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La violencia de armas, una pandemia provocada por EEUU

mayo 17, 2022

 XI PU 

 

En abril de 2021, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, exigió al Senado que refuerce el control de las armas de fuego y que deje de "aceptar" un tipo de violencia que "se ha convertido en una pandemia".

Un año después, tan solo un día después de la promulgación de un nuevo decreto de control de armas, un tiroteo masivo irrumpió el trajín del metro de Nueva York, dejando un caos enorme y decenas de heridos. Esta "sorpresiva" bofetada a la credibilidad de la Administración Biden no es más que la triste normalidad de una pandemia artificial tan propia como arraigada de EEUU.

UNA PANDEMIA ENRAIZADA DE EEUU

EEUU es, desde hace ya tiempo, el país con mayor cantidad de armas de fuego del mundo. De acuerdo con las cifras mencionadas en el libro "Tráfico de armas y violencia: De la red global al reto de seguridad local", editado en 2021, en Estados Unidos cada 14 minutos hay un muerto por armas de fuego y cada 25 horas, un tiroteo masivo. Y desde siempre, las leyes y reglamentos de este país sobre el control de armas han sido bien laxos.

La cultura de armas de EEUU nació con la ratificación de la Segunda Enmienda de su Constitución, que protege el derecho del pueblo estadounidense a poseer y portar armas. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, la defensa de este derecho ha sido llevada al extremo y distorsionada de manera deliberada, mientras la cultura de armas ha devenido, según The New York Times, en una "cultura de matar".

Y al final, el único derecho que se ha logrado defender es el de todos para disparar contra todos, haciendo que la violencia de armas se haya convertido en la causa número uno de las muertes por traumatismo en el país.

UNA PANDEMIA ARTIFICIAL

En EEUU no faltan esfuerzos por atajar la violencia de armas. Sin embargo, el control de armas se ha convertido en una patata caliente tan sensible que ningún político en su "sano juicio" quiere abordar verdaderamente.

Entretanto, la gran mayoría de las iniciativas y decretos termina en papel mojado en medio del tira y afloja entre diferentes cálculos electoralistas y económicos.

Por ejemplo, la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), acérrima organización opositora a la regulación de armas, es considerada como la fuerza lobbista más poderosa en el Capitolio.

Sumergida ya en innumerables escándalos y litigios judiciales, en 2021 la NRA pretendió declararse en bancarrota y trasladarse a Texas, mediante la creación de una sociedad denominada Sea Girt LLC a finales de 2020.

Aunque la NRA se vista de seda, NRA se queda. Este artilugio legal jamás hará desaparecer su formidable poder de bloquear cada pieza de legislación sensata para la prevención de la violencia armada propuesta a cualquier nivel, sea local, estatal o federal.

La NRA categoriza a todos los congresistas del rango A al F en función de su actitud sobre el control de armas. Con esta clasificación, las posturas más proarmas son mejor apoyadas por la NRA. Según las estadísticas de la CNN en 2018, 307 de los 535 congresistas estadounidenses han recibido contribuciones electorales desde la NRA y sus organizaciones afiliadas o se han beneficiado de sus campañas publicitarias.

UNA PANDEMIA LETAL

El cóctel de la pandemia de COVID-19 y una catastrófica respuesta antiepidémica es más que suficiente para formar una tormenta perfecta sobre la ya frágil y fragmentada sociedad estadounidense. La agudización de la desigualdad, división social y odio racial ha servido como caldo de cultivo para una mayor ola de violencia, que, a su vez, refuerza la precaución de la ciudadanía para protegerse con armas de fuego.

De ahí nace un círculo vicioso en que la violencia y la proliferación de armas se exacerban mutuamente.

En EEUU, a la par con la subida vertiginosa del número de muertes por COVID-19, el número de fallecidos por la pandemia de la violencia de armas no deja de batir nuevos récords. Según Gun Violence Archive, el 2021 se cerró con 44.816 muertes por armas de fuego en EEUU, convirtiéndose en el año más letal en esta materia en la historia del país. Y más aún, todo indica que la cifra del 2022 va a superar a la del 2021.

UNA PANDEMIA EXPORTADA

Esta pandemia artificial originada en EEUU ha causado incluso mayores estragos en sus vecinos del sur.

De acuerdo con las cifras publicadas en el libro "Tráfico de armas y violencia: De la red global al reto de seguridad local", en Haití y las Bahamas el 98 por ciento de las armas ilegales proviene de EEUU, y este porcentaje alcanza el 50 por ciento en Centroamérica.

Además, el flujo ilegal de armas de EEUU también ha sido reconocido por la ONU como un gran reto para Colombia.

En agosto de 2021, el Gobierno de México presentó una demanda civil ante el Tribunal Federal de Boston contra 11 empresas de producción y distribución de armas en EEUU, a las cuales acusa de emprender "prácticas comerciales, negligentes e ilícitas, que facilitan el tráfico ilegal de armas a México".

Hace semanas, el Dr. Anthony Fauci, principal asesor médico del presidente Biden, afirmó en un programa televisivo que EEUU "ya está fuera de la fase de pandemia", aunque corrigió días después que "de ninguna manera esto significa que la pandemia haya terminado".

De igual manera, cabría preguntar: ¿Cuándo va EEUU a acabar con la pandemia de la violencia de armas dentro y más allá de sus fronteras? 

 

(*) Xi Pu es observador de asuntos internacionales en Beijing

El papel de la OTAN tras el fin de la Guerra Fría

mayo 06, 2022


GAO GE 

 

PEÓN DE EEUU EN POS DE LA HEGEMONÍA

Después de la Guerra Fría, no había razón para que la OTAN siguiera existiendo. Sin embargo, el bloque militar, en lugar de desintegrarse como el Pacto de Varsovia, se convirtió en una herramienta del poder estadounidense que ha buscado la polarización y la hegemonía mundial.

Si bien todas estas acciones no estaban obviamente asociadas entre sí, Washington tenía un objetivo en la planificación de estos eventos. El objetivo de Washington era mantener la hegemonía estadounidense en todo el mundo mediante la creación de un "caos controlable". Estados Unidos tiene décadas de experiencia en este sentido. Lo confirman sus guerras en Irak, Afganistán y Siria.

La OTAN sirvió repetidamente como peón de Estados Unidos, apoyándolo en la guerra de Afganistán y los ataques aéreos en Siria. Estas operaciones militares, llevadas a cabo por los Estados Unidos bajo el disfraz de la "paz", la "democracia" y los "derechos humanos" causaron masivas víctimas civiles y grandes daños materiales.

La crisis de Ucrania demuestra una vez más que la hegemonía estadounidense es la mecha de la inestabilidad global, y que Estados Unidos es el mayor perpetrador de la agitación en el mundo.

CÉLULA CANCEROSA DE LOS CONFLICTOS INTERNACIONALES

Desde el final de la Guerra Fría hace más de 30 años, la OTAN -liderada por Estados Unidos- ha instigado conflictos y guerras en todo el mundo persiguiendo intereses que enfatizan "Estados Unidos primero" y la "supremacía occidental". Como resultado, la comunidad internacional se ha visto acosada por la agitación y los trastornos.

Según un artículo publicado recientemente por el medio de comunicación español Rebelión, los deseos insaciables de la OTAN son las causas, raíz y células cancerosas de todos estos conflictos.

Con el fin de establecer un mundo unipolar, la OTAN liderada por Estados Unidos llevó a cabo una campaña de bombardeo aéreo contra la República Federativa de Yugoslavia y un bárbaro ataque con misiles contra la embajada china en Yugoslavia. También la OTAN ha librado una serie de guerras contra otros estados soberanos, convirtiendo en refugiados a decenas de millones de personas en países como Afganistán, Irak, Libia y Siria.

Para obtener ventajas geopolíticas, la OTAN ha instigado "revoluciones de color" en todo el mundo, tratando de explotar las disputas locales. Para los países que no la siguen ciegamente, incluidos Rusia, República Popular Democrática de Corea (RPDC), Irán y Venezuela, la OTAN ha empuñado el sin sentido del gran garrote de las sanciones unilaterales, incluidas las sanciones económicas, políticas y tecnológicas, imponiendo una jurisdicción de brazo largo.

Trazando líneas ideológicas, participando en la política de bloques y persiguiendo el militarismo, la OTAN, espectro de la Guerra Fría, es un villano dentro de la comunidad internacional.

LA MANO NEGRA QUE ABRE LA 'CAJA DE PANDORA' EN EL CONFLICTO RUSIA-UCRANIA

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo recientemente que la crisis de Ucrania podría hundir a más de una quinta parte de la humanidad, o hasta 1.700 millones de personas, en la pobreza y el hambre.

La OTAN dirigida por Estados Unidos no puede absolverse de responsabilidad al abrir la "caja de Pandora" en el conflicto entre Rusia y Ucrania. En una discusión que tuvo con el exlíder soviético Mikhail Gorbachev a principios de la década de 1990, el entonces secretario de Estado de EEUU, James Baker, dio la garantía de “ni una pulgada hacia el este” sobre la expansión de la OTAN. Sin embargo, la OTAN, liderada por Estados Unidos, rompió esta promesa, participando en una expansión hacia el este de cinco rondas de más de 1.000 kilómetros hacia la frontera rusa y aumentando el número de sus miembros de 16 a 30, arrinconando a Rusia con cada paso.

En 1997, George Kennan, ex embajador de Estados Unidos ante la Unión Soviética, afirmó que expandir la OTAN sería el error más fatídico de la política estadounidense en toda la era posterior a la Guerra Fría. Ahora, esta predicción se ha hecho realidad. La crisis de Ucrania ha provocado un impacto inconmensurable en el mundo. Sin embargo, la OTAN todavía está atrapada en una mentalidad de Guerra Fría y continúa echando leña al fuego y creando división y confrontación.

La llave para cerrar la “caja de Pandora” está en manos de EEUU y la OTAN. Deberían reflexionar sobriamente sobre su vergonzoso papel en la crisis de Ucrania y asumir su debida responsabilidad. 

 

Reconectar, reagrupar, coordinar

abril 26, 2022


TEODORO SANTANA 

 

La realidad de la guerra de las potencias imperialistas occidentales, por medio del gobierno títere ucraniano, contra Rusia, y las consecuentes medidas de censura absoluta y propaganda de guerra a todo meter, despeja cualquier tipo de ilusiones sobre la democracia burguesa.

Con el ascenso del fascismo descarado y el protofascismo de los partidos “democráticos” -incluidos los que se proclaman de “izquierda” o incluso de “izquierda radical”- los comunistas de Europa y de sus colonias no podemos continuar como un ejército en desbandada, convertidos en grupúsculos residuales y totalmente separados de las masas.

No podemos limitarnos a enfadarnos. Tampoco podemos seguir con lo de siempre, intentando participar en la agenda electoral que marca el enemigo. Es perder el tiempo y quemar -aún más- militantes. Como comunistas nuestro objetivo es tomar el poder. Y de forma efectiva, no “parlamentariamente”.

Qué lejos estamos de eso, camaradas.

Es comprensible la desmoralización. Más cuando en nuestro propio bando sólo domina el sectarismo, las discusiones a muerte y la fragmentación. Y, lo que es peor, la hegemonía durante décadas de dirigentes burgueses que nos han ido vendiendo una y otra vez para sus propios proyectos “realistas”.

Es hora de, al menos, empezar a encontrarnos. Discrepemos de esto o lo otro, es preciso que reconectemos, aunque sigamos en tal o cual grupo o en nuestras casas. Tenemos que crear puntos de encuentro. Somos los malditos de la Tierra: debemos hablar entre nosotros, respetarnos y tratarnos con calor, como camaradas. Y dejar de ser esclavos encadenados en las bodegas que pelean entre sí por un trozo de pan.

Además, debemos coordinarnos. Todavía no como partido, pero sí de manera concreta, de forma que lo que hagamos vaya ganando efectividad. Como enseñaba Lenin, “la revolución no se hace, sino que se organiza”. De momento no “grandes” partidos, sino quizá pequeños y ágiles comités revolucionarios, donde podamos encontramos, sin que nadie tenga que renunciar a su propia militancia.

Por supuesto, debemos dejar fuera a los señoritos, a los posibilistas, a los trepas de siempre que sólo buscan carne de cañón para hacer carrera política y personal vendiéndonos el “asalto a los cielos”. Ya los conocemos.

Y, por último, debemos empezar a cultivarnos en las normas de clandestinidad. Las redes sociales son muy golosas, y un descargue para nuestra frustración. Pero, salvo aquellos que somos ya muy conocidos por el enemigo y no tengamos marcha atrás, debemos velar por que los aparatos del Estado no tengan conocimiento de quienes somos ni de cuántos somos. Lo que es especialmente importante si vemos cómo el Estado se salta sus propias leyes sin despeinarse para reprimir sin contemplaciones. Con el cuento de la “democracia”, hemos sido muy descuidados con esto. No estamos a salvo. Y mucho menos si vamos en serio. 

Decía Mao, refiriéndose a los grandes contextos históricos, que “a veces sopla el viento del Este y otras veces sopla el viento del Oeste”. Están cambiando los tiempos, y el viento del Este va acumulando las nubes a favor de la historia. Pero el ejército ruso no va a hacer nuestro trabajo, así que pongámonos a ello.

Estados Unidos es culpable de una mayor propagación global de la COVID-19

diciembre 29, 2021


Diario del Pueblo

 

Estados Unidos debería asumir gran parte de la culpa por una mayor propagación mundial de la COVID-19, que ha causado más de 278 millones de infecciones y casi 5,4 millones de muertes en todo el mundo y sigue obstaculizando la recuperación mundial.

En los primeros días de la pandemia, Estados Unidos actuó lenta e irresponsablemente. Sus altos funcionarios gubernamentales minimizaron repetidamente el riesgo del coronavirus para el público en general e incluso lo compararon con una gripe común a propósito, lo que llevó a una respuesta desastrosa a la crisis de salud pública.

Haciendo oídos sordos a las advertencias de la comunidad internacional y los expertos sanitarios, la Casa Blanca no aplicó las directrices y medidas de prevención de epidemias a tiempo, y permitió que la COVID-19 se extendiera sin control en todo el país.

Esa es una de las principales razones por las que Estados Unidos se convirtió rápidamente en epicentro de la pandemia mundial y sigue contando con el mayor número de casos y el mayor número de muertes del mundo.

La gestión de la crisis en el país también ha sido víctima del partidismo y de la polarización política. A lo largo de gran parte de la pandemia los partidos rivales estadounidenses se han echado la culpa el uno al otro en lugar de reducir sus diferencias y trabajar juntos para contener la pandemia y salvar más vidas. Ciertos políticos y fuerzas políticas han formulado maliciosamente teorías conspiratorias, poniendo los propios intereses políticos por encima de los hechos y el bien público.

Además, cuando la mayoría de los países optó por limitar la movilidad para luchar contra la pandemia, Estados Unidos adoptó una política de laissez-faire al relajar las restricciones de viajes nacionales e internacionales en una decisión prematura que se cree que ha llevado a brotes de COVID-19 en otras partes del mundo.

Al menos 12 países han reportado que su "paciente cero" de COVID-19 vino de Estados Unidos. Canadá dijo en abril de 2020 que los primeros casos del país provenían principalmente de Estados Unidos.

En agosto de 2020, el Departamento de Estado de Estados Unidos actuó imprudentemente, levantando un aviso previo contra los viajes al extranjero, sobre la base engañosa de que la pandemia estaba bajo control, sin considerar que la cuarta parte del total mundial de infecciones se encontraba en su territorio.

Estados Unidos fue testigo de un pico en la pandemia de COVID-19 de noviembre de 2020 a enero de 2021, con un promedio de casos confirmados diarios de 186.000, mientras que el número de estadounidenses que viajaron al extranjero alcanzó un punto máximo de 87.000 por día, según datos oficiales. Se cree que esta superposición ha contribuido a una gran propagación del patógeno desde Estados Unidos. Además, Estados Unidos ha promovido casos importados en varios países mediante la

deportación de inmigrantes indocumentados durante la pandemia, y sus tropas en el extranjero han violado los protocolos de prevención de epidemias en varios países, acelerando la transmisión del virus. Washington también se ha negado fríamente a levantar las sanciones contra ciertos países en urgente necesidad de suministros médicos.

Teniendo en cuenta los hechos, Estados Unidos no puede eludir la responsabilidad por la pandemia que se está extendiendo en todo el mundo. La respuesta fallida del país a la crisis de salud pública, así como lo que ha contribuido a los males de la humanidad en tiempos de tales dificultades, sin duda pasará a la historia vergonzosamente. 

 

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