Las relaciones de Género en Juego de Tronos. El caso de Brienne de Tarth y Arya Stark. ¿Masculinización versus femineidad?


SAMUEL ESPINO RODRÍGUEZ 


A nadie se le escapa que las mujeres han tenido un papel fundamental a lo largo de la historia, a veces silenciada por los propios hombres y por la cultura dominante. Su papel en la sociedad iba más allá de ser recolectoras, campesinas, madres o sirvientas del hogar, para en muy pocas ocasiones trasgredir su rol de género, el rol que su sociedad les inculcaba desde muy pequeñas, para ser tan poderosas o importantes como los hombres.

Juego de Tronos refleja muy bien el papel que las mujeres cumplen en la sociedad, el de una sociedad machista y patriarcal que reduce a las mujeres al trabajo como sirvientas, como madres y productoras de descendencia, la mujer como piezas de cambio en los matrimonios, su papel como prostitutas o en su caso como religiosas. Esta visión de las mujeres es trasversal a lo largo de todas las culturas que van saliendo en la serie, ya que todas tienen en común el trato que reciben las mujeres.

En este artículo, nos proponemos hacer un análisis histórico y de género sobre la serie Juego de Tronos, poniendo nuestra atención en dos personajes que consideramos dignas de analizar como son: Arya Stark y Brienne de Tarth.

BRIENNE DE TARTH. LA REBELDE DE LA CASA TARTH.

Como hija y heredera de Lord Selwyn Tarth, Señor de Castillo del Atardecer, Brienne es descrita como un hombre, de hecho los varones de su época se burlaban de sus rasgos físicos, considerándola fea según los cánones de belleza femeninos del momento, en los cuales ella no encajaba. Fruto de las burlas y la presión del modelo de valores dominante, Brienne se refugia en la caballería como forma de vida, asumiendo desde muy joven el ideal de caballería, un ideal de servicio y lealtad que casi supone una contradicción, ya que los hombres del momento parecen haber olvidado la lealtad. Brienne se masculiniza de manera que toma las formas y los comportamientos masculinos para protegerse de una sociedad que no le acepta. Sin embargo, el caso de Brienne no muestra un caso particular, sino que reflejaría una opresión general hacia la mujer o hacia el tipo de mujer que no era aceptada.

No obstante, esa coraza de hierro que Brienne se pone, no le protege de las burlas de los hombres con los que se topa en la serie, de los cuales tendrá que escuchar varios comentarios entre los cuales, recordemos cuando andando como Jame le dicen: “parece ser que tu mujer te trae de cabeza, si es que se puede llamar mujer” [1].

ARYA STARK. LA REBELDE DE LOS STARK.

Desde muy joven Arya se da cuenta de que no encaja en lo que significa “ser mujer” para una chica de su clase y su momento histórico, una buena esposa.

Ya desde el primer capítulo de Juego de Tronos se observa el rol de género que tanto Arya como su hermana Sansa Stark van a desempeñar a lo largo de la misma. Mientras que Arya comienza desde su adolescencia a negar lo que significa para su sociedad “ser mujer”, Sansa en cambio, lo asume sin cuestionarlo. En la serie se pone de manifiesto la existencia de un sistema educativo ambivalente, en el que los hombres dominan el espacio público, se les permite ejercer su voluntad, mientras que las mujeres en cambio deben permanecer en el espacio privado, tejiendo y perdiendo la oportunidad de ser quienes de verdad quieren ser. En efecto, este es el sistema patriarcal que R.R Martin muestra a la perfección y que aún en nuestras sociedades tiene cabida.

A lo largo de la serie, podría decirse, se ponen de manifiesto dos modelos de femineidad: de un lado, las mujeres que trasgreden el rol de género que su sociedad les impone, representados por Brienne de Tarth, Arya Stark e incluso cabría analizar el papel de Daenerys Targaryen; mientras que de otro, tenemos a las mujeres que asumen y perpetúan el papel que la cultura masculina les ha impuesto, es decir, todas las demás.

Una mujer perteneciente a este segundo modelo de femineidad, es el representado por Sansa Stark, una chica que solo se preocupa por su apariencia física y por gustar al futuro rey Geoffrey, mientras que en la antítesis estaría Arya, una joven que desde muy pronto rechazará el papel de mujer que le asignan, para ser caballero. Los diálogos del capítulo 6 de la 7º temporada no dejan lugar a dudas cuando Arya le dice a su hermana Sansa: “Ambas queríamos ser otras personas de niñas, tú querías ser reina y sentarte junto a un joven apuesto rey en el trono de hierro, mientras, yo quería ser caballero, empuñar una pesada espada como hacía padre y batallar”.

A modo de conclusión, diremos que el hecho de que tanto Brienne de Tarth como Arya Stark puedan trasgredir su rol de mujeres radica en dos aspectos fundamentales: en primer lugar, a la clase social a la que pertenecen, ambas de la nobleza. Aunque es cierto que el sistema patriarcal actúa en las mujeres de todas las clases sociales, históricamente han sorteado las dificultades las mujeres con mejor posición socio-económica.

Es indudable, de que a pesar de que sienten la opresión al igual que el resto de mujeres de clases inferiores, tanto Brienne con Arya, tienen más capacidad de decisión y acción que esas mujeres, derivado de su apellido y de su posición social; y en segundo lugar, que a ambas sus padres terminaron permitiéndoles ser caballero. Recordemos a este respecto, cuando el propio Ned Stark permite que Arya entrene con un espadachín personal.

A los ojos de los demás, tanto Arya como Brienne se masculinizan, es decir, se convierten en hombres desde el momento en que comienzan a realizar acciones consideradas de hombres. Sin embargo, lo único que ellas hacen es intentar romper con una sociedad que nos les permite ser quienes quieren ser de verdad. Su papel en la serie es toda una lección de feminismo, cuando se muestra que lo único que ellas pretenden es decidir quienes quieren ser, sin que la cultura masculina les marque la pauta a seguir. La “masculinización” de ambas en la serie no tiene nada que ver con su orientación sexual, un argumento que se suele aplicar a la ligera en nuestras sociedades actuales, cuando un hombre es afeminado o cuando una mujer es una “machona”, y que eso corresponda con una orientación sexual gay o lesbiana. Esta “masculinización” no tendría que ver con su identidad sexual, sino más bien con asumir un rol que les permita tener mayor libertad, es decir, el masculino, sin que esto suponga convertirse en hombres [2].

Este hecho se ve cuando Jaqen H'ghar, el hombre sin rostro, llama a Arya chico, a lo que ella responde: “siempre he sido una chica”. Lo cual muestra, que ella nunca renuncia a su identidad como mujer, solamente reivindica otro papel de las mismas.

Por otro lado, mientras que en Brienne de Tarth en la serie no se puede asegurar que posea una conciencia crítica sobre su papel como mujer, en el caso de Arya está claro, sobre todo, cuando le dice a su hermana Sansa que practicando con el arco “sabía que incumplía las reglas”, diciendo a continuación que “las reglas estaban mal, hacía lo que debía hacer y él lo sabía” (refiriéndose a Ned Stark, su padre). Arya nos desvela que es una de los personajes que es más consciente de la opresión de las mujeres, la ha identificado con detalle, sobre todo cuando le dice a Sansa: “El mundo no permite a las mujeres decidir qué quieren ser” [3].

La serie de Juego de Tronos es un reflejo cultural de las sociedades occidentales, y como tal nos sirve como muestra para analizar el rol de hombres y mujeres. El papel trasgresor de Arya Stark y Brienne de Tarth, nos recuerda que las sociedades actuales tienen a nuestra manera de ver una tarea pendiente, romper definitivamente la “rueda” de la opresión sexual existente, pues al fín al cabo si nuestra fin es conseguir un sistema más democrático y social, no podemos dejar de considerar la liberación sexual de hombres y mujeres como tarea indispensable para la revolución.


(*) Samuel Espino Rodríguez es historiador por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.


NOTAS

[1] Capítulo 2, de Juego de Tronos, temporada 3.

[2] De ahí radica la necesidad del análisis de género, no solamente en desenmascaras las relaciones sociales de dominación, sino también en comprender la identidad de cada uno.

[3] Capítulo 6 de Juego de Tronos, temporada 7. Conversación con su hermana Sansa.



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