Featured

8/recent

Neoliberalismo y Migración: una visión desde África

junio 24, 2019

NDONGO SAMBA SYLLA 


La “migración” de África a Europa tiende a menudo a ser descrita como un drama humano, agravado por la política de la Unión Europea (UE) de externalizar sus fronteras en África, mediante la creación de los llamados “hotspots”, es decir, centros para clasificar y contener a los africanos que se convertirían en migrantes. Esta perspectiva “humanitaria”, por crucial que sea, debe completarse con un análisis de la economía política mundial centrado en las causas económicas fundamentales del fenómeno de la migración desesperada de África a Europa. Digo “migración desesperada” porque es importante no hablar de migración en abstracto y como tal especificar a qué tipo de migración nos referimos. Después de describir brevemente algunos conceptos erróneos sobre la migración africana y la derechización del concepto de migrante en los medios de comunicación occidentales y en los discursos políticos, trataré de mostrar cómo el neoliberalismo intensifica la migración desesperada en África, tomando como caso de estudio a Ghana y por qué las políticas anti-migración de la Unión Europea (UE) son miopes y autodestructivas.

ALGUNOS CONCEPTOS ERRÓNEOS SOBRE LA MIGRACIÓN AFRICANA

A pesar de la impresión ofrecida por los medios de comunicación, los “migrantes” son actualmente una especie bastante rara. ¡Y la mayoría son occidentales! Menos del 4% de la población mundial vive en un país distinto de su país de origen. A pesar de su menor peso demográfico, los países ricos han representado casi el 50% del crecimiento de los flujos migratorios desde 2000.

En África, el 80% de la migración es de carácter regional. Es decir, los migrantes africanos en la inmensa mayoría de los casos permanecen en África, y en particular en su vecindario regional. Cuando los africanos emigran a países de la UE, más del 90% de ellos residen legalmente en ellos.

También hay que decir que el discurso demagógico sobre la migración africana esconde la modestia de los flujos procedentes de África. Entre 2010 y 2017, la migración de África a la UE aumentó un 7%. Sin embargo, lo que no se reconoce es que en el mismo período el crecimiento de los inmigrantes europeos en África ha aumentado en un 19% (1). Y sin embargo, no hemos visto a los africanos quejarse de la migración europea.

¿QUIÉNES SON LOS MIGRANTES?

Según el diccionario, la palabra migrante se refiere a individuos o poblaciones que se desplazan voluntariamente de un país a otro o de una región a otra por razones económicas, políticas o culturales. Sin embargo, esta palabra, tal como se utiliza en los medios de comunicación y en los discursos políticos, en particular los de la extrema derecha, corresponde a un uso muy específico. Para estos últimos, el concepto de “migrante” es más o menos sinónimo de “extranjero indeseable”. La prueba es que los europeos que abandonan su país para ir a otro país europeo no están calificados como “migrantes”, ni tampoco los nacionales de países occidentales que han decidido establecerse en otro país occidental en general. Los griegos y portugueses que, huyendo de las consecuencias de las políticas de austeridad, se instalan en Alemania no son considerados como “migrantes” por el discurso dominante. Del mismo modo, los nacionales más cualificados del Sur Global que viven y trabajan en Occidente están excluidos del discurso sobre los “migrantes”. Europa no llama “migrantes” a los médicos, atletas, científicos, etc. africanos que trabajan dentro de sus fronteras. Estos no son un “problema”. Cuando se trata de la materia gris africana, no hay ningún problema de migración. Así, el médico ghanés que ejerce en Londres no es un “migrante”. Por otro lado, el campesino ghanés que ha llegado a Europa en un barco improvisado es en realidad un “migrante”. En otras palabras, el lenguaje dominante de hoy en día considera como “migrantes” a las poblaciones no occidentales que desean establecerse en Occidente que no son ni ricas ni cualificadas, es decir, las demostraciones indeseables del Sur Global. Por lo tanto, hay que reconocer la actual titularidad del concepto de “migrante”.

Desde un punto de vista crítico-humanístico, es de suma importancia revelar esta manipulación conceptual derechista denominando a las cosas correctamente. De hecho, los “migrantes” de los que habla la opinión conservadora deberían ser considerados más bien como “víctimas de la globalización”.

POR QUÉ EL NEOLIBERALISMO INTENSIFICA LA MIGRACIÓN DESESPERADA

La globalización neoliberal tiene la particularidad de promover la libre circulación de capitales, bienes y mano de obra cualificada. No hace falta demostrar el crecimiento significativo de los flujos financieros internacionales y del comercio internacional. Sin embargo, es menos conocido el hecho de que el crecimiento de la emigración de trabajadores cualificados ha sido mayor que el del comercio internacional. En contraste, la globalización neoliberal penaliza severamente el movimiento de mano de obra no cualificada, particularmente en el eje Sur-Norte. Por ejemplo, para el África subsahariana, la tasa de emigración a los países de la OCDE en 1990 y 2000 fue del 0,3 y el 04%, respectivamente, para los trabajadores no cualificados y del 13,2 y el 12,8% para los trabajadores altamente cualificados.(2)

Hasta cierto punto, la migración desesperada desde África es el resultado de las políticas neoliberales desplegadas en el continente por sus gobiernos bajo los auspicios de la agenda globalista de la Unión Europea, los Estados Unidos, las Instituciones Financieras Internacionales, la Organización Mundial del Comercio, etc. El caso de los migrantes ilegales de Ghana en Europa es un ejemplo elocuente de esta afirmación, y de la relación entre las políticas de liberalización del comercio y la migración desesperada. (3)

Aunque Ghana es un país estable, protegido frente a regímenes dictatoriales, conflictos interétnicos o interreligiosos, etc., el número de solicitantes de asilo ghaneses en Europa es superior al de los solicitantes de asilo libios. En cuanto a su población, Ghana tiene más solicitantes de asilo que Nigeria, que sufre la difícil situación de Boko Haram. Ghana era un país autosuficiente en términos de producción de tomate. A finales de los años noventa, con la liberalización de este sector, las importaciones de tomates aumentaron un 650% entre 1998 y 2003. Durante este quinquenio, la proporción de la producción nacional de tomate disminuyó del 92% al 57%. En 2006, Ghana se había convertido en el segundo mayor importador mundial de tomates a pesar de su autosuficiencia en el producto. Las importaciones procedían principalmente de China y también de Italia. El 40% de las latas de puré de tomate importadas provenían de Italia. Sin embargo, estas importaciones procedentes de Italia estaban muy subvencionadas. Las subvenciones cubrían hasta el 65% del precio del producto final. Esta liberalización del comercio ha llevado a la quiebra de los productores de tomate de Ghana, especialmente en las regiones de Navrongo y Brong-Ahafo. Algunos productores ghaneses se suicidaron. ¡Otros han tomado el camino de la emigración a Italia para cosechar tomates!

Lo que ya se ha dicho de los productores de tomates de Ghana es válido para los productores de pollos de ese país. En 1990, los pollos consumidos en Ghana se producían íntegramente in situ. Con la liberalización del comercio, la cuota de mercado de los ganaderos de Ghana ha disminuido al 11% en 2000 y al 3% en 2017. La región de Brong-Ahafo ha sido víctima de la liberalización de las importaciones de productos avícolas congelados. La mayoría de los migrantes ilegales de Ghana a Europa provienen de esta región.

El vínculo entre la liberalización del comercio y la migración desesperada no lo olvidó el ex presidente de Ghana, John Mahama. Declaró durante la Asamblea General de la ONU de 2016: “Algunos de los jóvenes africanos que se arriesgan a cruzar el desierto y el mar Mediterráneo para llegar a Europa desde mi país son jóvenes avicultores u otros empresarios que venden sus tiendas y emprenden el viaje porque ya no pueden competir con las toneladas de pollo congelado que se vierten anualmente en los mercados africanos”.

El caso de Ghana ilustra la creciente irracionalidad del sistema capitalista. Por un lado, los productores africanos ven cómo se destruyen sus medios de subsistencia y, en consecuencia, se ven obligados a asumir riesgos alocados para venir a Europa. Si consiguen llegar a Europa y obtener una actividad económica, reciben un salario bajo y están constantemente bajo el temor de ser repatriados. Por otra parte, el dinero de los contribuyentes de la UE se utiliza para subvencionar productos no competitivos que destruyen la vida de millones de personas en África. En general, los contribuyentes pierden; los productores y las economías africanas pierden; los migrantes también pierden, ya que están sobreexplotados y separados de sus familias. Los capitalistas son el colectivo social que se beneficia principalmente de esta situación.

Es importante señalar la incongruencia moral que implica el actual orden mundial neoliberal. La postura de Europa (y de los países occidentales en general) consiste en decir que los bienes y el capital que circulan son moralmente más importantes que las víctimas pobres que quieren llegar a sus fronteras por haber visto sus medios de vida destruidos por las políticas de liberalización comercial y financiera. El discurso dominante europeo sobre la migración se basa implícitamente en el supuesto de que la circulación mundial de bienes y finanzas es moralmente más significativa que la circulación de seres humanos en busca de solidaridad y mejores perspectivas económicas.

LA IMPOSIBLE TRINIDAD (4)

Pero las políticas de la UE son miopes y contraproducentes. Según Branko Milanovic (5), no se puede mantener 1º la actual globalización capitalista, 2º las enormes y crecientes diferencias en los ingresos medios entre países ricos y pobres y 3º la limitada movilidad laboral. Sólo dos de estos tres elementos pueden mantenerse a la vez, pero no los tres al mismo tiempo.

La diferencia media de ingresos entre países ricos y pobres ha aumentado desde el siglo XIX con el comienzo del colonialismo europeo en África y Asia. En 1820, el ingreso medio de Gran Bretaña y los Países Bajos, los dos países más ricos de la época, era tres veces superior al de China y la India, los dos países más pobres de la época. Hoy en día, el ingreso promedio del país más rico es 100 veces más alto que el del país más pobre.

Otra característica interesante de los países ricos es que se han convertido de hecho en “aristocracias”. Nadie elige a sus padres o su lugar de nacimiento. Sin embargo, a escala mundial, estos dos factores “arbitrarios” representan el 80% de las desigualdades de renta entre los ciudadanos del mundo (6). En la escala del sistema capitalista mundial, hay por lo tanto un ” plus de clase ” y un ” plus residencial “. Aquellos nacidos de padres educados/ricos y en países ricos reciben un gran plus al nacer. Por lo tanto, no nacemos iguales, a pesar de las muchas proclamaciones que afirman lo contrario. ¡Vivimos en un mundo aristocrático!

Hay que señalar que el ” plus residencial ” ha sido eficaz hasta ahora porque los países ricos han logrado establecer barreras extraordinarias que han podido disuadir la emigración de los ciudadanos de los países pobres. De hecho, con las actuales tasas de emigración que podemos observar, se necesitarían dos siglos para trasladar al 10% de la población mundial de los países pobres a los países ricos (7). Sin estas políticas migratorias restrictivas, sería difícil entender por qué un conductor de autobús en Suecia debería ganar un salario por hora, digamos 50 veces más alto, al tipo de cambio actual, que un trabajador medio en similar empleo en la India. (8)

El punto es el siguiente: cuanto más tiempo continúe el sistema capitalista actual, más se crearán formas desesperadas de emigración. Y cuanto más desesperadas se desarrollen las formas de emigración, más aumentará la violencia de sus políticas represivas contra la emigración en Occidente, y especialmente en la UE.

CONCLUSIÓN

Un sistema mundial digno no debería trabajar duro para transformar a más y más ciudadanos africanos en “migrantes desesperados”, como ocurre hoy en día, sino más bien para detener lo que el filósofo Michael Walzer llama “la primera forma de migración ilegal”: la lógica destructiva del capital. ¿Cómo trabajar en este sentido? La UE y otros países desarrollados deberían: 1º: poner fin a los acuerdos injustos de comercio e inversión;, 2º: poner fin a la militarización del continente africano; 3º: ayudar al continente africano a hacer frente al cambio climático y 4º: apoyar de manera coherente y sostenida los esfuerzos de África por lograr un verdadero desarrollo económico.


(*) Ndongo Samba Sylla es economista especializado en desarrollo, comercio justo, mercados laborales, movimientos sociales y teoría democrática. Responsable de programas e investigación de la Fundación Rosa Luxemburg en Senegal. Artículo correspondiente una de las intervenciones que tuvieron lugar en el seminario sobre migraciones organizado por ATTAC y la Fundación Rosa Luxemburgo en Lecce, Italia.


REFERENCIAS.

1. Carlos Lopes, “Africa will not invade Europe”, 22 October 2018, https://www.kapitalafrik.com/2018/10/22/carlos-lopess-podium-africa-will-not-invade-europe/

2. F. Docquier and H. Rapoport (2011) “Globalization, brain drain and development”, Discussion Paper 2011-9, Institut de Recherches Economiques et Sociales de Louvain.

3. D. Bauwens, N. Ibekwe, K. Talabi (2017) “Europe in Africa: The Price of Partnerships”, Premium Times, 11 November, https://www.premiumtimesng.com/news/headlines/249016-investigation-europe-africa-price-partnerships.html

4. Esta sección se refiere a N.S. Sylla (2015) “Damnés de la mer, damnés du capitalisme : Réflexion sur le phénomène Lampedusa”, Pambazuka, May 13.

5. B. Milanovic (2012) The haves and the have-nots. A brief and idiosyncratic history of global inequality, New York, Basic Books.

6. Ibíd.

7. Ibíd.

8. H-J. Chang (2010), 23 Things they don’t tell you about Capitalism

¿Puede China dejar que las suposiciones comprometan el futuro desarrollo del país?

junio 20, 2019

PENG HUI 


"Si no se hubiera propuesto la estrategia 'Fabricado in China 2025', si no se hubiera aplicado el Plan de los 1000 Talentos, si no se defendieran los derechos en el mar Meridional de China ...". Desde el inicio de las fricciones económicas entre China y EEUU, hay una voz ininterrumpida pregonando que "y si" China "fuese discreta", respetando el liderazgo de EEUU y no desafiando su autoridad, sería posible "vivir en paz y felicidad".

Sería lo mismo que decir: "y si" China no se siente a la mesa a comer, Estados Unidos no destruirá la mesa. La cuestión es: ¿será Estados Unidos el único calificado a estar en la mesa disfrutando de un manjar mientras que China se esconde en cualquier rincón?

Esta serie de "y si" demuestra una opresión no justificada, resultante de la incapacidad de lidiar con la situación de modo proactivo en favor de la defensa de derechos e intereses legítimos. Hacerlo equivale a "incurrir en un pecado". Si la lógica de EEUU de imponerse sobre China equivale a la imagen del patriarca intransigente que no admite que pongan su autoridad en cuestión, entonces la referida fracción china de los "y si" corresponde precisamente a una clase servil y reminiscente a la figura de Ah Q [1].

La posición de la élite estadounidense en Estados Unidos es favorable al "mantenimiento del liderazgo mundial" –este es su interés fundamental. Poner en peligro el liderazgo de Estados Unidos es lo mismo que poner en peligro los intereses del país. La historia revela que Estados Unidos siempre ha tenido que convivir con la competencia de una segunda potencia. Así fue con Reino Unido, Japón, la Unión Soviética y la Unión Europea. Se trata de mantener una reacción instintiva de Estados Unidos para mantener su hegemonía. Es una manifestación directa de la "ley de la selva" en el ámbito de la política internacional. No es algo que se base en el deseo popular.

La fuerza de China dejó de ser la palidez de los tiempos previos a la implementación de la política de reforma y apertura, avanzando hoy en día a todo vapor. El PIB per cápita ha crecido de 160 dólares en 1978 a cerca de 10.000 dólares en 2018. De ser la 15ª economía en el ranking mundial, China ocupa hoy el segundo puesto en la lista. China es ahora el mayor país de comercio de mercancías del mundo y la segunda mayor potencia en el sector de los servicios. El uso de capital e inversión extranjera son también los segundos más grandes del mundo. En 2010, el PIB de China superó a Japón, saltando a la segunda posición mundial, desde entonces mantenido un fuerte ritmo de crecimiento. La prevención y contención de Estados Unidos contra China no se trata de un capricho, sino de algo deliberado. No hay espacio para las fusiones de "y si" ni para cualquier suposición.

Estados Unidos constantemente profundiza las fricciones comerciales, ejerce presiones sobre las empresas tecnológicas chinas, y, durante las negociaciones con China, prevalece su deshonestidad. Ante esta coyuntura, del lado chino, la fracción de los "y si" prefiere adoptar una postura de "ganar tiempo", exigiendo que China se trague su orgullo. Esta fracción atribuye los resultados de la presión económica, como cabría esperar, a la negativa a mantener una postura pasiva. ¿No estaremos ante una contradicción estratégica?

La perseverancia en la modestia y la prudencia, no decir cosas en vano, pasar de la teoría a la práctica, no ostentar, no tomar el liderazgo, no anhelar la hegemonía, éstas son las premisas esenciales de la postura de "descripción". Estos son valores a los que nos debemos adherir en esta nueva era. Sin embargo, hay que aclarar una cuestión: aunque persista en el camino de desarrollo pacífico, eso no implica que desistamos de nuestros derechos legítimos. No podemos sacrificar los intereses fundamentales de nuestro país. Ningún país extranjero que pretenda imponer la negociación de nuestros intereses fundamentales podrá esperar que China esté dispuesta a poner por tierra su soberanía, seguridad y su desarrollo, fruto de un largo trabajo arduo.

La lógica es simple: cualquier cesión que China haga en lo que concierne a sus intereses fundamentales significa desistir de sus aspiraciones futuras de desarrollo nacional. En esta cuestión la historia no da espacio a vacilaciones o suposiciones, China no tendrá "y si".


NOTA

[1] “La verdadera historia de Ah Q”, novela de episodios escrita por Lu Xun, que se publicó por primera vez como serie entre el 4 de diciembre de 1921 y el 12 de febrero de 1922, se considera una obra maestra de la literatura china moderna , ya que se considera el primer trabajo para utilizar plenamente el chino vernáculo después del Movimiento del 4 de mayo de 1919. Ah Q es un hombre de la clase campesina rural con poca educación y sin una ocupación definida, famoso por sus "victorias espirituales" cuando se enfrenta a una derrota extrema o humillación. Ah Q es un matón para los menos afortunados, pero un cobarde ante los que están por encima de él en rango, fuerza o poder. Se autoconvence de que es "superior" a sus opresores, incluso cuando sucumbe a su tiranía. Lu Xun expone las faltas extremas de Ah Q como un síntoma del carácter nacional chino de su tiempo.



Palestina: palabras y resistencia

junio 17, 2019

MACIEK WISNIEWSKI 


Ilán Pappe y Noam Chomsky –un historiador y un lingüista–, igual que John Berger –escritor– y Norman Finkelstein –politólogo– (véase: Palestina: juego de palabras, bit.ly/2WzaEE4), llegan en el mismo contexto palestino a la idéntica y lacónica conclusión: “las palabras importan”.

Pappe desenmascarando los mitos de Israel trabaja mucho con palabras (véase: Ten myths about Israel, 2017), buscando su verdadero significado y deconstruyendo diferentes nociones históricas que deforman al presente, p.ej.:

“que si la Biblia –la máxima, diría yo de paso, referencia en nuestro tema: “en el principio era el Verbo” (Juan 1, 1)– les otorgó la tierra palestina a los judíos, o no” (¡no!) (página 10);

o “que si en 1948 los palestinos abandonaron voluntariamente su tierra, o no” (¡no!) (página 47).

Para Chomsky es pan de cada día.

En un libro conjunto enfatizan la importancia de reconquistar el lenguaje y volver a llamar a las cosas por su nombre tratando de –subraya Pappe en uno de sus apartados– frente a los esfuerzos de Israel “que con su neolengua orwelliana oscurece la realidad”, “enterrar el viejo diccionario de ilusión y decepción lleno de entradas como ‘proceso de paz’, ‘la única democracia en Medio Oriente’ o ‘nación amante de paz’ (‘cuando Israel habla de paz en realidad está hablando de ocupación’)”, y sustituirlo con un nuevo diccionario teórico en el cual “sionismo es colonialismo”, “Israel, un Estado de apartheid” y “Nakba, una limpieza étnica”, todo mucho más fácil de hacer “una vez la ‘solución de Dos Estados’ esté finalmente declarada muerta” (On Palestine, 2016, páginas 14-15).

La misma importancia de palabras –y la responsabilidad por ellas– ha de reflejarse en las comparaciones que usamos. Precisas. Históricamente aterrizadas. Así, p.ej.:

• Si bien Israel está sobrexplotando su memoria (véase: N. Finkelstein, The Holocaust industry, 2000 o I. Zertal, Israel’s Holocaust and the politics of nationhood, 2006) no está (por supuesto) “cometiendo un ‘nuevo Holocausto’”, aunque como subraya Pappe sí “un ‘genocidio incremental’ en el gueto –¡otra palabra!– de Gaza” (bit.ly/2lLC3As);

• O si bien, según Zeev Sternhell –historiador y uno de los máximos expertos en fascismo–, Israel (por supuesto) “no es igual (o peor) que los nazis”, aunque “el Estado judío con su ideología racial y segregación legal empieza a parecerse cada vez más al Estado ario de Alemania nazi pre-1939” (bit.ly/2WsdQfY).

Curiosamente el neolenguaje orwelliano en Israel –cuyo mejor “portador” es Benjamín Netanyahu, algo que lo une con otros reaccionarios y nacionalistas étnicos como Trump u Orbán– brotó recientemente cuando éste culpó a uno de sus aliados –un bona fide fascista– por el fracaso de formar el nuevo gobierno diciendo que fue porque éste... “es de izquierda” (sic) (bit.ly/31rqpvz).

Así, no extraña que su hijo Yair incurriese en sus propios malabares lingüísticos –y una típica negación colonial (vide: G. Meir)– al tuitear que no existe tal cosa como “Palestina”, “ya que ni siquiera hay letra ‘p’ en el alfabeto árabe”; según la misma lógica –como le respondieron algunos– “uno podría decir que no hay tal cosa como ‘pueblo judío’, ya que en el alfabeto hebreo tampoco hay letra ‘j’” (bit.ly/30MRQj5). Si esto suena como una tontedad, no lo es.

Es el mismo lenguaje de limpieza étnica y “extraordinaria restructuración lingüística colonial” por parte de Israel que implicó el cambio de nombres de casi todos los pueblos y lugares palestinos a fin de –como recuerda Susan Abulhawa– negar la existencia de la población autóctona (bit.ly/1RyZGkK).

Si esto suena como una nimiedad, no lo es. El lenguaje es herramienta de apropiación (piensen p.ej. como humus, tabule o zataar ya son especialidades de la cocina israelí).

Pero las palabras son también un medio de liberación –de allí la importancia del “nuevo diccionario” del que hablan Pappe y Chomsky– y una herramienta de resistencia –“un acto de la recreación de uno mismo”, algo a menudo ignorado cuando se habla p.ej. de lo que pasa en Gaza (bit.ly/2Wp22PD)–, hoy la única respuesta posible (bit.ly/2wPbugJ) frente al Deal of the Century trumpiano (a.k.a. “la solución final de la cuestión palestina”).

Ni siquiera aún publicado, el Deal –el más reciente ejercicio colonial de ir cambiándoles nombres a las cosas y lugares (que por otro lado por fin cancelaría la “ilusión de Dos Estados”...)– dados los calendarios electorales en Israel y Estados Unidos bien podrá nacer muerto o tendrá que cambiar de nombre: Deal of the ‘Next’ Century (bit.ly/2wrT4T7).

Sea como fuere. El viejo Uri Avnery, escribiendo de la (casi) imposible situación en la que se encuentra Palestina –desde su óptica mucho más “blanda” que p.ej. la de Pappe, pero igual inherentemente crítica– apuntaba que, a pesar de que los asentamientos ilegales avanzan inexorablemente, los palestinos poseen un arma mucho más poderosa que Israel: la paciencia (bit.ly/2MDLXSk).

“Paciencia” será aquí simplemente, supongo, otra palabra para “resistencia”. Que igual que otros pueblos árabes, están acostumbrados a esperar –vide: la longue durée de su historia frente a la relativa poca duración de Israel– y aguantar (incluso varias generaciones) hasta que las condiciones cambien y le sean más favorables. Una estrategia –a la larga– muy efectiva. ¡Ojalá! (por cierto: una palabra de raíz árabe).


(*) Maciek Wisniewski es periodista polaco. Twitter: @MaciekWizz

China, Rusia, nosotros y el mundo que nace

junio 14, 2019

ANDRÉS MORA RAMÍREZ 


Con el telón de fondo de la guerra comercial emprendida por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra China, para desplazar del mercado a la empresa de tecnologías de comunicación Huawei –uno de los líderes mundiales en su campo–, se celebró recientemente la vigésimotercera edición del Foro Económico de San Petersburgo [1].

De acuerdo con la información divulgada por distintas agencias de noticias, este año el evento registró varias cifras récords: participaron representantes de 145 países –incluidos seis jefes de Estado, con la destacada presencia de los presidentes de China y Rusia–; más de 19 mil invitados entre dirigentes de organismos internacionales, empresarios e intelectuales, y se firmaron 650 acuerdos comerciales por un monto próximo a los 47 mil 600 millones de dólares.

San Petersburgo, la histórica ciudad que fue tanto capital imperial como epicentro de la revolución de 1917, y más tarde el escenario de cruentas batallas en la Segunda Guerra Mundial, presenció ahora un nuevo capítulo de la alianza chino-rusa, que se ha venido forjando en los últimos años.

En este acercamiento han sido decisivos, por un lado, acontecimientos geopolíticos coyunturales, como la reunificación de Rusia y Crimea en 2014 y las posteriores sanciones que Washington y algunos países de la Unión Europea impusieron a Moscú; y, por otro lado, procesos de más largo aliento como los relacionados con el crecimiento económico, tecnológico y militar de China; el desarrollo de sus proyectos estratégicos (la Iniciativa de la Franja y la Nueva Ruta de la Seda) y la inminente transición hegemónica que desplazaría a los Estados Unidos como primera potencia económica mundial.

Paradójicamente, la cruzada lanzada por las administraciones de Barack Obama y Donald Trump contra estos dos países, como competidores –riesgos o enemigos, en el lenguaje de la inteligencia estadounidense– de primer orden a escala global, en el mediano y largo plazo, creó las condiciones para la profundización de las relaciones entre los gobiernos de Vladimir Putin y Xi Jinping hasta llegar a niveles inéditos.

China ya es el principal socio comercial de Rusia (su intercambio comercial en 2018 superó los 100 mil millones de dólares) y, por ejemplo, en el marco de la reunión del Foro de San Petersburgo se formalizó un acuerdo para que Huawei desarrolle la tecnología 5G en Rusia. El mandatario ruso defendió a la compañía china frente al veto comercial impuesto por Estados Unidos, calificado como “prácticas destructivas” de los mercados emergentes, que podrían ser la antesala de “la primera guerra tecnológica de la era digital”.

La imagen de Putin y Xi navegando por las aguas del río Nevá, hábilmente preparada por los responsables de comunicación del Kremlin, resume bien el estado de las relaciones entre ambos gobiernos, su entendimiento y coordinación de acciones y, al mismo tiempo, envía un contundente mensaje al resto del mundo. Especialmente a la Casa Blanca.

China y Rusia también han labrado una importante y activa presencia en el Caribe, Centro y Suramérica en el siglo XXI, con inversiones en infraestructura, recursos energéticos, transferencia tecnológica, seguridad y apoyo militar; intercambio cultural y, más recientemente, una política común ante la crisis en Venezuela y la amenaza de una intervención militar de los Estados Unidos. Mientras tanto, la potencia del Norte recurre a sus viejos discursos y rancias prácticas imperialistas, en su intento por afirmar posiciones y sortear -sin rumbo claro- su compleja crisis de hegemonía.

El mundo que nace entre Europa y Asia, se fortalece y se expande ante nosotros. Pensar el lugar de nuestra América en estas nuevas coordenadas de la historia, es uno de los principales desafíos que enfrentamos en la región.

Frente a estos cambios que anuncian el surgimiento de un nuevo equilibrio de fuerzas, y acaso también de un nuevo sistema internacional –que corresponde al mundo multipolar–, la incertidumbre lógica de toda transformación nos lleva a interrogarnos sobre el papel que jugará América Latina en el ajedrez geopolítico perfilado: si seremos capaces de aprovechar las oportunidades que se nos presenten para construir alianzas que permitan proveer de bienestar a nuestros pueblos. O si, una vez más, la balcanización, esa pesada herencia histórica de nuestra existencia republicana, se impondrá como triste destino, dejándonos a la deriva en la vorágine de las potencias.

Ciertamente, el avance de las derechas a nivel regional en los últimos años, alentadas por el discurso político y la volatilidad de los Estados Unidos bajo el gobierno de Trump, inclinan la balanza hacia esa última posibilidad. Pero es necesario recordar, y no olvidar, que no hace mucho tiempo fuimos capaces de avanzar por otros caminos y soñar futuros distintos.

Justo hace 10 años, en septiembre del 2009, el presidente venezolano Hugo Chávez, a su regreso de una gira por Libia (antes de la incursión militar de la OTAN y el asesinato de Gadaffi que provocó carcajadas en la entonces Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton); Argelia, Siria (antes de la brutal guerra lanzada por la OTAN, sus organizaciones aliadas y el ejército terrorista del Estado Islámico), Irán, Turkmenistán, Bielorrusia, Rusia y España, exponía en estos términos su lectura del porvenir más inmediato:

“Hoy podemos decir que el mundo ha dejado de ser unipolar. Pero ni se ha reproducido un escenario bipolar, ni hay indicios tangibles de la marcha hacia la conformación de cuatro o cinco grandes polos de poder mundial. Es evidente, por ejemplo, que la estructuración de Nuestra América como un solo bloque político no se ve en el horizonte inmediato: no se hará realidad en el corto plazo.

“Pero igual pasa en África, Asia y Europa. Lo que sí comienza a hacerse visible es un conjunto creciente de núcleos geopolíticos sobre el mapa de un mundo al que ya pudiéramos llamar, ahora sí, el Nuevo Mundo. Se trata de un mundo multinuclear como transición hacia la multipolaridad”. Y añadió: “El que se acelere la transición hacia la multipolaridad va a depender de la claridad, la voluntad y la decisión política que se desprenda de los países-núcleo”.

Hoy, por distintos motivos, esa transición parece ingresar en una fase de aceleración, con Rusia y China como punta de lanza. El mundo que nace entre Europa y Asia, en lo que algunos llaman el corazón del mundo, se fortalece y se expande ante nosotros. Pensar el lugar de nuestra América en estas nuevas coordenadas de la historia, y las alternativas de que disponemos para que nuestra inserción en ellas sea estratégica y lo más independiente y soberana posible, en las condiciones reales de nuestro tiempo, es uno de los principales desafíos que enfrentamos en la región.

Bien lo dijo Chávez: “Dispersos nos quisieran mantener las fuerzas que aspiran a dejarnos en la retaguardia de la historia, siguiendo el mismo juego perverso que bien conocemos por sus nefastos resultados para la humanidad. (...) Inmenso es el compromiso: inmenso también es nuestro empeño para no dejarnos tragar por las fuerzas oscuras que pretenden acumular la extrema riqueza para unos pocos, al costo de la desgracia de millones de seres humanos. Esa asimetría descomunal e inhumana hay que cambiarla radicalmente o no habrá vida para nadie en un futuro no tan lejano”.


(*) Andrés Mora Ramírez es docente e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica.


NOTA

[1] Del 6 al 8 de junio en curso.





Con la tecnología de Blogger.