Featured

8/recent

La evolución del imperialismo estadounidense: cuatro tesis y cuatro conclusiones

octubre 23, 2017

TEODORO NELSON 



Los proletarios revolucionarios norteamericanos están llamados a desempeñar precisamente ahora un papel de singular importancia como enemigos inconciliables del imperialismo norteamericano, el más lozano, el más fuete, el último que se ha incorporado a la matanza mundial de los pueblos organizada por el reparto de los beneficios entre los capitalistas”. 
–Lenin, Carta a los obreros norteamericanos.


La historia de los Estados Unidos comienza con el primer proceso revolucionario burgués a gran escala de la historia de la humanidad. Sobre la gran tierra libre de las 13 colonias se asentaría una de las democracias capitalistas más desarrollada, culta y civilizada, como demuestra la rigurosa aparición de los derechos civiles burgueses. Según el propio Lenin “la historia […] de la Norteamérica civilizada, comienza por una de las grandes guerras verdaderamente liberadoras y revolucionarias […] fue una guerra del pueblo norteamericano contra los bandidos ingleses, que oprimían a Norteamérica”. 

Esta revolución emancipadora daría pie a una larga epopeya sobre la cual se construiría un enorme país. En sí mismo, el proceso revolucionario capitalista culminaría con el fin de la guerra civil estadounidense (1865), aboliendo la esclavitud y asentando las bases del modelo de producción asalariado. 

Así, en la primera década del siglo XX, los Estados Unidos serían lo suficientemente jóvenes y fuertes como para ponerse, en pocos años, a la cabeza entre las principales potencias imperialistas del mundo. Tras la primera guerra inter-imperialista (primera guerra mundial o gran guerra) Gran Bretaña tenía el imperio más vasto y enorme que el mundo había conocido. Sin embargo, fue desbancada como potencia por el hijo pródigo. Tras la inmediata crisis de posguerra, los ingleses se recuperaron gracias a los préstamos norteamericanos e importaciones. El gobierno yankee rápidamente impuso un sistema arancelario que creaba la necesidad en esos países de pedir préstamos norteamericanos para cubrir su déficit. 

He aquí el primer paso de los Estados Unidos como potencia colonial genuinamente imperialista, basada cada vez más en la concentración y hegemonía del capital financiero. La  extraordinaria velocidad en cuanto a la concentración de la industria es posiblemente la característica más destacable del país en cuanto a su historia económica. En 1909 el 1,1% de las empresas empleaba a más del 30% de los trabajadores y casi alcanzaba la mitad de la producción del país. “Casi la mitad de la producción global de todas las empresas del país –exclamaba Lenin– fue realizada por una centésima parte del total de las empresas”. 

Así, apenas siglo y medio después de la revolución, la nación de Washington se había convertido, en palabras de Lenin “en uno de los países donde es más profundo el abismo entre un puñado de multimillonarios insolentados, sumidos en el fango y en el lujo, por un lado, y los millones de trabajadores que viven al borde de la miseria, por el otro”. 

Planteémonos ahora los términos relativos del mundo en este momento. Gran Bretaña era la nación más poderosa y grande. Alemania, la más tecnificada y organizada. Sin embargo, Norteamérica, sin mover un soldado, se convirtió en la primera potencia del mundo. “Los multimillonarios norteamericanos –continúa Lenin– eran, probablemente, los más ricos de todos y los que se encontraban en la situación geográfica más segura. Se han enriquecido más que nadie; han convertido en tributarios suyos a todos los países, incluso a los más ricos”.

Observemos dos aspectos fundamentales del capitalismo norteamericano incluso en una fase tan temprana: un imperialismo basado en el control comercial y sobre todo financiero, por una parte, y su imposición colonial sobre otros países imperialistas, por otra. En los años 30, Estados Unidos exigiría el pago de sus deudas en dólares. La política del apaciguamiento británico en las vísperas de la segunda guerra inter-imperialista (Segunda Guerra Mundial) refleja tanto el miedo a Alemania como a Estados Unidos, el verdadero enemigo inglés desde los años 20. El secretario de Estado de Roosevelt ya se relamía en medio de la guerra: “El liderazgo hacia un nuevo sistema de relaciones internacionales […] recaerá principalmente en Estados Unidos […] debemos asumir esta autoridad […] principalmente por razones de simple interés nacional”. 

De este modo, Estado Unidos fue el gran beneficiario de la guerra. Los casi 50.000 aeroplanos que se fabricarían durante el conflicto fueron “una declaración de supremacía industrial”. Cuando a los ingleses se les acabaron los dólares en otoño de 1940, el secretario del tesoro estadounidense solicitó una relación de propiedades en Gran Bretaña en cuanto a su liquidez en el hemisferio norte. El 23 de Diciembre Londres perdería los últimos bienes tangibles, 50 millones de libras de oro, en manos norteamericanas. Al tiempo, los bondadosos líderes estadounidenses expresaron a los industriales indios su interés de entrar en su mercado para librarlos de la dependencia de la libra; Arabia saudita caería completamente en manos del capital norteamericano, donde la multinacional petrolera Aramco explotaría los jugosos yacimientos, y así un largo etcétera. 

Tras la devastadora guerra contra los nazis la nación de Washington sería la primera en verse reforzada. Durante el conflicto, el PIB nacional casi se duplicó. A partir de este momento, y salvo las aisladas resistencias de las viejas potencias imperialistas, Norteamérica se enfrentaría a las antiguas colonias que no cambiaron inmediatamente de manos así como a la URSS, segunda gran potencia mundial la cual no había caído bajo la dependencia financiera mundial estadounidense. En 1948, el jefe de planificación del Departamento de Estado norteamericano en un memorando confidencial dejaría las cosas bastante claras: “Poseemos cerca del 50% de la riqueza del mundo, pero sólo el 6,3 de su población […] nuestra tarea real es diseñar un patrón de relaciones que nos permita mantener esta posición de disparidad sin detrimento de nuestra seguridad nacional”. 

Volvamos ahora a plantear la situación mundial general en este momento. De la lucha entre los viejos imperios coloniales, rápidamente se pasaría a un solo imperio, un imperio de barras y estrellas que gestionaría y coordinaría (en su beneficio) al resto de las potencias imperialistas, a pesar de las dificultades iniciales fruto de la imposibilidad de pagar los créditos en la posguerra (Plan Marshall). Según Eric Hobsbawn, “Tampoco estaban los Estados Unidos en situación de imponer a los Estados europeos su ideal de plan europeo único, que condujera, a ser posible hacia una Europa unida según el modelo estadounidense […]”. Vemos como este gran proyecto al fin sí se acabaría cumpliendo, con Alemania a la cabeza tras el fin de la URSS como potencia imperialista Europea. 

Y es que con Bretton Woods (1944) se crean tanto el FMI como el Banco Mundial, con Norteamérica a la cabeza como mayor contribuyente. Aparecen así las primeras instituciones imperialistas de escala mundial, o las instituciones imperialistas de capital mundial conjunto. 

Así, según Hobsbwan, “el Banco Mundial y el FMI, que todavía subsisten, quedaron subordinadas de hecho a la política de los Estados Unidos”. Como ya hicieran Gran Bretaña cuando controlaba el comercio mundial, la oligarquía estadounidense abogó por la libertad de comercio (es decir, por la libertad de un comercio controlado por ellos). Los inmensos créditos para los países arrasados por la guerra asegurarían el control sobre los mismos. Feiss, del Departamento de Estado, expresaría claramente el objetivo de las ayudas de posguerra: “Estados Unidos no podía quedarse cruzado de brazos y permitir que el capital recaudado en Estados unidos se empleara para fines contrarios a nuestras políticas o intereses principales […] el capital es una forma de poder”. Según el propio Marshall, los beneficios del programa que llevaba su nombre se interrumpirían si en algunas elecciones ganaban los comunistas. ¡He aquí a los verdaderos “demócratas” norteamericanos! Su democracia les sirve sólo mientras sirva a su bolsillo. 

Aparece así una nueva división mundial del trabajo; las multinacionales con base en USA pero con operaciones en otros países aumentaron sus filiales de 7.500 en 1950 a más de 23.000 en el 66. Europa le seguiría a la zaga. Es ahora cuando empiezan realmente a florecer los paraísos fiscales, donde están los “eurodólares” acumulados “gracias a las crecientes inversiones norteamericanas en el exterior y a los grandes gastos políticos y militares del gobierno de los Estados Unidos”. A partir sobre todo de los 70, las grandes multinacionales darían el salto a las neo-colonias, llamadas por nuestros pudorosos intelectuales como “el Tercer Mundo”. 

Se consolidaron así la coordinación de la producción mundial por Norteamérica. Los mercados de divisas se dispararían, y el papel moneda rompería su intercambiabilidad con el oro (1971). Cada vez había más dinero en el mundo, el cual empezó a multiplicar el volumen total de mercancías del comercio mundial. Como era de esperarse, el término imperialismo deja totalmente de usarse incluso entre los pensadores más progresistas justo cuando el imperialismo es más grande y desarrollado.


Recapitulando, para esta etapa podemos observar 4 grandes características del nuevo orden imperialista: 

1. De las potencias enfrentadas por el control del mundo a una gran potencia imperialista, es decir, de la centralización financiera de la economía nacional a la gran centralización –jerárquica- mundial de la economía. 

2. Gracias a esta centralización a escala nunca antes vista, los viejos Estados coloniales son sustituidos por el control directo de las multinacionales sobre las neo-colonias. Ramas concretas de la industria euro-norteamericana como el petróleo o los minerales administran directamente los Estados. Así aparecen, por ejemplo, los “Petro-Estados”. 

3. Un puñado de bancos controlan el mercado mundial: el capital bancario crece cada vez más. Países enteros funcionan como paraísos fiscales donde el dinero “brota” por sí solo. 

4. Al tiempo que las relaciones de propiedad privada se desarrollan cada vez más, la fusión con sus respectivos Estados crece cada vez más, haciéndolos indistinguibles. El Capitalismo Monopolista de Estado adquiere su forma final. Así, según Alejandro Nadal “de ser una organización política, el Estado hoy se ha convertido en una matriz de intereses corporativos y su finalidad no tiene nada que ver con el bienestar social”. La propiedad pública acaba revistiendo relaciones genuinamente privadas, fracciones de capital en el Estado. 

¿Qué supone todo esto? En primer lugar, que el imperialismo norteamericano se caracteriza, como hemos visto, por ser más directo y más indirecto al mismo tiempo. 

En segundo lugar, que las tesis de Lenin donde el capital bancario dominaba al resto de la economía planteadas en El imperialismo: fase superior del capitalismo se cumplen aún hoy día, pero en una escala mucho mayor. 

En tercer lugar, que la ultracentralización de la economía a la que dio pie la hegemonía del capital financiero trajo consigo unas necesidades de recapitalización tales, que la única solución que se encontró fue multiplicar artificialmente el dinero, apareciendo el capital ficticio. La producción de riqueza se desdobla de los beneficios en una cuantía jamás vista. “La tasa de ganancias –postula Nadal- asociada a la actividad productiva ha sido remplazada por la rentabilidad derivada de la especulación como referencia en el proceso de acumulación”. Pero he aquí lo “ficticio” del capital ficticio, y es que los beneficios no son capital, aumentar el papel moneda no hace que la economía gire. Según Teodoro Santana, “El problema de fondo es que el capital no debe entenderse como dinero o recursos financieros sino, tal como reveló Marx, como procesos de producción y reproducción de la riqueza. Mientras que el dinero se puede imprimir, los procesos de producción y reproducción se establecen sólo siguiendo leyes objetivas inflexibles”. Por mucho que aumente la masa de dinero, las mercancías que en ellas se reflejan y las relaciones productivas son las mismas, y no se multiplican mágicamente. 

Y en cuarto y último lugar, el imperialismo norteamericano sólo puede encontrar las mismas soluciones que las viejas potencias coloniales. O bien aumentando la cuota de plusvalía, esperando ilusamente que pueda equipararse a los volúmenes de capital ficticio (por lo que se tenderá a aumentar la explotación de los trabajadores indefinidamente) o bien aumentando la presión sobre las colonias: “Por eso ahora la FED se adelanta –sigue Teodoro Santana– a la nueva crisis dentro de la crisis y se propone subir la tasa de interés, provocando un “efecto aspiradora”: los dólares vuelven a EEUU, los precios de las materias primas caen, llevando esa crisis a los países emergentes, a los que aboca a la devaluación de sus divisas y a que los inversores se retiren de ellos”. O por supuesto, la combinación de ambas: aumentar la escala de la guerra imperialista.

  

BIBLIOGRAFÍA

• Bambery, C. (2015). Historia marxista de la segunda guerra mundial. Pasado & Presente. 

• Hobsbawn, E. J. (2003). Historia del siglo XX, 1914-1991. Crítica. 

• Lenin, V. I. (1984). Obras completas, tomo 37. Moscú: Progreso. 

• Lenin, V. I. (1984). Obras completas, tomo 25. marzo-julio de 1914. Moscú: Progreso. 

• Nadal, A. (2017). Guerra privatizada: Las mutaciones del capitalismo. La Jornada.


• Santana, T. (2015). La crisis eterna. Bandera Roja Canarias.

Resumen del informe de Xi al XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China

octubre 22, 2017

He aquí el resumen del informe que Xi Jinping pronunció el pasado miércoles en la inauguración del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh):


UNA NUEVA ERA CON NUEVO PENSAMIENTO

El socialismo con peculiaridades chinas ha entrado en una nueva era.

El PCCh ha dado forma al pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era, una guía de acción a largo plazo a la que el PCCh debe adherirse y desarrollar.

El pensamiento está basado en y enriquece el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping, el importante pensamiento de la triple representatividad y la concepción científica del desarrollo. Éste representa el último logro en la adaptación del Marxismo al contexto chino.

UN GRAN PAÍS SOCIALISTA MODERNO

El PCCh ha dibujado un plan de desarrollo de dos etapas para el período de 2020 a mediados del siglo XXI a fin de convertir China en un "gran país socialista moderno".

En la primera etapa, que se extenderá del 2020 al 2035, el PCCh materializará fundamentalmente la modernización socialista mediante una brega de 15 años y sobre la base de la culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada.

En la segunda etapa, que se prolongará desde el 2035 hasta mediados de siglo, dedicaremos 15 años más de brega a transformar nuestro país, sobre la base de la materialización fundamental de su modernización, en un poderoso país socialista moderno, próspero, democrático, civilizado, armonioso y hermoso.

La principal contradicción con la que afronta la sociedad china es la que hay entre el desarrollo desequilibrado e insuficiente y las demandas crecientes del pueblo de una mejor vida.

Las demandas del pueblo de una vida mejor que satisfacer son ahora notablemente más amplias. Han aumentado no solo las necesidades materiales y culturales, sino también las demandas de democracia, imperio de la ley, equidad y justicia, de seguridad y de un mejor medio ambiente.

ECONOMÍA

La economía de China ha pasado de la etapa de crecimiento acelerado a la de un desarrollo de alta calidad.

Al construir un sistema económico modernizado, el país debe utilizar la economía real como punto de apoyo del desarrollo económico. Hay que profundizar la reforma de las empresas estatales, desarrollar la economía de propiedad mixta y conformar empresas de primer orden mundial globalmente competitivas.

Hay que perfeccionar los regímenes y mecanismos impulsores del consumo y acrecentar el papel básico de este en el desarrollo económico. Hay que completar el marco del control sostenido tanto por la política monetaria como por la política macro prudencial y profundizar la reforma encaminada a mercantilizar los tipos de interés y los tipos de cambio.

APERTURA

Las puertas de China al exterior no se cerrarán, sino que se abrirán cada vez más.

China implementará en todos los sectores el sistema administrativo de trato nacional en la fase de pre establecimiento y el de listas negativas.

China flexibilizará en gran medida las restricciones al acceso al mercado, ampliará la apertura al exterior del sector servicios y protegerá los derechos e intereses legales de los inversores extranjeros.

LEY

El PCCh creará el Grupo Dirigente del Comité Central para la Gobernación Integral del País Conforme a la Ley, al objeto de fortalecer la dirección unificada sobre la construcción de una China regida por ella.

Es necesario reforzar la aplicación de la Constitución y la supervisión de dicha aplicación, promover el trabajo de verificación de la constitucionalidad y salvaguardar la autoridad de la carta magna.

PROGRESO ECOLÓGICO

El PCCh ha incorporado el concepto de "una China bella" en su plan de desarrollo de dos etapas para la construcción de un gran país socialista moderno para mediados del siglo XXI.

La modernización es una caracterizada por la coexistencia armoniosa entre el ser humano y la naturaleza.

China establecerá agencias reguladoras que se encargarán de administrar los activos estatales en recursos naturales y supervisar los ecosistemas naturales, así como implantará un sistema de reservas naturales, compuesto mayormente por parques nacionales..

FUERZAS ARMADAS

Hasta el año 2020 se logrará la materializacdión fundamental de mecanización militar, mientras se realizará importantes avances en su informatización y su capacidad estratégica se aumentará en gran medida. En el 2035 se concluirá básicamente la modernización de la defensa nacional y del Ejército.

A mediados de este siglo se culminará la transformación integral del Ejército Popular en un ejército de primer orden mundial.

DIPLOMACIA

China jamás aspirará a la hegemonía ni practicará la expansión, sea cual sea su grado de desarrollo.

CONSTRUCCIÓN POLÍTICA DEL PARTIDO

Tras haber dado un irrefrenable impulso a la lucha contra la corrupción, el Partido está decidido a derrotarla por goleada, como mayor amenaza que sobre él se cierne.


‘Star Trek’, el capitalismo y la ideología

octubre 20, 2017

MACIEK WISNIEWSKI 


1) Si bien Star Trek (ST) –la franquicia de series de televisión y películas de ciencia ficción– nació de una “visión” de G. Roddenberry (1921-1991) –por más cursi y discutible que sea en ciertos aspectos– para imaginar otras y luminosas vías de desarrollo (¿evolución?) de la humanidad, incluso más allá del capitalismo, partiendo de los problemas de su época (racismo, sexismo), pero tratando a trascenderlos, su actual “oscurecimiento” (¿involución?) la vuelve ya un mero reflejo del capitalismo tardío y de su degeneración sin siquiera intentar/pretender “movernos adelante”. Hoy en vez de digerir los problemas de la actualidad ST ya sólo opta por regurgitarlos.

2) Las nuevas películas: ST (2009), ST: Into Darkness (2013), ST: Beyond (2016) –dirigidas por J.J. Abrams [Star Wars, SW] y J. Lin [Rápidos y furiosos] (sic)– ya convirtieron a ST en “otra marca de acción” sacrificando los restos de su “pretensión fundacional” –pensar en un futuro más progresista– en el altar del (puro) dinero; pero la nueva serie ST: Discovery’ (2017) “va a dónde la franquicia no ha llegado antes” –a dónde ya dice “reacción”– simplemente reciclando el lenguaje y el imaginario “terrorista/guerrerista” que conocemos de los medios a fin de naturalizarlo (el lavado de cerebro corporativo-militar) hasta el grado de presentar el imperativo “shoot first!” como... “vieja sabiduría de los vulcanos” (sic).

3) Si bien en cuanto a la raza y género ST fue pionera –¡teniente Uhura! (goo.gl/BB0Pk0)– hoy la franquicia, como lo demuestra Discovery con su principal personaje –una mujer afroamericana–, apenas sigue la moda hollywoodense de “ser diverso” confirmando a la vez que si puede haber empoderamiento es más probable que sea “en la galaxia, muy, muy lejana” que en las calles de Estados Unidos (EU) y pasando por alto que lo que más se necesita no es (sólo) “más mujeres negras en la pantalla” sino interseccionalidad (goo.gl/0swNEA) o de plano más solidaridad interracial.

4) La guerra –el eje principal de Discovery– está en el primer plano no (sólo) porque ya es “la única manera de contar las historias” –ST, al contrario de SW nunca ha sido sobre la guerra, aunque ya buena parte de ST: Deep Space Nine (DS9) giraba sobre el tema– sino porque ya es la única manera de vivir, organizar y “acercarse” al mundo. Por más cursi y disparatada que era la vieja obsesión de ST con el “papel de la diplomacia (intergaláctica)”, Trump (Corea del Norte, Venezuela, etcétera) nos hace echarla de menos.

5) La irrupción de la ideología del capitalismo tardío en Discovery parece total: los klingon –los principales villanos reinventados y rediseñados a modo de un “retroceso demonizante”– no sólo “cometen ataques terroristas contra la Federación” –curioso: en DS9 los terroristas, los bajoranos, son todavía “los buenos”, “los heroicos freedom-fighters”, seguramente un resto de la narrativa de guerra fría– sino su lucha como la de los islamistas del EI o Boko Haram a quienes parecen emular –y quienes, como bien subraya Slavoj Zizek, “más que a la penetración del capital temen a la ‘penetración cultural’”– es por la “identidad” (“¡la Federación viene a destruir nuestra singularidad!”) y su preservación (“¡permanezcan klingon!”), más que por el “honor”, como antes.

6) Según los propios guionistas de la serie, sin embargo –algo que no excluye lo de arriba ya que va por el mismo sendero identitarista– los klingon son... los “trumpistas disfrazados” que entran en el camino de la guerra para –literalmente– “hacer a los klingon great again”; así Discovery siendo... “un retrato fiel de lo que observamos hoy en EU” (sic) es –o pretende ser– “una crítica directa de aislacionismo y supremacía racial de Trump” (sic) (goo.gl/pQCvqW).

7) Si el mundo de ST: The Next Generation con sus respectivas películas y spin-offs fue paradigmático para el triunfo neoliberal y el “optimismo del ‘fin de la historia’” con su “tolerancia” y multiculturalismo, Discovery es un ST perfecto para los tiempos post 9/11 y postcrisis financiera, donde la xenofobia e identitarismo –EI, Trump, et al.– parecen la “única política posible”. Así si los klingon son los trumpistas, la Federación son los clintonistas (“liberales”, “diversos”) una dicotomía que más que –otra vez según los guionistas– “ayudarnos a pensar” (goo.gl/FAHHwM) sanciona la dominante [estéril y falsa] división política –soberanistas vs globalistas– apuntando a la vez a la única manera en que el sistema es capaz de perpetuarse: gracias a la existencia/la construcción de un enemigo suficientemente repulsivo.

8) El mundo de Discovery no sólo se rige por la guerra, sino gira en torno a la conversión de la naturaleza en arma (weaponizing nature). La nueva propulsión (spore hub drive) basada en la “red intergaláctica de micelio” (sic) es una “ventaja estratégica” sobre los klingon; en un punto la tripulación –bajo la orden directa “¡conviértanla en arma!” (sic)– “rompe el secreto” de una criatura para hacer el motor más efectivo. Si antes la tecnología sirvió literalmente para que ST saltara “más allá del capitalismo” –la invención de warp drive [junto con el replicador] “milagrosamente” cambió las relaciones sociales–, su uso y abuso en Discovery parece más un salto atrás (a los tiempos de hoy o de Blade Runner 2049).

9) He aquí otra manera en que el nuevo ST más que imaginar el futuro marca los límites del presente: si bien la aparición de los personajes gay –en Beyond (goo.gl/MSiw29), algo curiosamente criticado desde sus propias filas (goo.gl/p5bMqG) y en Discovery, una pareja interpretada por los propios actores gay (goo.gl/ShVkWN)– parece [¡y es!] un avance importante, a la vez se inserta en lo que Zizek llama el “consenso Clinton”, una suerte de mandamiento dirigido sobre todo a la izquierda que reza: “sí, podemos cumplir todas tus demandas culturales, sólo vamos a dejar intacto todo lo demás: la economía global de mercado” (goo.gl/RGZV8q).

10) No sólo la nueva retractación de los klingon como una “secta extremista” es en sí misma racista (“son violentos por naturaleza”) y colonialista (“la humanidad ya evolucionó más allá del racismo, ellos aún no”, goo.gl/2XVGSY) poniendo en duda cualquier pretensión progresista de la serie, sino manda un problemático [y falso] mensaje: “para criticar hoy la supremacía racial de Trump hay que reproducir y emplear todas sus nefastos clichés”. Eso pasa si uno no digiere sino apenas repite lo que observa.


(*) Maciek Wisniewski es periodista polaco [Twitter: @MaciekWizz]


¿Es posible la vía pacífica al socialismo?

octubre 19, 2017

TEODORO SANTANA 


Ya en el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels señalaban que “Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente”. Frente al marxismo, se levanta como contrapuesta la bandera del pacifismo a ultranza, aunque las instituciones burguesas recurran a la artillería.

Sin embargo, el marxismo es algo más que la simplificación que de él se ha hecho en Europa, donde se le pretende relegar a una teoría de la guerra civil o el insureccionalismo.

Bien al contrario, el tema de la vía pacífica al socialismo ha sido planteado en numerosas ocasiones por los teóricos comunistas. Así, en el artículo Acerca del infantilismo "izquierdista" y del espíritu pequeñoburgués de 1918, Lenin cita al propio Marx, quién afirmaba en 1870 que, en determinadas condiciones, lo más conveniente sería deshacerse “por dinero”, es decir, mediante indemnizaciones, “de toda la cuadrilla de la burguesía”.

Se refiere a una Inglaterra que se encontraba en una fase pre monopolista, siendo el país donde había menos militarismo y burocracia de toda Europa y, por ello, donde existían mayores posibilidades de que los obreros consiguieran una victoria pacífica del socialismo, entendiendo por pacífica el que los obreros indemnicen a la burguesía por las tierras, las fábricas y los demás medios de producción.

Marx afirmaba que las circunstancias que hacían posible el obligar a los capitalistas a “someterse pacíficamente” a sus obreros en la Inglaterra de entonces eran las siguientes:

En primer lugar, un predominio absoluto de los obreros entre la población.

En segundo lugar, una excelente organización del proletariado (asalariados) en uniones sindicales.

En tercer lugar, un nivel cultural relativamente alto del proletariado, disciplinado por el secular desarrollo de la libertad política.

Por último, una larga costumbre de los bien organizados capitalistas para resolver los problemas políticos mediante negociaciones y compromisos. Lenin, en el artículo citado, señala que en Rusia ese sometimiento de la burguesía estaba garantizado por el triunfo revolucionario. Y que el predominio absoluto de los obreros entre la población se veía sustituido por el apoyo de los campesinos pobres al proletariado. Sin embargo, no se daba un nivel cultural alto del proletariado, ni éste había sido disciplinado en una larga tradición de libertad política, inexistente en Rusia, ni existía una desarrollada costumbre de los capitalistas para resolver los problemas políticos mediante la negociación, sino todo lo contrario.

Esta situación obligaba a combinar una represión implacable contra los que Lenin denominaba “capitalistas incultos” que realizaban una política obstruccionista y no aceptaban el “capitalismo de Estado”, por una parte y, por otra, métodos de compromiso o indemnización a los “capitalistas cultos”, es decir, los que aceptaban el “capitalismo de Estado”, podían aplicarlo y que “son útiles al proletariado como organizadores expertos de grandísimas empresas que abarquen el abastecimiento de millones de personas”.

Cabe señalar también los ejemplos de China o Vietnam, donde la transición desde las democracias populares al socialismo se hace de forma pacífica, contando incluso con el apoyo de sectores de la burguesía nacional y democrática que entiende que es preferible llegar a acuerdos que enfrentarse abiertamente al poder revolucionario y perderlo todo.

La necesidad de los compromisos y la negociación es el abecé de la política, y ello implica reformas. La diferencia entre reformistas y revolucionarios no está en que estos últimos no acepten las reformas o las menosprecien, sino en que las articulan como forma de avanzar hacia los objetivos superiores del socialismo, mientras que para los reformistas son la forma de alejar a la clase obrera de esos objetivos.


Con la tecnología de Blogger.