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EEUU, un estado terrorista que asesina por los intereses transnacionales

febrero 24, 2020

CARLOS SANTA MARÍA 


El pueblo estadounidense es uno de los más desinformados del mundo por su ignorancia de la realidad debido al ocultamiento que los medios provocan.

Aún no saben que la selección en Venezuela del autopostulado Juan Guaidó fue hecho por la cleptocracia internacional, exactamente aquella que se opone a que EE.UU. sea realmente uno de los países democráticos en el mundo y no un estado terrorista que asesina a quien se enfrente a intereses transnacionales. El robo de más de 800 millones de dólares entregados a éste supuesto líder por diversos mecanismos, extraídos del erario de EE.UU., demuestra cómo se defrauda a los contribuyentes.

Las elecciones del 2020, ya confirmada la predicción sobre la escogencia de Donald Trump en 2016, basada en el Geopoder, permite vaticinar que su reelección será efectiva si no suceden los siguientes hechos:

Primero, que la oposición a este funcionario del Estado profundo no se fundamente en el desaliento sino en la esperanza que unidos todos aquellos que desean finalizar la era de las guerras y el riesgo de una catástrofe nuclear piensen con inteligencia y se den cuenta que los medios, incluso contradictores, especulan con sus propias debilidades. Creer en el triunfo, independientemente de la traición del Senado, es definitivo.

Segundo, hacer que la campaña para elegir al candidato de oposición a Trump sea transparente y que quien salga elegido tenga todo el apoyo del pueblo estadounidense que quiere la paz, desarrollo económico y bienestar social, contando con los líderes demócratas como Barack Obama, Hillary Clinton, Joe Biden, Nancy Pelosi y otros.

Esto implica que los ataques no se den entre aspirantes, sino que se postulen exponiendo programas, en cuyo campo la solidez de Bernie Sanders es la más potente, pues perfila un mundo humano y con oportunidades efectivas para los estadounidenses, especialmente ahora que existen cada vez más pruebas que el caos en Iowa fue para frenar su ascenso. El grave error cometido por intereses personalistas con ideología elitista ya le dio ventaja al candidato republicano por obra de una desinteligencia y desastroso evento. No se puede volver a repetir.

Tercero, una vez elegido quien disputará la presidencia, toda la campaña debe darse en dos frentes que deben aceptar porque es la única opción de éxito ya que, de no hacerlo, perderán: A, una exposición mediática demostrando el peligro que engendra Trump y su círculo para el país norteamericano en el campo internacional y derrotas permanentes en lo militar, exponiendo las vidas de sus nacionales a muertes innegables de soldados y civiles, lo que ya está sucediendo producto de la aversión a la milicia ocupante. Ser atacados es el único destino que les espera en Asia Occidental, y los territorios palestinos ocupados por Israel, el hermano mayor, estará en verdadero riesgo si continúa con la escalada de tensión.

B, Ratificar un programa social que sacará al país de la ilusión económica de ser los primeros en democracia y empleo al develar que existen más de 50 millones de pobres y un endeudamiento familiar no sostenible.

Cuarto, además del diseño de una estrategia electoral mucho más sólida e incluyente que demuestre a los latinos y afrodescendientes que es absurdo acompañar a una persona racista que los desprecia y utiliza, riéndose de la incapacidad para comprender su propia desdicha basado en su presunta inferioridad de razonamiento, se tendrá que insistir en el componente siquiátrico del mandatario actual.

Este punto es definitivo al confirmarse la personalidad disfuncional de Trump, científicamente evaluada y sin contaminación política, lo que implica un gravísimo peligro para la nación.

En ese sentido, hay que considerar su incapacidad para articular discursos lógicos (el tuiter implica escaso trabajo intelectual), la actuación basada en emociones sin coherencia y por impulso, la destrucción de todos los pactos que dan al mundo estabilidad a nivel nuclear, climático, comercial, militar, entre otros, y el desquiciado “derecho divino” a asesinar o repartir el mundo, lo que configura un antecedente sólido de personalidad paranoide.

Si el pueblo estadounidense no desarrolla la capacidad que se posee en naciones supuestamente inferiores en América Latina o Asia, por ejemplo, para darse cuenta de lo existente y el caos del planeta que se avecina, tendrán que ser considerados como responsables por omisión ética de sus decisiones. El punto en que se encuentra el mundo es de tal magnitud que un solo error de este gobernante puede provocar una conflagración mundial y quien lo secunde deberá saber que, más temprano que tarde, le llegará su castigo por mano de los propios ciudadanos indignados o por obra de una derrota mayúscula.

Las dos amenazas al desarrollo democrático del país son: si esta cleptocracia se dará cuenta del riesgo al que expone a su propio pueblo en EE.UU. (lo que es improbable), o la traición del sector-derecha del partido demócrata que prefiera apoyar al magnate antes que a las clases trabajadoras y media representadas por un líder progresista.

El día que Donald Trump ordenó cobardemente asesinar a Qasem Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis, quienes extirparon de vastos territorios a los grupos terroristas EIIL (Daesh,en árabe), Al-Qaeda y Frente Al-Nusra, pese a que Estados Unidos los emplea como sus herramientas mortales, el orbe ha cambiado y la realidad es otra: los países soberanos avanzan mientras los vinculados al terror retroceden, lo que indica que la Resistencia ha dado un paso cualitativo sustancial: transformar el martirio en una fuerte respuesta que nunca había considerado hasta el día de hoy, especialmente al imbricarse varias potencias y naciones autónomas.

Estados Unidos y su pueblo tendrán que jugar un papel decisivo en el devenir global ya que el destino del mundo civilizado hoy deberá estar en las manos de dirigentes que prioricen la sabiduría por sobre el crimen y los atentados, en manos de mandatarios que amen el amor por encima de los odios, que crean que la humanización es el único camino para que la tierra y sus ocupantes puedan sobrevivir de modo definitivo. Así deberá ser.



‘Money, money, money...’

febrero 22, 2020

MACIEK WISNIEWSKI 



Una imagen vale más que mil palabras. Finales de enero, Casa Blanca, Washington. Donald Trump y Benjamin Netanyahu dos grandes machers de la política global –el primero (todavía) bajo el impeachment, el segundo investigado por corrupción y soborno− presentan la “Tranza del Siglo”, ¡ejem!, el Acuerdo del Siglo (The deal of the century), el gigantesco y descarado plan de robo de tierras palestinas −sin que ningún palestino fuese consultado en su diseño ni presente en su estreno− disfrazado de “iniciativa de paz”.

¿Qué mejor instantánea de nuestro tiempo político?

Cuando D. Yearsley había sugerido que un perfecto soundtrack para el –finalmente fallido− proceso de destitución de Trump habría sido una pieza de John Adams (bit.ly/2H0a9J6) −que de hecho tiene toda una ópera sobre el bochornoso affaire del secuestro de Achille Lauro que causó revuelo por ser “demasiado condescendiente al terrorismo palestino” (bit.ly/2GWydwa)−, yo ya empecé a imaginarme una perfecta banda sonora para el –aún pendiente (bit.ly/37MkCms)− proceso de Netanyahu. Algo mucho más plebeyo.

¿Qué tal “Money, money, money...” de ABBA?

Este, de hecho, podría ser igualmente el fondo para toda la “Tranza del Siglo”. Reflejaría bien la mentalidad de sus autores: del multimillonario Trump, de su oficial “arquitecto”, su multimillonario yerno J. Kushner y del gran amante de lujos, Netanyahu, ya que las principales líneas del plan parecen recortadas de uno de sus libros (bit.ly/2uLg7uW). Enfatizaría el meollo de toda esta farsa que se resume a que los palestinos por fin dejen de lado todas estas “demandas irracionales” −un Estado soberano, el fin del colonialismo israelí, etcétera− y acepten el dinero del “paquete económico” para vivir finalmente –confinados a sus bantustanes concedidos por Israel y Estados Unidos de manera tan generosa− “una vida próspera”.

Puede ser con un support de Liza Minelli y su (casi) homónima canción Money, money – Money makes the world go round, the world go round...− del clásico musical Cabaret (1972), ambientando –sin casualidad diría yo− en el auge del nazismo (bit.ly/2v3zleV). Herr Trump y su naciente fascismo estadunidense (véase: J. Stanley) und Herr Netanyahu y su peculiar versión israelí (véase: Z. Sternhell) justifican bien la selección.

Sí, vivimos en un Weimar global, una entidad destinada a fracasar, pero también en un Trumpistán donde todo –incluso la dignidad− parece tener su precio.

Cualquiera que miraba con atención lo veía venir desde hace tiempo.

El buen Robert Fisk al ver la primera probadita del plan –Israel sin respetar las fronteras de 1967 se queda con toda Jerusalén (declarada “capital israelí indivisible” por Trump), todos los asentamientos ilegales (declarados “legales” por Trump) y el Valle de Jordán− remarcó que si antes la fórmula era “la tierra por la paz”, ahora es “cash por la paz, una quintaesencial solución trumpiana” (bit.ly/3bERgJz).

En la “Tranza del Siglo” –que niega la justicia a los refugiados palestinos y la igualdad a los palestinos-ciudadanos israelíes− la autodeterminación es un término económico, no político (bit.ly/2wmdX5j). Como si esta −independientemente de su forma− fuera posible bajo la ocupación que el plan, de hecho, legaliza poniéndole no más un poco de dinero encima prometiendo “prosperidad” y “gran crecimiento” al sector privado palestino, aunque –esto ya lo dijo Hanan Ashrawi que en su momento chocó fuerte con Arafat por llevar a Palestina a la tragedia de Oslo (véase: A. Shlaim, Woman of the year, en: Israel and Palestine, 2009, p. 211-223)− “pensar que los palestinos renunciaremos a nuestros derechos y libertad por una mítica ‘paz económica’, son castillos en el aire” (bit.ly/2P0c2tI).

Otra vez: cualquiera que miraba con atención lo veía venir desde hace tiempo.

Fueron los Acuerdos de Oslo (1993) firmados en el clímax del neoliberalismo –asimilado de hecho en una situación colonial por la dirigencia palestina (bit.ly/36N4Ffi)− que aparte de darle tiempo a Israel para robar más tierra, convirtieron la liberación de Palestina –bien apunta Joseph Massad, el discípulo del gran E. W. Said− en mero empoderamiento de sus empresarios y aparato de seguridad (bit.ly/2GQeheI).

De hecho fue el propio empresariado palestino que convenció a Arafat de firmar a Oslo, propagando –en coro con ideólogos estadunidenses e israelíes− las quimeras del maná neoliberal y prosperidad para todos –“Dubai en Cisjordania”/”Singapur en Gaza”−, recalentados hoy por Kushner & Company.

El Acuerdo del Siglo –en esencia un “business plan” y la vez el “business as usual”− es culminación de todo esto (tarde o temprano algunos sectores palestinos que se lucran de la ocupación y lazos financieros con Israel lo suscribirán).

Cualquiera que miraba con atención se acuerda también cómo el candidato Trump se declara en 2016 “neutral” (sic) en el conflicto israelí-palestino hasta que le cae el veinte que una megagenerosa donación a su campaña por un cierto magnate casinero “el rey de Las Vegas y el príncipe de Macao” que también es... el principal soporte de Netanyahu –“su dueño” decía el viejo Uri Avnery (bit.ly/2STiJ1A)− es condicionada con “tomar un partido”.

Allí estamos de vuelta a nuestra imagen: dos políticos con problemas legales, en antípodas del derecho internacional, ambos en campañas de relección, con el mismo padrino financiador, presentan un plan de atraco a todo un pueblo desposeído. Zeitgeist.



El hecho y la noticia del antiviral cubano en China

febrero 21, 2020

ROSA MIRIAM ELIZALDE 



La noticia: el antiviral cubano Interferón alfa 2B recombinante (IFNrec) está entre los medicamentos escogidos por China para tratar el coronavirus, la enfermedad que ya ha provocado al menos mil 800 muertos en ese país y para la que todavía no existe una vacuna específica.

El hecho: el interferón lleva en Cuba 39 años y el país comenzó el desarrollo de esa proteína con propiedades antivirales en el mismo momento en que se inventaba la industria biotecnológica, en 1981.

En ese año, sobraban los dedos de una mano para contar los países del llamado primer mundo que apostaban a ese conjunto de técnicas que utiliza organismos vivos –o parte de ellos– con el objetivo de obtener productos o modificarlos, mejorar plantas o animales, o desarrollar sistemas biológicos con fines determinados, en particular para el mejoramiento de la salud humana.

Esta definición de la biotecnología descansa en un amplio abanico de conocimientos que se auxilian de disciplinas de élite como la microbiología, la biología celular, la bioquímica, la genética, la bioingeniería y la ingeniería química, la biología molecular y la inmunología. La combinación de estas nuevas técnicas ha dado origen al llamado “portaaviones de la ciencia”, la ingeniería genética, que en Cuba inauguró su primer centro en 1986.

¿Qué puede explicar el fenómeno de la biotecnología cubana, surgida en un país sin desarrollo industrial previo y bajo el bloqueo obsesivo de Estados Unidos? ¿Cómo logró convertirse en unos pocos años en un renglón económico, a la par que mejoraba la salud de la población, generaba productos y la base de miles de patentes? ¿Por qué fue esta una obsesión de Fidel Castro?

El científico Agustín Lage, quien fuera director del Centro de Inmunoensayo de La Habana –uno de los muchos surgidos tras la producción del interferón alfa y beta en Cuba– ha explicado el milagro: una fuerte inversión en educación y salud, con la garantía de acceso universal y gratuito. La apuesta por la biotecnología, incluso durante la peor crisis que ha vivido Cuba en la década del 90 del siglo pasado. La propiedad social de las instituciones que garantiza la integración librándolas de la trampa de competir unas contra otras. El diseño de las instituciones como “centros de investigación-producción-comercialización” que abordan, por tanto, el ciclo completo de la investigación científica.

El hecho de que en la biotecnología, como en otras industrias de la llamada “economía del conocimiento”, la productividad depende directamente de la creatividad de los trabajadores, y ésta, a su vez, de la motivación. La comprensión de que se hace ciencia real, competitiva, con resultados de primer orden.

Todo eso explica por qué Cuba cuenta con el programa de vacunación más amplio del mundo (reconocido por la Organización Panamericana de la Salud y otros organismos internacionales), que incluye cobertura universal para recién nacidos con vacunas contra 13 enfermedades; vigilancia epidemiológica con el empleo de inmunoensayos para más de 20 enfermedades; los hospitales utilizan regularmente medicamentos como el interferón, los anticuerpos monoclonales, las citoquinas y otros biofármacos. El Heberprot-P, una cura prodigiosa para la úlcera del pie diabético que es de uso terapéutico común en la red sanitaria nacional, podría salvar a buena parte de los 83 mil pacientes que cada año requieren de amputación en Estados Unidos, cuyo gobierno se niega a permitir la comercialización del medicamento porque viene de la islita rebelde.

En los altos indicadores de salud pública intervienen otros factores, pero es indudable que la investigación en inmunología y el uso de la biotecnología industrial han contribuido a la reducción de la mortalidad infantil hasta llegar a 5 por cada mil nacimientos y la esperanza de vida es ahora de 79 años. La combinación de estos factores ha permitido que varias enfermedades infecciosas hayan desaparecido (poliomielitis, difteria, tétano, tos ferina, sarampión) y otras controladas o reducidas en su aparición (hepatitis B; meningoencefalitis).

Por cierto, el hombre que puso a Fidel Castro en el camino de la biotecnología a inicios de la década del 80 del siglo pasado era negro, demócrata y congresista por Texas, Mickey Leland. Él llevó a La Habana a un eminente oncólogo de Houston que utilizaba el interferón en el tratamiento contra el cáncer. Leland estaba profundamente dolido por la hostilidad del gobierno de su país contra Cuba y consideraba el bloqueo no sólo contraproducente, sino inconsistente con los valores estadunidenses. “Estados Unidos –dijo– no debería negarse a vender medicamentos; las únicas víctimas son los enfermos y los desvalidos.”

Leland, un luchador contra la pobreza en África, murió en un accidente en Etiopía poco después de proferir estas palabras. Otro hecho que esconden las noticias.




De tener confianza en sí mismo a sentirse ansioso: ¿qué es lo que ‘pierde’ Occidente?

febrero 20, 2020

CUI YUE y XU XIANGLI 


El tema de la 56ª Conferencia de Seguridad de Múnich del 14 al 16 de febrero es la "desoccidentalización", cuyo objetivo es explorar el declive de la influencia de Occidente y sus consecuencias. Según el organizador, la "desoccidentalización" se refiere a una ansiedad ampliamente sentida que se deriva de la incertidumbre de los objetivos duraderos "de Occidente" y la pérdida de una posición común "de Occidente".

Analistas relevantes señalan que esta "desoccidentalización" se deriva de la pérdida de la influencia de Occidente en los asuntos globales causada por cambios en el entorno externo, y la pérdida de solidaridad causada por el aumento de las fuerzas separatistas dentro de Europa. La principal contradicción dentro de Occidente es que el actual gobierno de Estados Unidos sigue la estrategia de "America First", poniendo las relaciones entre Estados Unidos y Europa al borde de la ruptura.

De la "victoria de Occidente" a la "desoccidentalización", esta situación refleja que la implementación de la política de "America First" ha profundizado cada vez más las contradicciones entre Estados Unidos y Europa. En los aliados, Estados Unidos ha ignorado repetidamente los intereses europeos: la retirada del Acuerdo Climático de París, el Acuerdo Nuclear de Irán y el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, siglas en inglés); la retirada de la UNESCO y el Consejo de Derechos Humanos; un aumento sustancial del gasto militar de los aliados de la OTAN ... El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, señaló en la reunión de Múnich que "Make America Great Again" es a expensas de los intereses de los aliados más cercanos.

Feng Zhongping, vicedecano del Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China, dijo en una entrevista con Pueblo en Línea que la política de "America First" de Trump ha generado crecientes diferencias y contradicciones entre ambos lados del Atlántico y una disminución significativa de la confianza mutua estratégica. En Europa, ha surgido una sensación general de escepticismo sobre los compromisos de seguridad de Estados Unidos con Europa.

“La principal contradicción dentro de Occidente radica en la estrategia de ‘America First’ del actual gobierno de Estados Unidos”, dijo Gu Xuewu, director del Centro de Investigación Global de la Universidad de Bonn. "La estrategia pone a las relaciones entre Estados Unidos y Europa al borde de la ruptura. Estados Unidos y Europa pierden así su influencia en el dominio de los asuntos globales".

El tema de "desoccidentalización" refleja profundamente la ansiedad en Europa en este siglo de cambios. Macron señaló que el tema de la conferencia de este año "desoccidentalización" solo muestra que Occidente se está debilitando y se enfrenta cada vez a más desafíos.

Zhou Hong, miembro de la Academia China de Ciencias Sociales y subdirector del Departamento de Estudios Internacionales, cree que el proceso de integración europea aún se enfrenta a enormes desafíos traídos por factores internos económicos, sociales e institucionales. Señaló que factores como el lento crecimiento interno en Europa, la separación social, los partidos políticos fragmentados, los regímenes políticos ambiguos, el declive de la tradición racionalista y el diseño del sistema de la UE lejos del público continuarán fortaleciendo las fuerzas populistas, haciendo que la tradicional división política de "izquierda" y "derecha" en la UE se transforme gradualmente en la división entre "Pro-Europa" y "Anti-Europa".

Afortunadamente, frente a los conflictos internos y externos y las confrontaciones en Occidente, también han sonado las llamadas a la unidad y la aceptación de los cambios en el patrón del poder global. Macron dijo durante la reunión que Europa necesita unirse, acelerar su avance y centrarse en invertir en el futuro. El "Informe de Seguridad de Múnich 2020" refleja que los países occidentales deben aceptar y coexistir con los resultados del cambiante panorama del poder en el mundo.

Para resolver el problema de la desoccidentalización, en lugar de discutir en la conferencia, hay que cambiar fundamentalmente de mentalidad y perspectiva. Como dijo el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, en su discurso durante la reunión de Múnich: “Necesitamos deshacernos de la división entre Oriente y Occidente, superar las diferencias entre el Norte y el Sur, y realmente considerar este planeta en el que vivimos como una comunidad de vida. Necesitamos cruzar la brecha ideológica, tolerar las diferencias históricas y culturales, y realmente ver a nuestra comunidad internacional como una familia mundial”.



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