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Miedo y control social

octubre 21, 2019

MARCELO COLUSSI 


El miedo paraliza. Eso no es nuevo en absoluto. Todos lo sabemos desde tiempos inmemoriales, y quienes ejercen alguna cuota de poder, además de saberlo, lo utilizan. El miedo comporta algo de irracional, de primario; la lógica «bienpensante» pierde ahí la supremacía.

Alguien asustado, no digamos ya aterrorizado, es presa de las reacciones más viscerales, más impensadas, dejando totalmente a un lado las decisiones razonadas, frías y llevadas por la lógica. Hacer uso de esas circunstancias, en función de un proyecto hegemónico, es algo por demás conocido en la historia: quien manda se aprovecha del miedo del otro para ejercer su poder. Eso es, a todas luces, un mecanismo perverso; pero ¿quién dijo que la perversión no es parte consustancial de lo humano?

Hoy día, en nuestra hiper-tecnocrática sociedad, el manejo de las emociones, entre estas el miedo, es un elemento de importancia capital para el mantenimiento del sistema. Y obviamente, si alguien maneja y manipula ese miedo, no es el ciudadano de a pie. Es él quien lo sufre, el objeto de la manipulación; los hilos del títere no los mueve precisamente él. Para ello está lo que la academia estadounidense llama “ingeniería humana”.

“En la sociedad tecnotrónica el rumbo lo marcará la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caerán fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotarán de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”, dijo uno de los principales exponentes de esa línea de pensamiento, el polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinsky.

Esas técnicas –cada vez más refinadas y eficaces, por cierto– responden, por su parte, a un proyecto de dominación global, lo que antes pueden haber hecho el chaman o la iglesia católica (la religión existe desde que “el primer hipócrita encontró al primer imbécil”, afirmaba Voltaire). Las religiones no son más que un conjunto de supersticiones útiles para mantener bajo control a los pueblos ignorantes, comentó por su parte el teólogo Giordano Bruno. Hoy se encarga de ello la industria mediática, nuestra “religión” moderna.

Pero hoy –y es lo que queremos resaltar– el manejo de ese miedo ha cobrado dimensiones tremendas. Los seres humanos, no solo vivimos asustados por los avatares naturales que no manejamos -tal como siempre ha sido (catástrofes, muerte, la incertidumbre ante el destino-, sino que hoy lo padecemos, en forma creciente, ante las “catástrofes» humanas”. Pero más aún, lo cual torna más patética la situación, ese miedo está racionalmente inducido desde un determinado proyecto de dominación.

En la actualidad ya no nos atemorizan los espíritus ni los demonios que andan sueltos (las religiones, que lidian con todos ellos, están en retirada en un mundo cada vez más tecnocrático). Hoy día tememos... al terrorismo (en los países del Norte) o a la delincuencia (en el Sur empobrecido).

Aunque los motivos de nuestros terrores, si los analizamos con exhaustividad, no son precisamente esos difusos nuevos espantos, sino la percepción que tenemos de ellos. Ahora bien: la percepción que tenemos de ellos es la que nos construyen los medios masivos de comunicación. La casi totalidad de las percepciones del mundo que vamos incorporando, nos las dan -las imponen- esos medios.

Pregúntese el lector cómo es por dentro, por ejemplo, un submarino. En general todo el mundo dará aproximadamente la misma respuesta: un panel de control, palancas, tableros con luces, marineros que reciben órdenes, un capitán al mando de un periscopio, etc. ¿De dónde sale ese «conocimiento»? De los cientos o miles de veces que hemos sido bombardeados con esas imágenes.

¿De dónde provienen nuestros paralizantes miedos ante el terrorismo o ante la delincuencia desbocada? De las matrices mediáticas que ya se nos han impuesto. ¿Acaso todos los musulmanes son sanguinarios terroristas listos a sacar una bomba de entre sus ropas? ¿Acaso todos los jóvenes de barriadas pobres son unos delincuentes listos a amenazarnos con un cuchillo? Obviamente no. Pero eso son los imaginarios que se nos han impuesto.

Sin dudas el mundo no es un lecho de rosas: hay muertos por doquier debido a acciones violentas. Por supuesto que explotan bombas y hay asaltos a mano armada; por supuesto que existen actos suicidas, en general llamados «terroristas», y por supuesto también que hay delincuencia callejera, robos a mano armada y «áreas rojas» donde ni la policía entra. ¡Vaya novedad!

Por minuto mueren dos personas en el planeta por la detonación de un arma de fuego. Obviamente no estamos ante un paraíso. Pero, según estudios consistentes, diariamente fallecen en el mundo no menos de dos mil personas por falta de alimentos, y más de mil por carencia de agua potable, en tanto que el siempre mal definido e impreciso «terrorismo» suma en promedio… 11 muertes diarias.

Tenemos miedo a lo que se nos dice que debemos tenerle miedo. Y curiosamente, esos temores parecen manipulados: en el Norte del mundo la gente vive paranoica con el próximo acto terrorista, que seguramente será adjudicado a algún denominado «grupo fundamentalista islámico».

La muerte de una persona a manos, por ejemplo, de un marido celoso o de un paranoico delirante, es ya presentada como ataque terrorista, dando pie a una hiper-militarización de la vida cotidiana… y a las guerras preventivas (que, curiosamente, se hacen siempre contra países que tienen petróleo en su subsuelo. Qué casualidad, ¿no?).

En el Sur, en los países empobrecidos y donde la vida es violada a diario por las balas, el hambre o la falta de agua potable, se vive en estado paranoico ante la presunción de una delincuencia que puede aparecer en cada esquina. Pero como afirmó un dirigente comunitario de una barriada pobre de Guatemala:

“Todo el tema de la mara [pandillas juveniles] se ha inflado mucho por los medios de comunicación; ellos tienen mucho que ver en este asunto, porque lo sobredimensionan. En realidad, la situación no es tan absolutamente caótica como se dice. Se puede caminar por la calle, pero el mensaje es que si caminas, fijo te asaltan. Por tanto: mejor quedarse quietecito en la casa.”

En un punto u otro del planeta la consigna es esa: de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Los espantos malos que andan por ahí (musulmanes terroristas o delincuentes) nos acechan, nos hacen la vida imposible, nos van a devorar. Lamentablemente, la ingeniería humana sabe lo que hace… ¡y consigue tenernos quietecitos!

Mantener poblaciones aterrorizadas es buen negocio (para quienes detentan el poder, claro). Nunca tan oportunas como ahora las palabras de la lideresa indígena de Bolivia Domitila Barrios con respecto a todo esto: “Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía ni la burocracia. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro”.

El miedo es una reacción psicológicamente normal en determinadas situaciones; el miedo puede ser patológico en ciertos casos (neurosis fóbicas, por ejemplo). Pero el miedo del que aquí hablamos (contra el «musulmán malo» o el «delincuente que nos acecha detrás de cada árbol») es una pura invención de la ingeniería humana, preparado desde un proyecto de dominación. ¿Será hora de abrir los ojos?





España: el fascismo en dosis

octubre 15, 2019

El fascismo no aparece completo y con todo su arsenal de la noche a la mañana. Por el contrario, va permeando todos los ámbitos de la vida social hasta imponerse del todo. Esto es especialmente grave cuando la sociedad que penetra ya contaba con una base institucional e ideológica proveniente de un fascismo con el que nunca se ajustó cuentas.

La barbarie de la sentencia contra los líderes independentistas catalanes y la proclamación de  cualquier protesta que moleste a los poderes establecidos como el medieval delito de “sedición” (con brutales penas de cárcel), no es sino un paso más en la escalada de la que son cómplices los franquistas y el PSOE, los jueces y el monarca, los medios de comunicación de la oligarquía –no hay otros en la práctica– y los “equidistantes”.

Mención aparte merece la izquierda –burguesa– española, con su “acatamiento” y su complicidad en la ficción de “la democracia”, “la constitución” y “la justicia”. Ante todo es “española”, y después ya veremos. Y no aparece en el horizonte, ni de lejos, la irrupción de una izquierda proletaria, radicalmente democrática y revolucionaria.

Una última lección para nosotr@s, como canari@s y como trabajador@s: queda demostrado que en el Estado español las “vías pacíficas” –al igual que el terrorismo de pequeños grupos– tienen nulo recorrido. Cualquier estrategia de emancipación debe tenerlo en cuenta.

La hegemonía del dólar no será eterna

octubre 14, 2019

ALEJANDRO NADAL


El 31 de enero de este año varios países de la Unión Europea dieron a conocer la construcción de un sistema de pagos diseñado para dar la vuelta a las sanciones financieras impuestas por Estados Unidos en contra de Irán. Esas sanciones mantienen un efectivo bloqueo económico sobre el régimen en Teherán desde que Washington abandonó unilateralmente el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en mayo de 2018. Los países europeos signatarios del acuerdo nuclear (Francia, Inglaterra y Alemania) fueron tomados por sorpresa, pero pronto se dieron cuenta que para rescatar ese tratado era necesario establecer un sistema de pagos que permitiera dar oxígeno a la economía iraní.

Los tres países se unieron para evitar la completa destrucción del PAIC y crearon el Instrumento para Apoyar los Intercambios Comerciales (Instex por sus siglas en inglés). El Banco Central Europeo (BCE) también está creando nuevos canales para estas transacciones. Por su parte, para facilitar los pagos transfronterizos con esos nuevos instrumentos, el Banco Central de Irán creó un Instituto Especial de Comercio y Finanzas. El director general de Instex, Per Fischer, en visita a Teherán ha dejado claro su intención: mantener abiertos los canales de pagos relacionados con el comercio entre Irán y Europa.

Los últimos resultados no son del todo alentadores, pues la red de relaciones financieras que está bajo el control de entidades estadunidenses es demasiado amplia y densa. La mayor parte de las transacciones financieras en el mundo pasan por la red Swift, el acrónimo de la Sociedad de Transacciones Financieras Interbancarias Mundiales. La red Swift no es una cámara de compensación de pagos y tampoco facilita la transferencia de fondos. Simplemente se trata de una red para transmitir mensajes sobre transacciones financieras denominadas en dólares estadunidenses. Las transmisiones son altamente confiables y, por supuesto, el sistema permite detectar cualquier transacción en la que intervengan personas o entidades sancionadas por las autoridades estadunidenses. No por nada al sistema Swift se le ha llegado a llamar el brazo militar del Departamento del Tesoro.

Lo anterior se debe a la peculiar posición que tiene el dólar en el sistema monetario internacional desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, esa divisa se mantiene como la más importante moneda de reserva en el mundo y como principal medio de pago en las transacciones del comercio global. Sin embargo, el paisaje financiero mundial se ha ido transformando lentamente en los años recientes.

Los datos del Fondo Monetario Internacional muestran que para el segundo trimestre de este año las reservas mundiales en divisas se incrementaron 1.1 por ciento para alcanzar la cifra de 11.7 billones (castellanos) de dólares equivalentes. Las reservas denominadas en dólares estadunidenses sólo se incrementaron en 0.7 por ciento para situarse en 6.7 billones. Es decir, a pesar de que la divisa estadunidense sigue siendo el más importante instrumento de reserva, su peso relativo disminuyó.

La tendencia a la baja ha sido persistente desde hace más de dos décadas, pero se ha ido acelerando gradualmente en los seis años anteriores. En 2014 las reservas en dólares estadunidenses eran 66 por ciento de todas las reservas. Pero hoy, en 2019 (segundo trimestre) ese monto es de 61.5 por ciento. Los episodios en los que las reservas en dólares aumentaron su peso relativo, como en 2014 y 2016, han sido anulados mientras parece consolidarse la tendencia a la baja.

Las pequeñas variaciones cotidianas no parecen gran cosa. Al igual que un glaciar que se desliza lentamente por su cauce, el movimiento es casi imperceptible día a día. Pero al final de unos años la perspectiva sí permite descubrir cambios importantes en el paisaje.

De mantenerse la tendencia de los años recientes, en una década podríamos estar frente a un espectáculo novedoso. El dólar podría dejar de ser la moneda preferida por los bancos centrales para mantener sus reservas. Eso no quiere decir que el sistema Swift dejaría de existir, pero facilitaría el que funcionaran otros sistemas capaces de asegurar el flujo estable de transferencias financieras en todo tipo de divisas. En ese escenario, la capacidad imperial de imponer sanciones financieras a países como Irán o Venezuela se vería constreñida.

Por el momento, los dos principales contendientes para disputarle el cetro hegemónico al dólar, el euro y el yuan, enfrentan sus propios problemas. El primero todavía tiene que solucionar los problemas que le traerá el Brexit, además de las dificultades con Italia y Grecia. El segundo todavía no cumple con el requisito de convertibilidad ilimitada, lo que le resta credibilidad. Quizás la ironía es que personajes como Trump y sus consejeros (si es que todavía le quedan algunos) podrían estar acelerando los cambios que finalmente erosionarán más rápidamente la hegemonía monetaria del dólar.


[Twitter: @anadaloficial]


`Alianza´ Turquía-EEUU: la verdad es otra

octubre 11, 2019

CARLOS SANTA MARÍA 


Turquía ha iniciado una operación en el norte de Siria al parecer para eliminar a los kurdos pero su decisión podría tener otros objetivos también.

Desde el geopoder, como disciplina científica del análisis internacional, uno de sus criterios fundamentales es descubrir las agendas privadas, ocultas o secretas que se esconden detrás de las acciones públicas o la información oficial.

Al comprender lo que no se ve claramente, la lógica de los intereses de las élites o los gobiernos soberanos da la probable respuesta.

Así, el reciente ataque de Turquía a una base militar de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en el norte de Siria, luego de una conversación sostenida entre el presidente Recep Tayyip Erdogán y Donald Trump, confirma algo que no se ha dicho en los medios transnacionales de desinformación: que existe un convenio entre el Gobierno estadounidense y el turco para realizar esta operación bélica.

Lo que no se ha expuesto nítidamente es en qué favorece a cada uno de los actores esta medida.

Ankara ha planteado que su operación tiene como objetivo crear una zona segura en su frontera con Siria y disuadir o eliminar a las milicias de la alianza YPG (Unidades de Protección Popular)-PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), declarado este último como subversivo en la lista negra de la Unión Europea (UE) también.

La hipótesis no declarada es que Erdogan desea otras metas como son deshacerse de los refugiados sirios que llegan a cerca de cuatro millones y causan un grave problema étnico, económico, laboral y social en su territorio, por tanto, es perentorio dominar la parte limítrofe del norte en una profundidad de 30 kilómetros aproximadamente para llevar allí a esta población y mantener una línea de defensa ante el PKK.

Para Estados Unidos, el debilitamiento de las FDS permite que los campamentos de militantes de EIIL (Daesh, en árabe), puedan desatar nuevamente el caos en la región al no poder ser controlados, lo que cimenta el principio neocolonial de que cuando hay gran inestabilidad el beneficio es para las élites del comercio mundial. Al afirmarse que sus militares no apoyarán ni participarán de la incursión turca es un acto de parcialidad porque deja a sus aliados solos para defenderse y no arriesga a los propios.

Siria ha planteado la salida inmediata de los invasores euroamericanos puesto que no permiten el dominio integral del país y que los takfiríes sean derrotados, aunque esta situación es propicia para realizar diálogos constructivos con la dirigencia del Kurdistán sirio que nuevamente han sido traicionados por Estados Unidos en Afrin y Manbij, como al retirar sus fuerzas y permitir la llegada de tropas turcas al interior.

Rusia realiza un juego de ajedrez excepcional ya que permite que Erdogan y Trump se “alíen” en sus propios procesos dejando mucho más libre el consenso para realizar elecciones posteriormente, desgastar a los kurdos que deben acercarse a Damasco, obligar a la alianza occidental a retirarse por debilidad inherente a sus propósitos o derrota militar próxima y, en definitiva, asegurar un periodo de paz posible en esa región tan convulsionada.

Irán, que ha apoyado permanentemente a Bashar al-Asad en su proyecto soberano, puede descansar en cierta forma de las agresiones del Pentágono al tener éste mayores preocupaciones al interior de su país, ya que la situación se torna aguda en el seno de la política contradictoria entre republicanos y demócratas por el juicio probable al presidente y, a su vez, por la acusación sobre la alteración de la seguridad nacional al quitar las fuerzas de ocupación estadounidenses de Siria.

En síntesis, para un análisis más certero de esta situación, hay que tomar en cuenta lo que persigue cada gobierno actualmente y de allí extraer las posibles hipótesis.

En primer lugar, Erdogan quiere deshacerse del conflicto con los kurdos en su frontera y de los refugiados sirios en Turquía, creyendo mejorar su propia estabilidad y aceptación, para lo cual podría anexionarse una zona segura tipo Golán (ocupado por Israel), lo que le permitiría resolver en gran parte sus contradicciones, confirmado por Donald Trump al manifestar que en su infinita sabiduría no permitirá que Turquía se extralimite, es decir, la negociación está dada.

En segundo lugar, los kurdos sirios nuevamente han sido traicionados por los estadounidenses y parece ser que su obligada decisión es solicitar al gobierno legítimo que los proteja de los turcos, esta vez, sin amenazas y con debilidad alta ante la invasión real de sus territorios.

En tercer lugar, la agresión regulada, temporal como se ha establecido, es un mensaje a las FDS y el PKK de que existe el beneplácito de Washington si no se comportan “racional” o limitadamente y, asimismo, permite al Gobierno sirio concentrarse en Idlib para continuar destruyendo a Daesh, tarea fundamental en esta etapa geopolítica.

En cuarto lugar, el Gobierno estadounidense prevé que al ser derrotado Daesh pronto, la confrontación con el Ejército sirio debería darse creando una conflagración de alto espectro o siendo vencido y sin lugar a justificar esta nueva victoria de Al-Asad en conjunto con Irán y las fuerzas de la Resistencia, lo que daría un golpe mortal a las aspiraciones de Trump y a la imagen militar de Estados Unidos. Huir dando como argumento una guerra ridícula, proteger la vida de los soldados, haber eliminado totalmente al califato y dejar en otros la responsabilidad de resolver el caos, sosteniendo que si hay violencia sobre los heroicos kurdos actuará destrozando la economía turca, parece ser una débil argucia que no ha calado en la oposición estadounidense.

Lo veraz es que los aliados occidentales y sus agencias de inteligencia están preocupados hondamente por esta decisión del inquilino de la Casa Blanca, elaborando lamentos éticos y de solidaridad con el pueblo kurdo (al que siempre han traicionado), o de preocupación supuesta ante el resurgir de Daesh (pese a haberlos creado y entrenado), cuando en realidad es la pérdida de poder geoestratégico lo que los deprime.

El resultado está por verse ya que los siguientes días confirmarán o sustituirán estos planteamientos.



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