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Barcelona, culpables y responsables: más allá del terrorismo

8/21/2017

MARCOS ROITMAN ROSENMANN 


A las 12 horas de este viernes 18 de agosto, España entró en catarsis. En todos los ayuntamientos del Estado se convocó a actos de repulsa contra los atentados terroristas que sacudieron Barcelona y Cambrils. Dos furgonetas conducidas por jóvenes, cuyas edades fluctúan entre 17 y 30 años, embestían a viandantes con un intervalo de horas. En Barcelona, 14 víctimas mortales y más de 100 heridos; en Cambrils, los cinco terroristas resultaron abatidos a manos de la policía autónoma. El modus operandi ha sido calco de los ocurridos en Londres y París. Mientras se hacía el silencio, en Barcelona, de manera espontánea, los asistentes entonaron la frase: “¡No tengo miedo!” Una manera de crear confianza, de recuperar el pulso de lo rutinario, comenzar el luto y honrar a las víctimas. Lamentablemente nada parece indicar que el miedo ha desaparecido. Conscientes, tal vez, de la gravedad de la situación, su declamación responde a una necesidad de contrarrestar lo inevitable.

Estos atentados han venido para quedarse. Su origen espurio se encuentra en las acciones de las llamadas tropas aliadas de Occidente, encabezadas por Estados Unidos, invadiendo países como Afganistán, Irak, Libia, fomentando guerras en Siria y desestabilizando gobiernos considerados enemigos. ¿Qué otro sentido tienen las palabras de Mariano Rajoy señalando que combatirán siempre a quienes deseen destruir nuestra forma de vida y nuestros valores? O mejor aún, cuando señala con rotundidad que el problema es global y que la batalla contra el terrorismo está ganada En otras palabras, Occidente se considera dueño del mundo y Estados Unidos se proclama defensor de los valores que, dice, les pertenecen por derecho propio. Hasta el mismísimo Donald Trump, quien no tiene empacho a la hora de proteger a sus amigos del KKK y, de paso, promover intervenciones militares a diestra y siniestra, muestra su pesar y condena los atentados en Barcelona.

La espiral del miedo y el terrorismo yihadista ha calado hasta los huesos. No importa que las medidas implementadas por los aparatos de seguridad y los gobiernos publiciten la normalidad. A pesar de los controles, la colaboración de las comunidades musulmanas, la vigilancia en los puntos calientes y el apoyo de gobiernos amigos es poco probable que estos atentados dejen de producirse. El origen es la causa del problema, y mientras se oculte será imposible que desaparezca en el corto y mediano plazos.

Sabemos quiénes son los culpables, aquellos que cometen el delito, pero los responsables residen en la Casa Blanca, el Pentágono, el 10 de Downing Street, el Palacio del Elíseo o la sede de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Bruselas, por citar algunas. No hay que extrañarse: la Unión Europea y Estados Unidos han sido los causantes del nuevo terrorismo que asola sus ciudades. El resto es tirar balones fuera.

Nada hace pensar que la realidad pueda revertirse. El llamado Estado Islámico (Isis) se asentó, expandió y tiene sus fundamentos en las invasiones de Irak y Libia, países destruidos y desarticulados como estados, reducidos a reinos de taifas, donde el control político por las tropas del Isis han posibilitado la toma de ciudades, proclamando el Estado Islámico. Sin olvidarnos de la guerra en Siria, recreada desde los centros de poder en Washington. Estas agresiones no han pasado desapercibidas a los ojos de la comunidad musulmana y los pueblos árabes. Los ataques a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, fueron la culminación de ese hastío y marcó un punto de inflexión. Bajo la declaración de guerra contra el terrorismo islámico se confundió, manipuló y presentó a una cultura milenaria y una religión, la musulmana, como la causante de todos los males en el mundo. La declaración de guerra contra el terrorismo islámico, por la administración de George W. Bush, fue el error que nos sitúa en Barcelona.

Para muchos jóvenes, hijos y nietos de musulmanes arraigados en Francia, Bélgica, Alemania o España, las políticas fomentadas o amparadas por los gobiernos, criminalizando el islam y sus seguidores, son la fuente del conflicto. La falta de oportunidades, el desempleo, la marginalidad y la sobrexplotación coadyuvan a crear ese malestar contra la sociedad de consumo, identificada con la decadencia de la moral occidental y el capitalismo.

El Isis se apoya en tales condicionantes para sumar adeptos y mártires a sus filas. Una llamada para miles de jóvenes musulmanes que rechazan la dominación militar y deciden luchar contra el invasor. Lo desgarrador es la identificación del objetivo con la necesidad de causar el mayor dolor, desgarrando y poniendo en tela de juicio los propios valores de la vida. El enemigo no tiene sexo ni edad, y carece de humanidad. Barcelona debe hacernos reflexionar y evitar declaraciones pomposas y propagandísticas que hablan del triunfo de Occidente. La guerra no es religiosa, sino geopolítica, por el control de las materias primas y la dominación imperialista.


Venezuela en blanco y negro

8/14/2017

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO 


Se acusa a Venezuela de no ser una democracia. Se dice que su presidente desde 2013, Nicolás Maduro, es un dictador. De su antecesor, Hugo Chávez, se afirmó que era un tirano. En blanco y negro ¿qué tan ciertas son estas imputaciones?

En sentido estricto, desde la perspectiva de la transformación social, la discusión implica, contrastar la relación (o falta de ella) existente entre la democracia procedimental y la democracia participativa y la construcción del poder popular. Pero, dejemos de lado por ahora este asunto, y revisemos solamente si la vida política venezolana cumple con los rasgos principales de una democracia representativa.

A raíz la muerte de Hugo Chávez, el vicepresidente Nicolás Maduro asumió, provisionalmente, la presidencia de Venezuela, el 8 de marzo de 2013. Casi un mes después, el 14 de abril, ganó las elecciones presidenciales para un periodo de seis años (hasta 2019), con una diferencia de más de 200 mil votos con respecto a su más cercano competidor, el derechista Henrique Capriles. Maduro fue democráticamente electo como legítimo mandatario de la República Bolivariana de Venezuela.

En una dictadura no se celebran elecciones. Sin embargo, en Venezuela hay comicios y consultas públicas regularmente. Desde que Hugo Chávez asumió la Presidencia de la República en 1999 ha habido innumerables comicios: cuatro presidenciales (cinco, si se cuenta el que ganó Chávez por primera ocasión en 1998), cuatro parlamentarias, seis regionales, siete municipales y dos para Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Se han efectuado, además, seis referendos, incluyendo el de 2004 que ratificó como jefe del Ejecutivo al hijo de Sabaneta.

Casi todas las elecciones nacionales han sido ganadas claramente por el chavismo. Sólo en dos ha triunfado la oposición (una, parlamentaria, en 2015). En las demás fue derrotada. Eso no le ha impedido conquistar algunas gobernaciones y otros gobiernos locales.

Venezuela tiene un sistema político multipartidista, con grandes facilidades para hacer coaliciones electorales. El principal agrupamiento opositor, la Mesa de Unidad Democrática (MUD), está integrado por 19 partidos. Decenas de partidos hacen política abierta y participan en las elecciones. Los requisitos legales para formarlos son mucho más flexibles que en México.

En la Asamblea Nacional, los pueblos indígenas tenían derecho a tres diputados, elegidos en tres circunscripciones electorales. En la actual Asamblea Nacional Constituyente participan ocho representantes indígenas, electos en un primer momento según sus usos y costumbres, en casi 3 mil 500 asambleas.

El sistema electoral venezolano garantiza comicios libres y justos. Sus resultados pueden ser fácilmente verificables. El ex presidente de Estados Unidos James Carter, crítico de Hugo Chávez, lo ha avalado en distintas ocasiones. “De las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo”, declaró el ex mandatario.

Se dice que en Venezuela no hay libertad de expresión y que los medios de comunicación están controlados por el Estado. Cualquiera que haya pisado ese país y haya prendido el televisor, la radio o revisado en los kioscos la prensa local sabe que eso no es cierto. Primero, porque la mayoría de los medios están en manos privadas. Y, segundo, porque en ellos se dicen libremente las peores barbaridades imaginables, incluyendo insultos racistas contra Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Se convocan a movilizaciones ¡contra la dictadura! ¿Cuál tiranía permite que un periódico la califique como tal?, se pregunta el escritor Luis Britto.

En Venezuela, los medios de comunicación privados (la mayoría opositores) son hegemónicos. En 2014, explica Britto, operaban en Venezuela 2 mil 896 medios: 65.18 por ciento estaba en manos de particulares; 30.76 por ciento era comunitario, y apenas 3.22 por ciento era de servicio público.

En la radiodifusión funcionaban 1 mil 598 emisoras privadas, 654 comunitarias y apenas 80 de servicio público. En la televisión de señal abierta 55 canales eran privados, 25 comunitarios y apenas ocho de servicio público.

En Venezuela no hay limitaciones a la libertad de asociación, reunión y protesta. Basta revisar la prensa para documentar que en los últimos 18 años ninguno de esos derechos ha sido proscrito en Venezuela; por el contrario, la oposición ha hecho uso de ellos ¡hasta para llamar a deponer a los presidentes Chávez y Maduro! Las protestas han sido disueltas cuando los opositores ejercen la violencia y llaman a delinquir.

Leopoldo López no es un demócrata, sino un fascista. No es un preso de conciencia, es un delincuente. Se encuentra bajo prisión domiciliaria no por simpatizar con el dictador Francisco Franco, sino por participar e impulsar los delitos de incendio y daños que se ejecutaron como parte del plan de derrocamiento contra el presidente Maduro llamado La salida.

Pero, la democracia es mucho más que un asunto procedimental. Y si, como señaló Abraham Lincoln, democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, lo que hay en Venezuela es una democracia mucho más profunda de lo que admiten sus críticos. Es una democracia sustantiva que se hace realidad desde el poder de las comunas, expresión de autogobierno popular en un territorio, con recursos, competencias y facultades propias. (Véase, de Marco Teruggi, Lo que Chávez sembró: testimonios desde el socialismo comunal).

El Estado comunal es, según la legislación venezolana, la “forma de organización política social, fundada en el Estado democrático y social de derecho y de justicia […] en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno sustentable.

Ciertamente, muchas críticas se pueden hacer al modelo venezolano. Pero, en blanco y negro, afirmar que Venezuela es una dictadura y su presidente Nicolás Maduro es un tirano es una calumnia. La democracia venezolana es mucho más profunda que la que existe en la mayoría de los países cuyos gobiernos denuestan su revolución.


[Twitter: @lhan55]

Venezuela: sumisión, guerra y periodismo de encubrimiento

8/07/2017

MARCOS ROITMAN ROSENMANN 


Informar no es tarea fácil. El periodismo de guerra es, tal vez, el más complejo. Inmerso en una batalla sicológica, está destinado a crear una opinión pública sumisa, acorde con los objetivos militares. Hoy, se ha decidido que Venezuela es un objetivo militar estratégico para Occidente. Una guerra entre el bien y el mal. Democracia versus dictadura. En esta guerra todo vale. Hasta el Vaticano se ha decantado. La Iglesia se siente amenazada y decide apoyar a los responsables de la violencia callejera, pero comprometidos con Dios, la familia y la moral católica. El papa Francisco se quita la careta, se decanta por la oposición, que ha quemado, baleado a trabajadores, mujeres y niños. Lo mismo hizo la Iglesia en Chile con el gobierno de Salvador Allende, en 1973. Apoyó el golpe. Luego vendrían las lágrimas y los arrepentimientos. Era tarde. Miles de ciudadanos habían sido detenidos, torturados y asesinados. El argumento es siempre el mismo: la fe está en peligro y la amenaza a los católicos.

El periodismo y los medios de información pertenecientes al establishment de los distintos países del bloque occidental han tomado una decisión: retrotraer a Venezuela a los tiempos del neoliberalismo, la economía de mercado y el pacto interoligárquico. Sin excepción, desde esta trinchera fundamentalista, alteran hechos, crean acontecimientos y fomentan el odio hacia el pueblo venezolano contrario a dichas posiciones y que sólo quiere vivir en paz. La última elección a la Asamblea Nacional Constituyente lo demuestra, pero la declaran ilegal y un fraude de ley. No aportan argumentos, salvo violencia, el sabotaje y la sedición golpista.

Mientras unos ejercen el derecho a voto y reclaman participar, otros queman urnas, ponen barricadas y lanzan cocteles Molotov contras las fuerzas armadas y la policía ¡Vaya dictadura más extraña! La oposición campa a sus anchas, desconoce el Poder Ejecutivo, amenaza a sus adversarios, los quema, impide ejercer derechos, usa la fuerza, manda a sus militantes a destruir edificios públicos, sabotear las elecciones y poner barricadas, vanagloriándose de este comportamiento. El mundo al revés. Tal vez por ese motivo sus representantes son admiradores de Francisco Franco, Augusto Pinochet y se sienten cómodos con el discurso neonazi y fascista. Para los incrédulos, sólo dos frases. Lilian Tintori, abanderada del antichavismo y compañera sentimental de Leopoldo López, declaró: “Los opositores venezolanos es normal que vitoreen a Francisco Franco. Si viviera, nos apoyaría, como Rajoy”. Y el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, detenido por sedición y llamar al golpe de Estado, dijo sin complejo alguno: “Augusto Pinochet era una demócrata al servicio de su pueblo”.

El control es total. Cuando se declara la guerra contra el gobierno constitucional y legítimo de Venezuela se hostiga y patrocina la estrategia del miedo y el terror. Así, es posible usar adjetivos como “asesino”, “corrupto”, “dictatorial”, para referirse al gobierno. Todo, aderezado con declaraciones tendientes a desacreditar y negar la legitimidad del Estado, con el fin de declarar la “guerra a muerte al chavismo”. Podríamos seguir esta política que encubre o invisibiliza la ideología de los llamados “demócratas venezolanos”. La lista se haría interminable.

Pero sus aliados en el exterior no son mejores. Comparten tales afirmaciones desde el silencio cómplice y se suman a la guerra dando cobijo, financiando, desprestigiando a todo aquel que muestre su discrepancia. La ex diputada de Izquierda Unida Sol Sánchez, actual portavoz de IU en Madrid, ha sido amenazada, y el director de OKdiario.com, Eduardo Inda, tertuliano habitual en programas de radio y televisión, no tiene empacho en permitir artículos en los cuales la llaman defensora de asesinos, tiranos y terroristas. El ejemplo podría hacerlo en primera persona, pero desisto por pudor.

Los principales periódicos del Estado español secundan el golpismo en Venezuela, se unen a la guerra con editoriales incendiarios y mal intencionados. Los enviados especiales, un día sí y otro también, mienten, manipulan y desinforman. Me recuerdan el libro publicado y financiado por los servicios de inteligencia y el Grupo Prisa de los corresponsales de Le Monde y El País Bertrand de la Grange y Maite Rico: Marcos, la genial impostura. Una sarta de mentiras para desacreditar al EZLN. En ese mismo momento dejaron de ser periodistas para ser títeres del poder. Hoy sus homólogos renuncian a la profesión y se trasforman en soldados de una guerra. Antonio Caño, en El País; Francisco Maruhenda, en La Razón; Francisco Rosell, en El Mundo; Bieito Rubido, en ABC, y Marius Carol, en La Vanguardia, por citar los destacados, cumplen órdenes, aunque ello suponga abandonar los principios deontológicos para mentir. Se reconocen en el insulto, la descalificación y los exabruptos. No informan. Son parte de las radioemisoras, televisiones públicas, privadas y por cable que se dan a la tarea diaria de mentir, bajo el manto de una falsa objetividad. Es una guerra declarada contra el pueblo de Venezuela.

No es la primera vez que asistimos a un teatro de operaciones donde el control de la información conlleva manipular la realidad hasta hacerla irreconocible, forjando una mentira para subir la moral de los combatientes, aunque el resultado sea la derrota. Hitler no dejó de arengar a sus generales mintiendo y distorsionando los hechos. Estados Unidos, en la guerra de Vietnam, hizo lo mismo, y hoy se repite en diferentes escenarios. Venezuela no es diferente. Sin embargo, esta guerra impuesta ha sido rechazada e impugnada en las urnas por el pueblo venezolano. Pero aún así la oposición dará un paso adelante, no reculará. Ha declarado una guerra y la llevará hasta sus últimas consecuencias. Occidente lo tiene claro: el proyecto bolivariano debe ser reducido a cenizas y sus militantes, aniquilados. Ese es el dilema. Esperemos que la derecha venezolana, hoy dividida, entre en razón, abandone el campo de batalla, la sedición y la violencia, acepte dialogar en beneficio de la paz. La mano está tendida. Sólo hace falta ser demócrata. ¿Lo será la oposición venezolana?


China: El Ejército Popular de Liberación debe mejorar su capacidad de combate

7/31/2017

OUYANG WEI 

Noventa años atrás, un primero de agosto y justo después de sangrientas batallas durante la Expedición del Norte (1926-28), el Partido Comunista de China (PCCh) inició en 1927 la ofensiva conocida como "El levantamiento de Nanchang" para contrarrestar las purgas anticomunistas del Kuomintang. Ese fue el comienzo de los esfuerzos del Partido Comunista de China (PCCh) para construir un ejército dirigido a servir al pueblo y establecer un gobierno del pueblo y para el pueblo.
En la región fronteriza de las provincias de Hunan, Hubei y Jiangxi, el PCCh estableció bases revolucionarias. Después de eso y liderado por el PCCh, el ejército inició la revolución de la tierra y emprendió la Larga Marcha (1934-35), cuya ruta más extensa fue de unos 12.000 kilómetros desde Jiangxi hasta Shaanxi.

La invasión japonesa, iniciada en 1931, condujo finalmente en 1937 al establecimiento del Segundo Frente Unido entre el Kuomintang y el PCCh, con el VIII Ejército y el nuevo IV Ejército emergiendo victoriosos en muchas batallas libradas en el norte y sur de China. Los ejércitos liderados por el PCCh no sólo eran las fuerzas de la primera línea de combate contra los invasores japoneses, sino que también desempeñaron en la etapa de postguerra la labor más importante en la protección de la nación contra los invasores.

El Ejército Popular de Liberación (EPL), término usado por primera vez en 1945 y adoptado formalmente por el PCCh en 1948, se desarrolló rápidamente y luchó valientemente para liberar al pueblo del gobierno corrupto del Kuomintang en los años posteriores a la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial en 1945. Sus esfuerzos allanaron el camino para el establecimiento de la Nueva China.

Desde la fundación en 1949 de la República Popular China, el EPL ha sido pilar en la defensa y seguridad nacionales. El EPL siempre se ha dedicado, en primer lugar, a proteger la nación y al pueblo, destacando un fuerte espíritu de lucha y sentido del sacrificio en aras de defender la soberanía y la integridad del país.

En la "Guerra de Corea" (1950-53), el Ejército de Voluntarios del Pueblo Chino, una ala especial del EPL, luchó valientemente contra las tropas armadas con equipos más sofisticados y consolidó la posición estratégica regional de China.

En la guerra fronteriza entre China y la India ocurrida en 1962, el EPL defendió la soberanía y la integridad territorial de China. Desde entonces ha mantenido un convincente control y estabilidad en las regiones fronterizas.

Las décadas dedicadas a la defensa del país, le han enseñado al EPL a modernizarse y mejorar su capacidad para hacer frente a cualquier eventualidad enemiga del orden y la paz. Como resultado, tanto en ataque como en defensa, el EPL se ha transformado en un ejército moderno y capaz. Con un entorno estratégico en cambio constante, el EPL ha mantenido su fisonomía, características originales, su devoción al pueblo y al liderazgo absoluto del PCCh.

El EPL asume la responsabilidad de salvaguardar a China y hacer frente a desafíos cada vez más graves como las disputas territoriales e intereses marítimos. También ha participado activamente en operaciones de rescate y socorro durante desastres naturales, ha combatido el terrorismo y mantenido la seguridad cibernética y espacial.

Además, el EPL porta las esperanzas del pueblo y continuará mejorando su capacidad para contrarrestar las amenazas a su seguridad, siempre bajo principio de la unidad entre civiles y militares.

Ahora, el EPL debe esforzarse más para elevar su nivel militar, realizar entrenamientos bajo condiciones simuladas y mejorar su capacidad de combate integrando la tecnología de la información. Para hacer frente a los nuevos desafíos que han surgido en el orbe, y mantener la estabilidad interna, el EPL necesita hacer nuevas contribuciones, lo que también ayudará a salvaguardar la seguridad regional y la paz mundial, combatir el terrorismo y hacer frente a desastres naturales y de otra índole.

En el siglo XXI, el EPL ha participado en muchas misiones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en países y regiones peligrosas. Entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China es la que más aporta efectivos a las fuerzas de paz. Los soldados del EPL protegen la vida y las propiedades de los residentes de los citados países y regiones, construyen infraestructura y proporcionan ayuda humanitaria y tratamiento médico a los lugareños.
La Armada del EPL ha cooperado con otros países, enviado sus flotas a escoltar barcos en el Golfo de Adén, frustrado los actos de piratería y protegiendo las rutas de navegación internacionales. El Equipo Internacional de Búsqueda y Rescate de China ha ofrecido desinteresadamente ayuda a personas y países afectados por desastres naturales y ha ganado su confianza y amistades.
En algunas áreas en conflicto, el EPL ha cooperado con las tropas de otros países, rescatado a inmigrantes y realizado misiones humanitarias que aseguran la seguridad de civiles. Su abnegada participación le ha merecido honores para China.

Con el entorno estratégico mundial en constante e imprevisible cambio y el poder global de China en ascenso, el EPL está preparado para hacer frente a las exigencias de los nuevos tiempos. Bajo el capaz liderazgo y dirección del presidente Xi Jinping, secretario general del Comité Central del PCCh y presidente de la Comisión Militar Central, la reforma de la defensa nacional y la modernización del sector militar se han profundizado. Gracias a estos esfuerzos, el EPL ha sumado la fuerza cualitativa a su fuerza cuantitativa.

La reforma de la defensa nacional también ha ayudado al EPL a realizar cambios importantes en diversos campos para hacer más científicas y eficaces la gestión de las tropas, el control del sistema de seguridad y la implementación de políticas relacionadas con una integración militar y civil más dispuesta. Además, accionar un sistema más completo de movilización para la defensa nacional. Los colegios e instituciones militares de investigación científica ahora tienen que trabajar junto a las demás para satisfacer las necesidades del diseño y actualización de estrategias de defensa nacional y ayudar a preparar al EPL para el combate moderno.

A través de la innovación y la práctica, el Ejército Popular de Liberación se mantendrá fiel a su misión y seguirá mejorando su capacidad para hacer frente a cualquier adversa eventualidad.
Y como una fuerza construida por el pueblo y para el pueblo, salvaguardará con firmeza la seguridad nacional y los intereses.

(*) Ouyang Wei es profesor de la Universidad de Defensa Nacional del Ejército Popular de Liberación de China.



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