Tres despachos sobre defensores del Occidente


MACIEK WISNIEWSKI 


Discursos viejos. Sólo un periódico posfranquista pudo calificar esta homilía de odio como “discurso memorable” (goo.gl/PdzJ9b). Recordemos: Franco (1892-1975) es aquel que “salva la civilización occidental en la Península” mediante el uso masivo de fosas comunes y luego manda los muchachos a la URSS (División Azul) a rematar su mayor amenaza de momento (el “judeobolchevismo”). Pero hay que admitirlo: Trump dando su discurso en Varsovia (goo.gl/5q5NHx) bajo el monumento al alzamiento contra los nazis es una obra maestra. “¡La cuestión fundamental de nuestro tiempo es si el Occidente tiene la voluntad de sobrevivir!”, asegura y –por el entorno– todo suena (más) razonable. No importa que la “defensa del Occidente” solía ser la narrativa predilecta de Hitler y sus colaboradores. El argumento detrás de su hazaña colonial al Este. Hoy la amenaza de momento es el “Islam radical” y los “migrantes musulmanes”. No extraña entonces que S. Miller, el autor de aquel discurso está también –junto con S. Bannon, el ya defenestrado gurú de la alt-right –detrás del (fallido) muslim ban. Ambos escriben también el discurso inaugural de Trump (american carnaje) que comparte el mismo tono de “vida o muerte” con el varsoviano y va dedicado a su “base” supremacista blanca/(neo)nazi. Hace poco la vimos promocionándose en Charlottesville.

Alianzas extrañas. El “amor fraterno” entre Trump y Netanyahu va más allá de las semejanzas personales (goo.gl/61UC9N). Trasciende también a la (usual) alianza imperial EU-Israel y constituye la nueva encarnación de la vieja colusión ideológica entre los supremacistas/antisemitas/(neo)nazis y los sionistas. Los primeros dicen defender los valores “europeos/occidentales” pregonando un “apartheid global” y una “guerra racial” contra las “hordas morenas”. Los segundos practican un “apartheid de facto” en su Estado colonial y etnocéntrico (Israel) presentado como “la última línea de defensa del Occidente” (goo.gl/uPDV74). La paradoja es redonda. El antisemitismo –a la par con islamofobia– es central para la alt-right, pero sus ideólogos admiran al sionismo por haber construido un “etno-Estado”. Los sionistas suelen ver el antisemitismo por todos lados, pero prefieren no verlo en los acólitos de Trump y cerrar las filas con él en nombre de intereses comunes. A pocas semanas del viaje de Trump a Varsovia, Netanyahu va a Budapest. En una reunión con los líderes de Hungría, República Checa, Eslovaquia y Polonia –todos medio demócratas y un cuarto fascistas– fustiga al resto de la “liberal UE” por sus (leves) críticas a Israel. Por no darse cuenta que éste “es el último bastión de Europa frente al Islam”. Por dejarlos entrar a [algunos] refugiados musulmanes (algo a lo que Orban o Kaczynski se oponen virulentamente). “¡Esto es una locura!”, dice y –el paralelismo es chocante– en un tono ‘a la Trump’ exclama: “¡Europa tiene que decidir si quiere sobrevivir o desaparecer!” (www.goo.gl/E1TTwD). Hace 121 años –recuerda U. Avnery– en plena época colonial T. Herzl, el padre del sionismo, aseguraba “construir para Europa [en Palestina] un muro contra Asia” y “servir de avanzada de la civilización occidental frente al barbarismo” (Der Judenstaat, 1896). “Seguir pensando hoy en estos términos –apunta Avnery– ¡esto realmente es una locura!” (goo.gl/ZcuUop).

Violencias “purificadoras”. O. Spengler escribe La decadencia de Occidente (1918) –el libro que se volverá ‘la Biblia de los reaccionarios’– en circunstancias parecidas a las de hoy. El colapso del orden liberal que lleva a la Primera Guerra genera una idea que el “Occidente es una fortaleza de naciones cristianas bajo amenaza cultural” y que sólo la “fuerza regenerativa del nacionalismo” y la darwiniana “guerra de razas” son capaces de salvarlo (E. Traverso, Fire and blood, p. 223). El máximo recurso en esta salvación se llamará luego “Auschwitz”, que más que un “accidente” será un “lógico fruto del desarrollo la modernidad” (Adorno/Bauman). Hoy el colapso del orden liberal detonado por la crisis financiera está detrás del renacimiento del spenglerismo y de la idea de una guerra “el Islam vs. el Occidente”. Uno de sus profetas es Bannon inspirado por los ideólogos fascistas de ayer pero cuyas “teorías de la crisis civilizatoria y renovación violenta” están igual bien enraizadas en la tradición estadunidense. Los que defienden a Trump y su discurso de Varsovia –“no es un manifiesto alt-right sino un texto soberbio que pudo ser pronunciado por cualquier otro presidente” (goo.gl/rmTSED)– al final pueden tener razón (aunque no es nada halagador). Para Bannon –como para T. Roosevelt (1858-1919) que inicia toda una nueva era del imperialismo yanqui– la guerra y la violencia son “experiencias transformadoras que previenen el declive civilizatorio” (goo.gl/1πBxgYe). Así la decisión de Trump de redoblar la guerra neocolonial en Afganistán –¡otra locura! (goo.gl/8xdeju)– o la reacción al atentado en Barcelona –la mención de una historia apócrifa del general Pershing fusilando en Filipinas (¡Roosevelt!) a insurgentes musulmanes con balas untadas de sangre de cerdo (goo.gl/HzkuoT)– apuntan a la vieja matriz imperial y la herramienta predilecta de los “defensores del Occidente”: la masacre colonial.

Coda. Uno de los puntos centrales de Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo (1951) –que por ejemplo el mainstream liberal-conservador siempre ha tenido problemas en asimilar– es que éste no era una “amenaza externa” (que vino de la nada), sino un producto del desarrollo interno de las sociedades occidentales (sobre todo del imperialismo y colonialismo).

Mirando hoy a los principales “defensores del Occidente” –Trump, Kaczynski, Orban, Netanyahu et al.–, queda claro que: 1) su mayor enemigo hoy –si ya aceptamos a pensar en estos términos– no es externo (el “Islam radical”), sino interno (ellos mismos); 2) el principal arma de ellos en esta “misión” –el odio– será uno por el que finalmente caerán o más bien por el que caeremos todos (Arendt: El racismo puede llevar a la ruina al mundo occidental, si no a toda la civilización humana..., p. 241); 3) y que la barbarie sembrada en nombre de su defensa y/o diseminación –la destrucción de países enteros (Afganistán, Iraq, Libia) o el sadismo israelí hacia los palestinos (goo.gl/PDZ6sH)– hace toda la idea del “Occidente” simplemente insalvable (...si no lo hizo ya hace mucho tiempo).


(*) Maciek Wisniewski es periodista polaco [Twitter: @MaciekWizz]

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