Es hora de poner fin a mentalidad de “amenaza china”


Hablar de la “amenaza china” ha sido durante mucho tiempo una estrategia a la que han recurrido ideólogos confundidos para llamar la atención. Pero dichas afirmaciones están claramente pasadas de moda, y no son más que manifestaciones de una actitud de un juego de suma cero y de una mentalidad de la Guerra Fría.

El antiguo estratega de la Casa Blanca Stephen Bannon es apenas el último de una larga fila de gente que ha subido el tono a la retórica de la “amenaza china” , en un discurso pronunciado en la cumbre política J-CPAC celebrada en Tokio hace unos días, en el que hizo acusaciones infundadas basadas en meras conjeturas.

Bannon dijo que Estados Unidos es ahora un Estado tributario de China, después de décadas de aquiescencia ante el desarrollo económico del país asiático, y que ahora se están produciendo cambios pues China está siendo presionada con respecto al déficit comercial entre los dos.

Es absurdo decir que Estados Unidos, que tiene el mayor PIB del mundo, un dólar fuerte y una considerable influencia en el escenario mundial, sea un estado tributario de cualquier país en términos económicos.

Por el contrario, es Estados Unidos el que ha venido aprovechándose de su propia hegemonía económica, y señalando con el dedo a los intereses económicos de China.

Estados Unidos ha hecho caso omiso de las normas de la Organización Mundial del Comercio y se negó a abandonar su “método del país de referencia o sustituto” en las investigaciones antisubsidios, etiquetando a China como una economía no de mercado.

En cuanto a los desequilibrios comerciales entre China y Estados Unidos, este último debería reconsiderar su política comercial para hacer pleno uso de su ventaja competitiva, por ejemplo expandiendo las exportaciones de alta tecnología a China.

Mientras que Estados Unidos tiene un déficit con China en el comercio de mercancías, en 2016 tuvo un superávit de 55.700 millones de dólares en el comercio de servicios, alrededor de 40 veces el de 2006.

Bannon también instó a Estados Unidos y sus aliados del este de Asia a unificarse para constreñir las ambiciones “aterradoras”, “audaces” y “globales” de China.

Al presentar a China como un enemigo imaginario, basado en una también imaginaria “amenaza china”, la agenda de Bannon es clara: unificar a los aliados de Estados Unidos, socavar las relaciones de China con sus vecinos y justificar la hegemonía estadounidense.

Debido a que algunos países occidentales han desempeñado un papel de liderazgo en la economía y la tecnología en la historia reciente, muchos de sus políticos parecen haber desarrollado un sentido de superioridad y no parecen dispuestos a tratar a ciertos países no occidentales en pie de igualdad.

Con una mentalidad de la Guerra Fría, ellos tienen una actitud prejuiciosa frente a las políticas, la ideología y los valores socialistas, y ven, erróneamente, el desarrollo de China como una amenaza.

China, sin embargo, siempre ha seguido un camino de desarrollo pacífico y nunca ha buscado la hegemonía ni ha adoptado una actitud expansionista.

La historia ha demostrado que el desarrollo de China trae más oportunidades a otros países, no amenazas.

En los últimos cinco años, China ha contribuido con una serie de planes en áreas como relaciones internacionales, gobernanza mundial, globalización económica y cooperación en materia de seguridad en el marco de “la construcción de una comunidad con un futuro común para la humanidad”.

Esos planes se están traduciendo en acciones, especialmente en términos de cooperación abierta bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Nada puede detener el rejuvenecimiento de China, pero una China en ascenso no se convertirá en una amenaza para la paz y el desarrollo del mundo. China seguirá adelante con sus esfuerzos por contribuir al desarrollo mundial y mantener el orden internacional.

Además, China está luchando para lograr una mayor participación de los países en vías de desarrollo a fin de mejorar el sistema de gobernanza mundial contra la hegemonía, el unilateralismo y la política del poder.

Ahora es el momento para que tanto comentaristas como políticos afronten la realidad, dejen la paranoia y el patrioterismo pasado de moda en busca de atención, y pongan fin a la mentalidad de la “amenaza china” .


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