Tras el fracaso del modelo autárquico, los sectores tecnocráticos del régimen franquista ponen en marcha las bases del modelo de producción actual español: el turismo. El turismo de sol y playa, puso de moda un modelo de extracción de renta muy acorde a la mentalidad atrasada de la clase dominante española, ya sea en su vertiente política o económica, en la que se ponían las bases para un modelo de dependencia de rentas extranjeras. Es decir, un modelo productivo que tenía como elemento fundamental la extracción del excedente productivo de los países del centro y norte de Europa.

En lo que concierne a los homosexuales, su consideración durante todo el franquismo les llevó al estigma fácil de pervertidos e incluso de personas peligrosas socialmente, siendo comparados con vagos, rufianes, proxenetas, ebrios, toxicómanos, prostitutas etc. Su condición de desviados sexuales les llevó al rechazo de una sociedad marcada por un catolicismo de bandera heteropatriarcal.

Al margen del estigma social que propugnaba la sociedad franquista, los homosexuales seguían relacionándose, incluso por medio de códigos secretos que les permitía entenderse en una sociedad en la que estaban amenazados, ya no solo por la burla, el acoso policial, sino por la represión ejercida por la propia sociedad en forma de palizas. Pronto, el barrio de chueca vendría a convertirse en un barrio de resistencia en lo que a liberación sexual iba a experimentar durante los años 80. Sin embargo, la transición política española, la creación de un marco democrático, aunque sea formalmente, puso las bases para el desarrollo durante los años 90 de las condiciones propicias para el desarrollo progresivo que llega hasta la actualidad de una nueva clase burguesa gay que solo pretende hacerse un hueco después de ser rechazada desde siglos por el sistema heteropatriarcal capitalista.

Esta nueva burguesía gay no se diferencia tanto de la burguesía clásica heteropatriarcal, ya que sus modelos de extracción de renta y su mentalidad son similares. Lo único que les diferencia es el producto que ofertan y su propia orientación sexual. La activista radical ya fallecida Shangay Lilly, fue muy clarividente cuando denunciaba la mercantilización de los homosexuales por parte de esta burguesía, que según ella, hacían “negocio con la lucha”. En su monografía “adiós, chueca”, la activista hace ver a partir de su propio recorrido vital que los que vendrían a convertirse en los capitalistas gays más importantes de nuestro país vendrían a reproducir la mentalidad racista, xenófoba, plumófoba y explotadora de la clase burguesa tradicional, cosa normal pues es el único referente que copiar.

Con lo cual, no es de extrañar que esta nueva clase burguesa se haya atrevido a originar unos estereotipos falsos de lo que se considera “ser gay”, como así lo recoge Shangay Lilly en su libro: “los gays eran todos jóvenes, ricos, guapos, hombres, expertos bailarines, decoradores compulsivos, frenéticos cosmetólogos, sibaritas, fashion victims, viajeros exclusivísimos y constantes anfitriones de fiestas con caterings imperiales, dadivosos amigos que regalaban por regalar, adictos a los DVD, a los CD y al cine, al gimnasio, a los photocalls, compradores inmobiliarios múltiples, lectores ejemplares, escritores más ejemplares aún…” [2]. En definitiva, el homosexual es el nuevo hombre acaudalado del capitalismo español, el que tiene un excedente en rentas que puede derivar al consumo masivo de productos.

La mercantilización de la homosexualidad ha sido perpetrada por esta nueva clase burguesa que representa en nuestro país el 0,48% del interior bruto de España con datos del año 2015, cuando el PIB fue de 1.081.190 €. España es el tercer destino gay más importante del mundo, aparte del lugar de vacaciones favorito, captando casi la quinta parte del negocio turístico gay de la Unión Europea [3].

Estos datos nos muestran lo representativa que es esta nueva burguesía gay, y del poder que amasa. Esta nueva burguesía contribuye a caricaturizar por medio de estereotipos al homosexual convertido en un ser super-sexualizado al que venderle servicios sexuales: bares para realizar cruising, masajes, saunas, discotecas con chicos que se desnudan etc. Esta mercantilización se lleva hasta lo más primitivo, el sexo, convirtiendo al homosexual en una clase oprimida al igual que las mujeres, los negros u otras minorías étnicas o sociales. Con el aburguesamiento de los gays, de su conversión a clase dominante, se complejiza la lucha de clases, ya que los homosexuales de clase trabajadora no solo lucharán contra una burguesía clásica heterosexual, sino que al subirse al carro esta nueva burguesía gay, se forma un bloque colaborativo con la burguesía clásica con la intención clara de mantenerse y perpetuarse económica y socialmente.

PERO, ¿QUÉ PAPEL JUEGA ESTA NUEVA CLASE BURGUESA EN EL CAPITALISMO ESPAÑOL?

En la práctica se convierten en una clase intermediaria secundaria, y dependiente del sector turístico al que debe su riqueza. La oligarquía gay que se ha formado en España se ha convertido en la práctica en la pieza clave para la maquinaria de explotación que ya existía en el mundo turístico, simplemente ahora se suma un nuevo eslabón, el homosexual explotado. Esta nueva clase burguesa no es antagónica a la existente en nuestro país, es decir, no viene a sustituirla, sino que más bien viene a complementarla, a renovarla de nuevos miembros sociales. De ahí, las alianzas empresariales con rectores multinacionales o bancarios. Sectores de esta oligarquía son: Alfonso Llopart, Carlos Marrero y Kike Sarasola, Juan Pedro Tudela, así como personajes del mundo mediático como Jorge Javier Vázquez entre otros [4].

PERO, ¿POR QUÉ LA HOMOSEXUALIDAD HA SIDO ACEPTADA TAN RÁPIDO EN ESPAÑA?

Al margen de las leyes de matrimonio igualitario, cuestión a la que habría de dedicar más reflexiones, así como al papel jugado por los movimientos LGTBI en su campaña de sensibilización. No obstante, lo que si debemos reconocer es que la mercantilización de los homosexuales casa muy bien con el modelo productivo español, hecho que ha tenido como efecto colateral más inmediato la aceptación de la homosexualidad, una aceptación que es necesaria aunque sea de estas maneras, porque es condición para que los negocios prosperen. Uno de los aspectos más llamativos es que sectores empresariales públicamente no homosexuales, se hayan sumado al carro mercantil, la prueba es el empresario Miguel Ángel Flores, propietario de un gran imperio de discotecas en Madrid.

Para concluir, diremos que en el fondo esta integración de la homosexualidad en el capitalismo no está como quieren ver algunos en lo democrático, abierto o tolerante de nuestro sistema político, puesto que como ya hemos indicado esta tolerancia forzada de la sociedad española (los negocios son buenos porque aportan capitales) condiciona la tolerancia real, que significaría tolerar a los homosexuales no como una mercancía más, sino como individuos de pleno derecho. El fin no puede justificar los medios, y como tal la tolerancia del homosexual debe hacerse no desde su mercantilización o explotación económica, sino en su aceptación total como individuos. Por supuesto que la tolerancia existente, aunque sea colateral, es mucho mejor que vivir en un sistema dictatorial como el franquismo, pero tampoco nos dejemos engañar por esta falsa apariencia de tolerancia que muy condicionada por los negocios, nos puede llevar a pensar que todo está conseguido en lo que se refiere a las luchas sociales.




FUENTES EMPLEADAS

[1] Vargas, Ivonne. Periódico Expansión: “El mercado gay, sexy para hacer negocios”, 1 de febrero del 2010: http://expansion.mx/mi-dinero/2010/01/29/emprender-gay-lesbiana-negocio-empresa

[2] Lilly, Shangay. (2016). Adiós, Chueca. Memorias del Gaypitalismo. La creación de la «marca gay». Madrid: Akal.

[3] “El turismo gay triunfa en España”, 15 de octubre de 2015: http://www.hosteltur.com/113283_turismo-gay-triunfa-espana.html

[4] Juan Manuel Fernández. Periódico El Español. “Los diez grandes empresarios que hacen caja con el Orgullo Gay”, 28 de junio del 2016: http://www.elespanol.com/corazon/20160627/135737232_0.html

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