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El extraño concepto de “humanismo” norteamericano

agosto 19, 2019

NICOLA HADWA y SILVIA DOMENECH


El Gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha adoptado un gran número de medidas para asfixiar económicamente al pueblo venezolano.

Nada más actual para comprender por qué el día 9 de agosto se celebra el Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad, que las últimas medidas para lograr el colapso económico de Venezuela y asfixiar a su pueblo, tomadas por Trump. Medidas encaminadas a congelar todos los bienes, derechos y otros recursos, o sea, los activos del gobierno venezolano en Estados Unidos y a bloquear ese país.

Y decimos eso porque, más allá de que se pueda defender o condenar al gobierno venezolano, o más allá de la imagen distorsionada que el enorme poder de desinformación que tiene Estados Unidos haya logrado crear de lo que es la realidad venezolana, si se analiza fríamente el hecho. O sea, si se analiza lo que significa la congelación de todos los activos de Venezuela en los Estados Unidos, no queda más que un calificativo para denominar esa acción. Se trata, sin lugar a duda, de un saqueo. Saqueo que está siendo perpetrado por el gobierno norteamericano el cual, aprovechando la crítica coyuntura que atraviesa ese país – creada en lo esencial por las propias acciones de Washington contra ellos -, y desde la posición de fuerza y poder que aún conserva el imperialismo, se está apoderando de forma ilegítima e indiscriminada de los bienes pertenecientes al gobierno y al pueblo venezolano, para agravar al máximo su situación. Está saqueando sus bienes y utilizando este saqueo como un arma contra el pueblo venezolano.

Este tipo de actuación, sin embargo, no es nuevo para ellos pues bloqueos severos ha impuesto también a Corea del Norte, Irán, Siria y Cuba. Y el saqueo a través del congelamiento de activo como arma lo han venido realizando sistemáticamente, sobre todo desde el año 2000, sea para “sancionar” a individuos o funcionarios no gratos, como a empresas particulares o pueblos enteros. Ejemplos hay muchos. Se trata en este caso de un saqueo similar al congelamiento que se hizo de miles de millones de dólares que Libia tenía en el Reino Unido, en Francia y en Estados Unidos. Dinero que, a pesar de pertenecer al pueblo libio, no ha sido devuelto.

Declarar, como se ha hecho, que lo que está haciendo con estas medidas el presidente Trump es proteger al pobre pueblo venezolano de un gobierno que lo hace todo mal, es un insulto a la inteligencia de las personas. Esta afirmación, no obstante, constituye también una clara y contundente prueba de lo que, en realidad, significa el “humanismo norteamericano” para los que, como los del opositor Juan Guaidó y compañía, se prestan para facilitar que una potencia extranjera como es, en este caso, los Estados Unidos, se haga de las riquezas de su país logrando así sus objetivos.

Lo que quiere los Estados Unidos, lo que busca Trump y las transnacionales es apoderarse de las enormes riquezas de Venezuela, uno de los países más ricos del mundo en petróleo, gas, oro, de un montón de recursos y de materias primas. Y es así porque cuando Estados Unidos quiere una riqueza, inventa una justificación, generalmente protección a la libertad, a la justicia, a los derechos humanos. Y así, por el humanismo, entonces, y bajo los principios del humanismo, va y asalta militarmente un país. Y, a sangre y fuego, se apodera de esas riquezas. Eso es, precisamente, lo que quiere hacer en Venezuela.

Pero quizás se debe decir también que este “tipo de humanismo a lo norteamericano”, se lo han diseñado ellos mismos, pues no se puede recordar ni hay indicios de que las Naciones Unidas hayan autorizado a este país para que se convierta en fiscal, en el juez o en el verdugo de los pueblos. Estados Unidos actúa como el policía del mundo sin respetar absolutamente nada, podría decirse, por cuenta propia. Así, la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dice que no se puede bloquear un país. Sin embargo, Estados Unidos bloqueó a Cuba, a Corea del Norte, a Siria, a Irán, a Yemen, a Venezuela. A Nicaragua lo quiere bloquear ahora, e intento bloquear a Bolivia. Las Naciones Unidas, en su Carta fundacional dicen que hay que respetar la libre autodeterminación de los pueblos. Estados Unidos se da el lujo de cambiar los gobiernos dónde quiere, y ahora quiere cambiar también el gobierno venezolano que, les guste o no, fue elegido por el propio pueblo venezolano, en elecciones libres. Unas elecciones que tuvieron más de 1000 observadores internacionales, y ninguno de ellos, incluyendo los norteamericanos, pudieron constatar fraudes. Los Estados Unidos también se dan el lujo de no respetar el principio de no injerencia en otros países. Todos los días amenaza a cuánto país se le ocurre. Tiene amenazada a China y la provoca todos los días, amenaza y provoca también a Rusia y a Corea del Norte, quiere invadir a Irán. Invadió y tiene tropas en Libia, en Irak y en Siria, tiene bloqueados a un montón de países.

Estados Unidos trata de imponerle ahora a Venezuela la democracia a la medida norteamericana. O sea, por el bloqueo, por hambre, por enfermedades, por muerte, por el desplazamiento de la población, aplicando sus leyes de forma extraterritorial, ejerciendo su auto asignado papel de amo del mundo.

¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Estamos hablando de la potencia militar más agresiva que hay en la tierra. El poder mediático y de desinformación que genera Estados Unidos, desafortunadamente, revierte la imagen de cualquier país y hace ver de él lo que le conviene y está de acuerdo con sus intereses. Trata, no obstante, de ocultar las manchas propias. Vale la pena, entonces, en honor a la verdad, repasar algunas cifras [1] que hablan del humanismo norteamericano, sobre todo las cifras de las víctimas que ese “humanismo” ha ido dejando a lo largo de su “lucha” por llevar la democracia y “ayudar” a otros pueblos.

Así, por ejemplo, los Estados Unidos dividieron a Corea en dos países, Corea del Norte y Corea del Sur, que hasta el día de hoy permanecen en guerra. Una guerra que mató alrededor de 3 millones de civiles y dejó inválidos a otros 320 000. El humanismo norteamericano provoco, se calcula, 5,1 millones de muertos en Vietnam entre civiles y personal militar, y dejó 462 000 inválidos causando, además, graves daños medioambientales producto del uso de agentes químicos especiales por parte de Estados Unidos en esa guerra. El humanismo norteamericano intervino también en los conflictos de Sudán, país que había ido adquiriendo importancia estratégica para ellos dadas las vastas reservas de petróleo descubiertas en su parte sur. Y también Sudán quedó divido. Más de 2 millones de personas murieron y más de 4 millones fueron desplazadas o tuvieron que refugiarse creándose una grave situación humanitaria, para que surgiera Sudán del Sur, aliado de Estados Unidos, donde se encuentran casi tres cuartas partes de los yacimientos sudaneses.

El humanismo norteamericano derrocó, asimismo, al gobierno de Libia, lo invadió en nombre de la libertad y los derechos humanos, matando a 500 000 libios. Libia era el país más próspero de África. Allí estaban las mejores universidades, las mejores obras de regadío, un país de gran estabilidad económica, que prestaba dinero y ayuda a muchos países africanos. Pero para los Estados ese país tenía un problema, el 13 % de las exportaciones petroleras libias iba a parar a China, país que importaba de Libia el 99.4 % del petróleo crudo. Hoy en día Libis es un estado fallido, ingobernable. En ese país, desde el año 2011 a la fecha, se han formado 1200 milicias distintas (o sea, grupos que participaron en el derrocamiento de Muamar el-Gadafi que se niegan a desarmarse y dar paso a un Ejército unificado). Y no hay ningún sector de Libia que esté bajo un gobierno, sólo la capital, que tiene un gobierno reconocido por las Naciones Unidas. El resto del país es un caos. Bengasi, dónde está la mayor producción de petróleo, es el único lugar del país que está protegido por las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El resto del país, ¡que se maten entre ellos!

El humanismo norteamericano invadió Irak. Allí mataron, en nombre de la democracia alrededor de 2 400 000 hombres, mujeres, niños y ancianos, y dejaron 170 000 inválidos. Allí crearon y alimentaron además a Al-Qaeda y al EIIL (Daesh, en árabe) y a toda esa basura de los corta cabezas que se ve hoy en día. En las guerras que Estados Unidos lideró en Afganistán y Pakistán perdieron la vida 1,2 millones de personas aproximadamente, y en Somalia unas 650 000. En Siria ha dejado 30 bases militares ilegales, 600 000 muertos, 80 000 inválidos y 7 millones de refugiados esparcidos por el mundo.

Estados Unidos es un Estado que protege a otro estado, Israel que, si bien fue creado artificialmente por las Naciones Unidas en 1947, es denunciado ahora por la propia Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de esa organización (OCHA) por la detención de cientos de niños palestinos cada año, quienes sufren múltiples atropellos durante ese proceso; por su Consejo Económico y Social, como violador de los derechos humanos y de las mujeres en el mundo, y por la Asamblea General por el uso excesivo, desproporcionado e indiscriminado de la fuerza contra los palestinos.

Es un estado que, asociado con los israelíes y Arabia Saudí, ha invadido a Yemen, dejando un rastro de cientos de miles de muertos y miles de lisiados, epidemias de cólera y otras enfermedades, también con miles de víctimas. Todo, porque no le entrega el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb —ruta obligatoria para el transporte de petróleo a través del Canal de Suez por su conectividad con los países del Golfo Pérsico, África y el mar Mediterráneo— a Estados Unidos.

Estamos hablando en realidad, entonces, de una potencia que es el culpable, directa o indirectamente, de la mayor cantidad de muertos, de hambre, enfermedades y miseria de decena de países en el mundo. Una potencia cuyo “humanismo”, en esencia, es su antítesis. Y su llamada lucha por la libertad, la democracia, la justicia, los derechos humanos, no es más que la capa con la que Estados Unidos y sus admiradores y defensores han encubierto y encubren los crímenes que comete para imponerse y lograr sus objetivos. De un país que se da el lujo de decir que autoriza a su servicio de inteligencia a cometer asesinatos selectivos en otros países. Y lo hace.

Estados Unidos, desde 1776 en que se fundó, siempre ha estado en guerra [2]. De las últimas 211 guerras que ha tenido la humanidad, ese país ha estado presente en 201. Derroca gobiernos y pone dictaduras militares y gobiernos títeres dónde se le ocurre, para que después le entreguen casi gratuitamente la riqueza de esos países. ¿Por qué Estados Unidos tiene que estar metido en Yemen, en Corea, en Libia, en Irak en Palestina, en Níger…? ¿por qué sus tropas tienen que estar en cualquier lugar donde hay un conflicto?

Estados Unidos es un país genocida desde su surgimiento, desde que nació. ¿Cómo se construyó Estados Unidos, de dónde vienen los norteamericanos actuales? Los norteamericanos actuales no vienen de los habitantes autóctonos de América, sino de los europeos que la colonizaron. Los habitantes autóctonos de Estados Unidos serían los descendientes de Toro Sentado, o Caballo Loco - jefes indios americanos conocidos por haber liderado el combate más famoso, la batalla de Little Bighorn, en 1876, en la que guerreros sioux y cheyenes derrotaron al Séptimo de Caballería-, o de Sequoia, el sabio jefe de los cheroquis, o los apaches, los semínolas o los nez percé o de muchos otros. Pueblos que fueron exterminados por la fuerza por los colonialistas europeo que llegaron al norte de América, sin consideración de ninguna especie, quitándoles hasta el último pedazo de tierra. Se calcula que, a la llegada de los europeos, había en lo que hoy es Estados Unidos cerca de 1.000.000 de indígenas. En 1900, quedaban sólo 230.000.

Resulta, entonces, que si en realidad se respetara la llamada legalidad internacional (o quizás debería decirse “mal llamada”, pues sólo responde a los intereses de los poderosos y no a los intereses de los países débiles). Si la respetara, entonces, habría que juzgar a Estados Unidos por el genocidio que se cometió contra todo el pueblo de Norteamérica porque, de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, los delitos y crímenes de lesa humanidad no prescriben. Con el agravante para este país de que tampoco prescriben los crímenes cometidos por él llevado por su sed de hegemonía y riqueza, aplacada con agresiones y guerras que, a nombre de llevar “su” democracia y “ayudar” a otros pueblos, ha costado y sigue costando millones de muertos, heridos, desplazados y refugiados, países destrozados y divididos, pobreza, enfermedades y hambruna para millones de personas.

No obstante, independientemente de la simpatía o no que se pueda tener por el gobierno venezolano, o por cualquier gobierno, hay algo en que quizás todos podemos coincidir, y los que no, por lo menos aparentar coincidir. Y es en la idea de que todos los pueblos tienen el derecho a vivir en paz, a ser gobernado en paz sin intromisión extranjera. Por ello, da “vergüenza ajena”, que es la peor de las vergüenzas, por ser la que se siente cuando se está viendo que alguien está haciendo algo mal, y no se puede hacer nada por evitarlo, mientras se siente en carne propia lo que pensamos que sentiría esa misma persona si se pudiese ver a sí misma -. Da “vergüenza ajena” que, inmediatamente que Trump anunciara las medidas para asfixiar al pueblo venezolano y lograr el colapso económico de ese país, el Grupo de Lima - que es como se le llama al conjunto de países serviles a Estados Unidos que éste último utiliza para planificar la agresión a Venezuela – convocara una “Conferencia por la Democracia”. Países cuyos gobiernos han sido condenados al servilismo y la sumisión a los Estados Unidos, que tiene un gobierno egoísta, ofensivo, guerrerista y rapaz. Y cuyo actual presidente, Donal Trump, es un supremacista blanco, que procede de una familia que, al parecer, estuvo asociada al Ku Klux Klan [3], que ha etiquetado a los latinos como basura y a los negros de estúpidos y convertido el racismo en credo oficialmente fomentado en Estados Unidos.

Y da vergüenza ajena porque esos países están jugando el rol de Caínes. ¡Nuestro mundo es uno! Humanismo se refiere, en esencia, a las ideas y acciones que expresan respeto hacia la dignidad humana, preocupación por el bien de todos los hombres. Y todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad.


NOTAS

[1] Las cifras que se ofrecen han sido tomadas de materiales abiertos de internet. En particular se emplean los datos ofrecidos por el investigador Nicolas JS Davies en su artículo How Many People Has the U.S. Killed in its Post-9/11 Wars? Partes 1, 2 y 3. Hay que decir, no obstante, que según explica este especialista, las estimaciones de muertes publicadas regularmente por las agencias de las Naciones Unidas, los grupos de monitoreo y los medios se basan casi por completo en «informes pasivos» fragmentarios, no en estudios exhaustivos de mortalidad. Cuando estos últimos se realizan, los resultados revelan entre 5 y 20 veces más muertes que las cifras que se publican basadas en informes pasivos.

[2] Del 1775 al 1783 fueron guerras asociadas a su independencia, del 1783 al 1815 comenzaron las guerras para despojar a las tribus indígenas americanas de sus tierras (los Shawnee, Cherokee y Choctaw), participando además en 1801 en la Guerra Berberisca en Marruecos y, en 1812 en la guerra anglo-americana contra el Reino Unidos y sus colonias canadienses. De 1816 a 1860 invaden México y se de anexionan Texas, y los actuales territorios de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, Colorado y parte del hoy llamado Wyoming. De 1861 a 1865 tiene lugar la Guerra de Secesión. A esta guerra le sigue la lucha contra las tribus indias Sioux y los Comanches hasta los años 90, en que se giran hacia la adquisición de territorios ubicados fuera de sus límites geográfico, adquiriendo Puerto Rico en el Caribe, y Filipinas y Guam en el Pacífico. Desde ahí, y hasta alrededor de 1935, los Estados Unidos comienzan a entrenarse, podría decirse, en la ocupación militar a largo plazo: Cuba (1898-1902), México (1916-1917), Panamá con la Zona del Canal de Panamá, Haití (1915–1935), República Dominicana (1916–1924) y Nicaragua (1912–1925 y 1926–1933). Aunque la Primera Guerra Mundial se inicia en 1914, los EU entran en ella en 1917, luchando a su vez contra los bolcheviques en Arkhangelsk, Rusia en 1918 y 1919. De 1919 al 1945 tiene lugar la Segunda Guerra Mundial. Los Estados Unidos, que de nuevo entran en ella unos años después de iniciada, en 1941, detonó en 1945, cuando Japón había presentado su rendición incondicional DOS MESES ANTES, dos armas nucleares sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki que mataron entre 129.000 y 226.000 personas, la mayoría de las cuales eran civiles. De allá para acá la lista sigue incrementándose: Corea, 1950-1953; Laos 1953-1975; Vietnam 1955-1975; China, 1954, 1958, 1995; Cuba, 1961; República Dominicana, 1965-1966; Líbano, 1958 y 1982-1984-1990; Irán, 1979-1980; Granada, 1983; Libia, 1986; Panamá, 1989; Guerra del Golfo, 1990-1991; Irak, 2003-2011; Somalia, 1992-1995; Haití, 1994-1995; Yugoslavia, 1990-1999; Afganistán 2001-2014; Filipinas, 1898-1946; Pakistán; Níger, 2002; Sudán, 1998: Yemen.

[3] Se conoce públicamente que el padre de Donald Trump, Fred Trump, se vio envuelto en un incidente en 1927 asociado al Ku Klux Klan, y que en la década de 1970 fue acusado por discriminación al negarse a permitir que personas de raza negra y puertorriqueños alquilaran apartamentos que él había construido.


Ivan Pinheiro: el mundo, Latinoamérica y Brasil en la visión de un líder comunista

agosto 12, 2019

Por su interés, reproducimos la reciente entrevista realizada al amigo y camarada Ivan Pinheiro, miembro del Comité Central del Partido Comunista Brasileiro (PCB) por el portal PCB / SC, en el que analiza el escenario político internacional, el gobierno de Bolsonaro y señala los desafíos que tiene ante sí la clase trabajadora para construir una alternativa revolucionaria.

Según el camarada Pinheiro, para revertir esta correlación desfavorable de fuerzas y avanzar en la lucha, es necesario combatir las ilusiones en las soluciones institucionales, verter toda la energía militante en la concienciación, organización y movilización de los trabajadores y las clases populares y promover, en el campo de la izquierda socialista, un debate urgente para unificar y politizar la lucha común.


PCB / SC: Comencemos hablando de la coyuntura mundial. ¿Cómo has observado el conflicto entre Estados Unidos y China? ¿Existe una nueva configuración del imperialismo en el momento histórico actual?

Ivan:
El conflicto entre los Estados Unidos y China, actualmente en forma de feroces disputas geopolíticas y económicas, es la principal expresión del empeoramiento de las contradicciones interimperialistas con el fin unipolar del mundo que, desde la contrarrevolución en la Unión Soviética (1991), había garantizado a Estados Unidos la hegemonía absoluta en todos los aspectos durante aproximadamente dos décadas.

El factor más peligroso en esta feroz disputa multipolar que, grosso modo, polarizan Estados Unidos / Unión Europea y China / Rusia, es el regreso de la carrera armamentista, que puede conducir a conflictos militares masivos. Las grandes guerras siempre han sido inevitables en todo momento en la historia, marcadas por cambios en la hegemonía mundial como la que vivimos hoy, dramatizada aún más por la crisis sistémica del capitalismo.

Ese cuadro nos devuelve al tema de la paz y la guerra. Para los revolucionarios, la lucha contra las guerras imperialistas por la paz entre los pueblos, no entre las clases, vuelve a la agenda.

La crisis mundial del capitalismo agita las disputas entre los grandes monopolios sobre materias primas, tecnología, mercados, rutas y territorios y, entre los principales países y los bloques imperialistas, por la hegemonía en los campos económico, político, cultural y militar.

Sin pretender aquí alimentar ninguna ilusión de que esta multipolaridad vuelva a la ONU sea "democrática" y "progresista", y mucho menos favorezca las revoluciones socialistas, considero que su aspecto positivo es que el imperialismo norteamericano ya no puede tomar medidas unilaterales, como lo hizo en sus asaltos cobardes contra Afganistán, Irak, Libia, en alianza con las potencias europeas (OTAN), siempre precedidos por mentiras y manipulaciones para satanizar a los gobiernos locales y teniendo como objetivo vender más armas, la ocupación de territorios estratégicos, el saqueo de las riquezas naturales de los pueblos.

En su última aventura militar, Estados Unidos ya no pudo aprovechar el silencio hasta ahora cómplice y conciliador de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU. Siria debe su supervivencia como país al cambio de actitud de estas dos potencias, cuyos intereses geopolíticos estaban siendo amenazados, especialmente en Oriente Medio.

Después de haber sufrido una importante derrota política y militar en Siria, el imperialismo norteamericano vuelve ahora las armas de sus guerras híbridas contra países que no renuncian a su soberanía y tienen enormes reservas de petróleo, como Irán y Venezuela.

Es innegable que la acción de Rusia y China, cada una a su manera, ha sido decisiva para confrontar y, en algunos casos, contener el ímpetu del imperialismo norteamericano, como fue el caso de su postura retrógrada contra Corea del Norte. ¡Debemos saludar este hecho, pero sin ilusiones, porque el motor de esta acción son los intereses económicos y geopolíticos de estas dos grandes potencias, también imperialistas, y no el ejercicio del internacionalismo proletario! En este contexto, corresponde a los comunistas saber aprovechar las contradicciones interimperialistas para avanzar en el proceso revolucionario en cada país.

PCB / SC: Uno de los fenómenos que observamos como consecuencia de la crisis capitalista originada en 2007/08 es que la burguesía comenzó a apostar por alternativas dominadas por la extrema derecha para salir de sus problemas. ¿Cómo observa este proceso en el contexto internacional?

Ivan: Para contrarrestar los efectos de la crisis, que afectan negativamente la tasa de ganancia y la reproducción del capital, la burguesía está tomando medidas que afectan dramáticamente los intereses de los trabajadores y los estratos populares, como la reducción de los salarios, la destrucción de los derechos laborales, seguridad social e intereses sociales, el saqueo del presupuesto y los bienes públicos, una agenda que intensifica las contradicciones entre capital y trabajo y, en consecuencia, la lucha de clases.

Es difícil para nosotros reconocer que esta ofensiva en todo el mundo ocurre en un momento en que el reformismo prevalece sobre las fuerzas revolucionarias y la hegemonía del capital es tal que su máquina de propaganda incluso convence a parte de la clase trabajadora para aceptar el discurso de "responsabilidad fiscal" como una forma de asegurar sus trabajos actuales o futuros, aunque con menos derechos.

Para tratar de llevar a cabo estas medidas, el estado burgués debe restringir las libertades democráticas conquistadas y fortalecer su aparato represivo a fin de intimidar y contener las luchas por los derechos amenazados. Medidas y leyes represivas vienen siendo adoptadas en la mayoría de los países en diversos grados, dependiendo de las necesidades y posibilidades de sus clases dominantes, la cultura política del país y la correlación de fuerzas.

Mientras tanto, la burguesía no siempre necesita recurrir a alternativas de extrema derecha, simplemente porque ya ejerce una cómoda hegemonía política y cultural en todas las grandes poderes e instituciones, estatales y sociales, de hecho y de derecho. En la gran mayoría de los países, la mejor forma de dominación sigue siendo la vieja e ilusoria democracia burguesa, un instrumento flexible para gestionar la vigencia y el grado de las llamadas libertades democráticas y cuya arma principal son las elecciones periódicas, que le otorgan legitimidad y legalidad.

Me arriesgo a decir que los gobiernos de extrema derecha más notorios no eran las opciones prioritarias de los sectores hegemónicos de las respectivas clases dominantes. Vencieron en el margen de error de cada elección. En Italia, Polonia y Hungría, ejemplos más visibles, lo que pesó más en la elección de candidatos de extrema derecha fue el discurso contra los inmigrantes, impulsado por el nacionalismo xenófobo. El mismo factor ha resultado en un crecimiento de ultraderecha en las recientes elecciones al Parlamento Europeo. En Brasil, Bolsonaro recibió el apoyo del capital solo después de que quedó claro que ninguno de sus candidatos más confiables (Alckmin, Meirelles, Amoedo) pasaría a la segunda vuelta, porque el objetivo, debido a la crisis, era descartar la conciliación de clases del Partido del Trabajo (PT).

PCB / SC: En América Latina, los gobiernos de derecha y de extrema derecha han ganado fuerza en los últimos años. Sin embargo, Venezuela ha logrado mantener la llamada Revolución Bolivariana resistiendo la ofensiva de un fuerte ataque extranjero liderado por Estados Unidos. ¿Cómo analizas este escenario?

Iván:
América Latina, considerada el patio trasero del imperialismo norteamericano, en el cual, con la gloriosa excepción de la Cuba socialista, Estados Unidos ha sofocado todas las aspiraciones y posibilidades de soberanía y progreso social, hoy se está convirtiendo en un factor importante en la escena mundial y una de las escenarios de las disputas interimperialistas. El resultado de la ofensiva de Estados Unidos contra Venezuela tendrá un gran impacto en la correlación de fuerzas en todo el mundo y, especialmente, en América Latina. Por lo tanto, cualesquiera que sean los reparos que podamos hacer al curso actual del proceso bolivariano, nuestra solidaridad no puede faltar al pueblo venezolano, especialmente a sus organizaciones revolucionarias.

Muchas razones llevan a Estados Unidos a no renunciar a su intento de derrocar al gobierno del PSUV, ahora encabezado por Maduro, y entregarlo a los sectores de la oligarquía venezolana a los que sirven. Lo han intentado desde 2002, cuando secuestraron a Hugo Chávez y lo llevaron a una base militar y las masas salieron a las calles exigiendo su liberación y su regreso al gobierno. Nunca dejaron de conspirar, de provocar acciones violentas, de satanizar el proceso y sus líderes y, sobre todo, de boicotear la economía venezolana de todas las formas posibles, para volver al pueblo y a la opinión pública mundial contra el gobierno. Pero ahora la inestabilidad ha empeorado y estamos en vísperas de un resultado. En este sentido, debemos denunciar los intentos de golpe de estado del imperialismo norteamericano y las clases dominantes venezolanas para derrocar al gobierno Maduro.

Además de ser el escenario de los cambios más avanzados social y políticamente en la región, el país tiene una de las mayores reservas de petróleo (próxima al territorio norteamericano), es una referencia para los pueblos latinoamericanos, desarrolla intensamente relaciones bilaterales de colaboración con Cuba y, además, es la principal puerta de entrada de capitales rusos y chinos en América Latina.

Como dijimos anteriormente, no podemos subestimar el apoyo que ha recibido la Venezuela bolivariana de Rusia y China, sin el cual el Consejo de Seguridad de la ONU ya habría autorizado la intervención militar de Estados Unidos, con el respaldo de países sudamericanos gobernados por la derecha, que componen el llamado Grupo de Lima. Pero no se puede confiar ciegamente en potencias extranjeras, cuyos intereses estratégicos pueden llevarlos a mover sus piezas en el tablero global.

Tampoco podemos subestimar el apoyo decisivo hasta ahora de las Fuerzas Armadas venezolanas, pero sin dejar de tener en cuenta la posibilidad de un agravamiento de la crisis económica y social, que haga al país sea ingobernable, para llevarlo por otros caminos, incluido el propio.

Las fuerzas revolucionarias venezolanas exigen correctamente que el socialismo deje de ser simplemente una fuente de discursos y promesas y comience a construirse de hecho, con la formación de un frente revolucionario y la adopción de medidas como la nacionalización urgente del sistema financiero y los monopolios privados, y la industrialización del país, bajo control de los trabajadores, para garantizar la sustitución de importaciones y poner fin a la dependencia exclusiva del petróleo, lo que genera el rentismo parasitario de la burguesía, incluida su parcela incrustada en el gobierno, principal factor de contención de nuevos avances y de prácticas de corrupción, inherentes al sistema capitalista, aún vigente en el país. Solo es posible enfrentar la grave crisis (agravada por el imperialismo y las oligarquías locales), con medidas socializantes y no con el paternalismo y las políticas compensatorias que han prevalecido.

Definitivamente, el factor decisivo será la capacidad del proceso de cambio para radicalizarse hacia la revolución socialista y la toma del poder del estado burgués.

Víctima de una guerra económica que provoca desabastecimiento, disminución de la calidad de los servicios públicos y una inflación galopante, y habiendo sufrido este apagones eléctricos tentativas de golpe –"ayuda humanitaria" en las fronteras con Brasil y Colombia y "sublevación militar" en Altamira– y en medio de una correlación de fuerzas en América Latina altamente desfavorable, el bolivarianismo aún sobrevive porque los trabajadores y las capas populares valoran las conquistas reales que tienen, sobre todo en las áreas de salud, vivienda y educación. Pero en este momento complejo y decisivo, el apoyo popular solo estará garantizado con la radicalización del proceso.

Si no se supera la crisis política, social y económica, no podemos subestimar la posibilidad de una reacción política en Venezuela, ya sea a través de un golpe de derechas más fuerte o de la conciliación en torno a un pacto de "unión nacional" con la oposición, como sugieren los diálogos mediados por Noruega, pero que también pueden verse rotos por la oposición que han generado en los sectores más radicalizados de ambos lados, a saber, la izquierda de Maduro y la derecha del fantoche yanqui Guaidó, lo que pondría fin a la tregua tácita e inestable a la que asistimos hoy.

No se puede descartar tampoco la posibilidad de una insurrección o incluso una guerra civil, dado que hay sectores organizados y armados tanto en las clases dominadas como en las dominantes. Sean cuales sean sean los acontecimientos de la crisis venezolana, el legado clave del chavismo desempeñará un papel importante: la concienciación del proletariado y la gran red de organizaciones de masas, colectivos, brigadas y comunas, algunas creadas de arriba hacia abajo y otras de forma independiente. A partir de las bases.

A pesar de todo, la heroica supervivencia del proceso de cambios en la Venezuela bolivariana –a despecho de sus límites– es una referencia importante para reflexionar sobre los motivos de las recientes derrotas de los gobiernos calificados de progresistas en nuestro continente, algunos en procesos electorales y otros por diversas formas de golpes, todos precisamente por no haber promovido los cambios que habían prometido.

En la Venezuela bolivariana no se trata solo de gobiernos "progresistas", como los que administran el capitalismo prometiendo humanizarlo y que caen porque esa es una tarea imposible. Se trata de un proceso de cambios radicalizado, con un marcado sesgo antiimperialista, que ha resultado en conquistas reales a favor de las capas populares, en el fin del monopolio burgués de los medios, en el avance de la concienciación y la organización de las masas.

PCB / SC: Hablemos entonces un poco más sobre el aparente agotamiento del ciclo de los llamados gobiernos "progresistas" en América Latina.

Ivan:
Además de Brasil, que merece una reflexión específica, en otros dos países de nuestro continente los gobiernos progresistas fueron derrocados por golpes de estado: Honduras (2009) y Paraguay (2012). En ambas ocasiones he estado personalmente en una misión de solidaridad en nombre del PCB.

Como en todos los golpes de estado en América Latina, el imperialismo norteamericano jugó un papel clave en estos episodios, en alianza con las oligarquías locales. En Honduras, esta presencia fue a las claras. Manuel Zelaya, un burgués progresista y nacionalista que se había acercado a Hugo Chávez y al ALBA, fue retirado por la fuerza de la sede del gobierno por los militares y llevado a una base de EEUU en territorio hondureño. La resistencia popular fue masiva y aguerrida, pero finalmente fue derrotada por la represión violenta y, no debemos dejar de señalar, por la falta de una vanguardia revolucionaria que condujera la lucha más allá del espontaneísmo. Por las mismas razones, una posible insurrección popular ha sido derrotada en Honduras recientemente.

En Paraguay, el golpe parlamentario que derrocó a Fernando Lugo fue rápido y sin mucha resistencia. A pesar de que su gobierno ha generado grandes movilizaciones populares y un inédito frente político y social de izquierdas, el propio Presidente, humanista y pacifista, que fuera obispo de la Iglesia Católica, acató públicamente la decisión del Senado por su destitución, en un proceso que fue tramitado a toque de corneta en menos de una semana.

En otros países, gobiernos considerados progresistas asumían y caían en elecciones –me atrevo aquí a levantar una hipótesis– muchos de ellos pueden regresar al gobierno por la misma vía, probablemente menos progresista, pagando precios más altos en términos de alianzas con sectores de la burguesía para tratar de garantizar la gobernabilidad institucional, incluso pudiendo aplicar ciertas políticas de "austeridad fiscal", de manera menos rápida y profunda en comparación con los gobiernos de derecha.

Ocurre que, en el marco de la crisis sistémica del capitalismo, viene consolidándose en muchos países una bipolaridad política entre las fuerzas que administran el capital. En un momento en que las caracterizaciones políticas deben relativizarse, podemos usar un amplio menú para clasificar esta bipolaridad en cada país, como centro izquierda, socialdemócratas, reformistas o progresistas de derecha, centro derecha, neoliberales o conservadores. Es cierto que las diferencias entre estos polos están disminuyendo. A veces cambian los nombres de los candidatos e incluso los de partidos o frentes. Pero no cambian el hecho de que son dos alternativas que caben perfectamente dentro de los límites de la democracia burguesa y el capitalismo y que tienden a relevarse en la llamada "alternancia de poder", que prefiero llamar alternancia de gobierno, ya que a través de las elecciones nunca está en juego el poder del estado burgués.

Esa alternancia se da porque, en general, el gobierno de turno es derrotado en las elecciones siguientes porque no ha cumplido sus promesas de campaña de superar el desempleo, la pobreza, la inseguridad y los pésimos servicios públicos.

En Chile, la alternancia también se ha dado de forma monótona, con los mismos personajes y partidos, en cuatro elecciones consecutivas: Bachelet (2006), Piñera (2010), Bachelet (2014) y Piñera (2018). Michelle Bachelet es un buen ejemplo de otro fenómeno: la degeneración ideológica y la cooptación en el sistema que genera el ejercicio de la administración del capitalismo. Después de dos períodos como presidenta, el segundo menos progresista que el primero, se convirtió en Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y acaba de publicar un informe mentiroso y parcial sobre la situación en Venezuela, prestando un servicio relevante al imperialismo norteamericano.

En Argentina, el relevo debe darse en las elecciones ahora en octubre. Cristina Kirchner despuntaba como favorita en todas las encuestas. Sin embargo, satanizada como radical progresista, decidió formar un equipo que sugiere moderación, en el que ella viene como vice de Alberto Fernández (bien aceptado por el "mercado"), en el llamado Frente de Todos. Por lo que todo indica, el ultraliberal Macri podría ser derrotado porque no ocurrió el "milagro económico" que había prometido. En este caso, el próximo gobierno argentino tiende a ser más pragmático y menos progresista que los de los Kirchner (Néstor y Cristina).

En Ecuador, la alternancia se dio de manera sorprendentemente. Rafael Correa, en su primer mandato como Presidente (2007/2012), convocó una Constituyente soberana, promovió algunos cambios y desafió al imperialismo norteamericano, expulsándolo de la base militar de Manta, la más grande de América Latina. Después de un segundo mandato (2012/2017) en el que no continuó los cambios ni preparó un sucesor progresista, y sin poder legalmente presentarse a una segunda reelección, Correa se vio obligado a apoyar la candidatura de Lenin Moreno, que había sido su Vicepresidente, en una alianza con sectores burgueses. Después de ser elegido y jurado en 2018, Lenin (¡qué ironía!) devolvió la base de Manta a EEUU, se unió a los gobiernos de derecha de la región contra la Venezuela bolivariana y actualmente se une a una campaña de criminalización de Rafael Correa para que éste, como Lula, no pueda ser candidato en las próximas elecciones. ¡Cualquier parecido con Michel Temer, que fue vice de Dilma Rousseff, no es casualidad!

En razón del desgaste y la acomodación política causadas por los límites de la administración del capitalismo, incluso dos gobiernos progresistas longevos, Uruguay (desde 2005) y Bolivia (desde 2006), están lidiando con las elecciones más difíciles que se celebrarán este año.. Ambos ya buscan parecer más moderados. En el caso de Uruguay, el ex presidente Pepe Mujica y el nuevo candidato del Frente Amplio progresista (Daniel Martínez) han estado declarando públicamente que el gobierno de Maduro es una dictadura. En el caso de Bolivia, que avanzó positivamente en muchos cambios políticos y sociales y ha resistido a la gente en las calles con varias intentonas golpistas, Evo Morales ha adoptado actitudes regresivas, como honrar personalmente la toma de posesión de Bolsonaro, aceptar la reducción en el precio del gas que Bolivia vende a Brasil y negar el asilo político de Cesare Battisti, lo que obviamente dio como resultado su entrega a la policía brasileña y su extradición a Italia, donde está cumpliendo cadena perpetua.

En México, la elección del progresista López Obrador refuerza esta tesis de alternancia de gobierno. Este fenómeno va más allá de las fronteras de América Latina. Para quedarnos en los países de los que tenemos más información, este relevo bipolar de la administración del capitalismo se ha llevado a cabo en Francia, España, Portugal, Italia y Grecia, donde el socialdemócrata Syriza acaba de ser derrotado por el centro-derecha, después de haber desplegado las políticas de austeridad fiscal dictadas por la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea).

Es evidente que la izquierda revolucionaria no prefiere un gobierno de derecha, en la lógica de "cuanto peor, mejor", suponiendo que "acentúa las contradicciones y allana el camino para la revolución socialista". En cualquier circunstancia, lo que puede conducir a la revolución socialista es la conciencia, la organización y la capacidad de lucha del proletariado y la presencia de una consistente vanguardia revolucionaria.

Por otro lado, aunque no sea una prioridad, no debemos subestimar los procesos electorales, momentos importantes para hacer trabajo político e ideológico con los trabajadores, presentar nuestras propuestas, tácticas y estratégicas, denunciar la explotación capitalista y el juego amañado de la democracia burguesa, objetivos que recomiendan nuestra participación con identidad propia, incluso en coalición con otras fuerzas. Si las circunstancias nos llevan a apoyar a un candidato que signifique un "mal menor", ¡no podemos evitar decirles a los trabajadores, en todas las letras, que es el "menos ruín"!

PCB / SC: No habló de Colombia. ¿Cómo ve la situación allí después del acuerdo de paz firmado por las FARC-EP?

Ivan:
Pues sí, camaradas. Estábamos tratando de la alternancia de gobierno, que en la historia de Colombia solo ha ocurrido hasta hoy entre facciones de la oligarquía, entre la derecha y la ultraderecha.

Incluso para quién acompaño relativamente de cerca los Diálogos de La Habana, es difícil entender y hacer un juicio de valor sobre la abrupta decisión de las FARC-EP de aceptar el requisito de entrega previa de armas para firmar el "acuerdo de paz". Esta alternativa nunca se aventuró en toda la historia invicta de este partido comunista en armas. Una hipótesis que puede justificar esta decisión es que existía un riesgo inminente de derrota militar debido a un cierto desequilibrio que estaba causando el uso de nuevas tecnologías (misiles "inteligentes", drones, chips, etc.) por parte de un poderoso aparato militar, entrenado y armado por el imperialismo norteamericano, que dispone de nueve bases en el país. Ahora miembro asociado de la OTAN, Colombia es una cabeza de puente de EEUU, ubicada estratégicamente entre las Américas del Sur y Central y frente al Caribe, una especie de Israel en nuestro continente.

La disidencia que se cristaliza entre los ex comandantes guerrilleros, y que se va haciendo pública, ciertamente en algún momento arrojará luz sobre las circunstancias políticas en las que se tomó esa decisión, que sorprendió a todos, incluidas las fuerzas políticas solidarias. Existe también la posibilidad de que algunas ideas reformistas y socialdemócratas que influyen en la izquierda mundial, incluso en parte del movimiento comunista, es decir, las ilusiones electorales e institucionales.

Independientemente de las razones que llevaron a este resultado, creo que esta fue la peor derrota que hemos tenido en América Latina en los últimos tiempos. A diferencia de las derrotas electorales, que siempre pueden ser revertidas, esta es una derrota política e ideológica de gran alcance más allá de Colombia. Una de las consecuencias ha sido dejar desguarnecida la extensa frontera entre Colombia y Venezuela, donde era muy fuerte la presencia militar de las FARC, lo que puede facilitar la infiltración de paramilitares o soldados regulares colombianos, una de las alternativas de EEUU contra la Venezuela bolivariana.

Algunos de los antiguos comandantes han hablado públicamente de manera autocrítica. Iván Márquez calificó recientemente de inocencia política la forma de rendición de armas y la desmovilización, mientras que Jésus Santrich, víctima de una farsa judicial con tentativa de extradición a EEUU, viene denunciado el exterminio de ex guerrilleros y activistas sociales, habiendo asesorado públicamente al ELN (Ejército de Liberación Nacional) para no entregar sus armas en el marco de las negociaciones que mantiene con el gobierno colombiano, actualmente suspendido por éste. Encontrándose en la mira del estado colombiano, corriendo riesgo inminente su vida, hay noticias de que ambos se encuentran huídos.

Es preciso dejar claro que la crítica aquí no es que las FARC-EP deberían mantener la misma forma de lucha armada hasta la victoria final, a la que nunca llegarían por esta única vía, o sea, si no contasen con un amplio y combativo movimiento de masas y una vanguardia revolucionaria en las grandes ciudades y entre el campesinado. Fue correcto componer la mesa de diálogo con el gobierno, en busca de una "solución política del conflicto", en el concepto de insurgencia, que siempre evitó la expresión "acuerdo de paz" (utilizado por el gobierno), ya que no hay paz en lucha de clases, cuanto más en un estado terrorista como el colombiano. Fue correcto buscar una solución al conflicto que a lo largo de su historia de más de 50 años se ha cobrado la vida sólo de los hijos del proletariado en ambos lados en armas. Durante los diálogos en La Habana, hubo un extraordinario crecimiento del movimiento de masas, ya que las FARC-EP se habían transformado en portavoces de las reclamaciones populares, muchas de ellas incluidas en el documento firmado entre las partes, pero en su mayoría tornadas en letra muerta.

El acuerdo, y especialmente la forma de desmovilización de la insurgencia, dejaron espacio para que el gobierno incumpliera e imposibilitara la implementación de los principales puntos acordados, lo que causó desilusión y descrédito en el pueblo colombiano y el consiguiente reflujo del movimiento de masas. Se trató de una celada, una paz de cementerios. En lugar de la idealizada conciliación nacional, asistimos hoy al recrudecimiento del terrorismo de estado. Desde la desmovilización, han sido asesinados cientos de militantes sociales y más de 140 ex guerrilleros, mientras que el Estado se lava las manos atribuyendo los crímenes al paramilitarismo.

No sirvió de ejemplo el comportamiento histórico de la oligarquía colombiana, que incumplió todos los compromisos asumidos con diversas guerrillas, inclusive con las propias FARC que, después de un acuerdo con el gobierno de Belisario Bitencourt, se desmovilizó parcialmente y en 1985, junto con el Partido Comunista Colombiano, crearon un partido legal, la Unión Patriótica. Después de las elecciones de 1986, en las que la UP tuvo un buen resultado, eligiendo 5 senadores y 14 diputados, así como a alcaldes y concejales, comenzó un exterminio atribuido a grupos paramilitares, que resultó en el asesinato de 4.000 militantes, episodio que la oligarquía bautizó cínicamente como El Baile Rojo.

PCB / SC: ¿Y sobre Cuba? ¿Cómo va enfrentando las sanciones y amenazas del gobierno de Trump? ¿Cuál es la importancia de la isla en la actualidad?

Ivan:
La Revolución Cubana continúa siendo un gran ejemplo para todos los pueblos del mundo. Cuba es el único país en el que me siento personalmente seguro de que mantiene una experiencia de construcción del socialismo.

A pesar de 60 años de un bloqueo cruel e inhumano llevado a cabo por la potencia más grande del mundo, a pocos kilómetros de su territorio, Cuba sigue siendo soberana. A pesar del fin de la Unión Soviética, que siempre le dio soporte político, económico y militar, el socialismo sobrevivió en Cuba, con mucho sacrificio, en el llamado período especial que siguió, en un momento en que el fin del socialismo en el país se estimaba en días, meses o algunos años. A pesar de las dificultades de construir el socialismo prácticamente en un solo país, una pequeña isla, Cuba sigue siendo revolucionaria, internacionalista y antiimperialista.

Pero no podemos dejar de reconocer y comprender que la Revolución Cubana, debido a todas estas dificultades, especialmente las económicas, no encontró otra alternativa que la adopción de algunos cambios que han estado dando cabida a la iniciativa privada, a fin de mantener algunos de los principios más importantes de Revolución: las garantías de trabajo y gratuidad en todos los niveles educativos y en todos los servicios de salud. Una solución encontrada fue un plan para despedir voluntariamente a funcionarios públicos en áreas superpobladas a cambio del derecho a emprender alguna actividad generadora de ingresos de su trabajo y el de sus familias, en un sistema conocido como cuentapropismo.

Entre tanto, en busca de más valor (y confirmando la ley ineludible de la acumulación capitalista), algunas de esos emprendimientos, sobre todo en la diversificada e importante área del turismo, se desarrollaron y comenzaron a utilizar mano de obra informal de terceros. Este tema fue objeto de amplio debate en el reciente proceso de revisión de la Constitución cubana, que involucró prácticamente a toda la población. El anteproyecto que resultó de esta consulta fue sometido a un referéndum nacional, siendo aprobado por el 87% de los cubanos, con una participación del 90%. Entre los principales cambios constitucionales están medidas para contener la expansión del sector privado en la economía, con reglas rígidas para frenar la explotación de la mano de obra, el aumento de los precios de los productos de consumo popular, la evasión de impuestos, además de varios ajustes y correcciones de rumbo para resolver los principales problemas del país, dentro de un contexto de reafirmación de la construcción del socialismo.

Ya con relación a las maniobras, provocaciones y agresiones del imperialismo norteamericano, que nunca dio tregua en los 60 años de la Revolución Socialista– la actual crisis en Venezuela suscitó una nueva ola de amenazas y sanciones específicas contra Cuba, aunque en realidad tienen el propósito de intentar "matar dos pájaros de un tiro", es decir, alcanzar y tratar de fragilizar a estos dos países que no se someten a sus objetivos, procurando debilitar una relación bilateral que beneficia a los dos pueblos. Con este fin, el gobierno de Trump miente descaradamente para endurecer el asedio económico contra la isla, afirmando que hay tropas cubanas en Venezuela.

Basándose en la infame Ley Helms-Burton de 1996 (administración Clinton), la ofensiva actual ataca precisamente las dos necesidades fundamentales para resolver los problemas económicos cubanos: las inversiones extranjeras y el sector del turismo, sus principales fuentes de ingresos en divisas y de empleo y generación de ingresos. Para evitar las inversiones, utilizando su arbitrario poder extraterritorial, el gobierno de EEUU decidió imponer sanciones a las empresas que han tenido una relación comercial en propiedades nacionalizados desde hace décadas por la Revolución Cubana, y para frenar el creciente flujo de turistas extranjeros a la isla caribeña (4 millones en 2018), y estableció fuertes restricciones a los viajes de ciudadanos estadounidenses a Cuba.

Pero la Revolución Cubana tiene como una de sus principales marcas la superación de obstáculos, que no han sido pocos ni fáciles de superar. ¡Nunca se rindió! ¡Y una vez más ganará!

Debido a esta historia de resistencia invicta, la mística revolucionaria de Fidel, Ché, Camilo Cienfuegos y sus camaradas de la Sierra Maestra, de su determinación de crear una sociedad sin opresores ni oprimidos, por ser actualmente el único país, pueblo y gobierno en el mundo que practica el internacionalismo proletario, nunca le ha faltado ni le faltará la solidaridad de todas partes del mundo, sobre todo de las expresiones políticas y sociales comprometidas con la construcción de un mundo sin guerras, sin hambre ni miseria, donde todos podamos compartir los mismos derechos y deberes y, como en Cuba, llamarnos compañeros.

PCB / SC: Vivimos el agotamiento del ciclo lulista, que fue derrotado por el Golpe de 2016, que culminó con el arresto de Lula y la derrota de Haddad en las elecciones de 2018. ¿Qué llevó a la crisis y la derrota de este proyecto? ¿Por qué, incluso con el cansancio del proyecto petista [del PT], la izquierda socialista no se presentó como una alternativa real para la clase trabajadora brasileña?

Ivan:
El golpe de estado contra Dilma fue consecuencia de la agravación en Brasil de la crisis mundial del capitalismo, que llevó a la burguesía a prescindir de la conciliación de clases de gobiernos petistas que, mientras la economía estaba bien, favorecida por el “boom de las commodities” (productos básicos), garantizaba expansión de las ganancias del capital, y al mismo tiempo suavizó la lucha de clases con políticas compensatorias, la cooptación y el apaciguamiento del movimiento sindical y popular.

En cuanto los efectos más graves de la crisis no llegaban aquí, los gobiernos petistas se mantuvieron en pie, sin muchos sobresaltos, durante tres períodos consecutivos (2003/2014). La gobernabilidad petista en este período estaba garantizada por una amplia alianza con los partidos burgueses, que aseguraba una holgada mayoría en el parlamento, a costa de la imposibilidad de promover cualquier cambio estructural. Una consecuencia fue no hacer absolutamente nada para mitigar el monopolio de los medios burgueses. Por el contrario, los gobiernos petistas intentaron en vano neutralizarlo con grandes subvenciones públicas. Hay un PT en la oposición y otro en el gobierno. Con la toma de posesión de Lula en 2003, su partido, que había liderado la lucha por la renacionalización del Valle de Rio Doce, privatizado bajo el gobierno de la FHC, se calló y no se movió ni una hoja al respecto.

Cuando la crisis económica golpeó el final del primer mandato de Dilma, los gobiernos petistas se volvieron anacrónicos para el sistema, ya que ya no podían sostener más la conciliación de clase (como se vio en las manifestaciones de 2013) ni garantizar, de forma rápida e intensa, las contrarreformas que el capital necesita para salir de la crisis a costa de los trabajadores. La burguesía precisaba de un gobierno para llamarlo suyo. Dilma todavía trató de complacer al capital nombrando a un Ministro de Hacienda de absoluta confianza del mercado. Mas su suerte ya estaba echada.

Las medidas tomadas por la administración de Temer dejan en claro que las razones de la impedimento de la presidenta Dilma no fueron las "pedaladas fiscales", pretexto que incluso ahora pocas personas saben de qué se trata. Incluso con un índice de rechazo popular récord y enredado en serias acusaciones de corrupción, Temer consiguió, en su breve mandato, aprobar la contrarreforma laboral, la generalización de las subcontrataciones, el "techo del gasto público" por 20 años, sin que siquiera las imágenes de una maleta con 500,000 reales llevada por un asesor de su confianza amenazara su mandato.

El golpe parlamentario, judicial y mediático contra Dilma solo fue posible porque los trabajadores y las clases populares –a diferencia de lo que viene ocurriendo en Venezuela– no acudieron al llamamiento a defenderla, precisamente porque no había logros significativos o cambios estructurales a preservar. Y fue facilitado por la conciliación de los gobiernos petistas: por la campaña de satanización de los medios que no combatieron, por el oportunismo de los Ministros del STF que nombraron y por la traición del Vicepresidente y los partidos burgueses con los que estaban asociados. En resumen: ¡el PT fue víctima de su propia conciliación!

A pesar de esta derrota, considero un error la teoría del "agotamiento del ciclo petista", que surgió en nuestro entorno después de las manifestaciones de 2013 y reforzada después del golpe contra Dilma. Esta teoría llevó al voluntarismo de pensar que el PT se estaba muriendo y que había llegado la hora de que las fuerzas de la izquierda revolucionaria lideraran un nuevo ciclo de luchas, en el que el reformismo no tendría más espacio, lo que es otra ilusión. Incluso si el PT hubiera desaparecido, el reformismo migraría a otro partido socialdemócrata, pues esta es una ideología predominante en la pequeña burguesía. Por cierto, el PSOL ya se está beneficiando del desgaste del PT.

Si tenemos en cuenta que el sistema tuvo que arrestar a Lula para que no ganara las elecciones de 2018 y que, a pesar de toda la satanización del PT (como si hubieran inventado la corrupción en Brasil), Haddad consiguió pasar a la segunda vuelta y el PT consiguió nuevamente la bancada más grande de diputados federales, tenemos que reconocer que el petismo sufrió un gran desgaste, pero no se agotó, ni siquiera en el movimiento sindical, donde tiene su mayor fuerza. El PT puede intentar regresar al gobierno por votación en 2022, ya que la crisis económica da señales de que puede agravarse. En esta hipótesis, no podemos descartar que este eventual retorno al gobierno se dé con el apoyo –en la primera o en la segunda vuelta– de sectores de las clases dominantes que deberían verse perjudicados por la contrarreforma de la seguridad social (que deberá provocar la retracción del consumo de las clases medias y populares), por la desindustrialización, que se profundizará con el acuerdo Mercosur/Unión Europea, y con el alineamiento incondicional con EEUU, que elimina mercados importantes para los productos brasileños. Más aún si las revelaciones de los entresijos de la "Operación Lava Jato" se profundizan y evidencian la parcialidad y politización del juicio a Lula.

La izquierda socialista no se ha convertido en una alternativa al cansancio del petismo por varias razones. Una de ellas fue que los medios convirtieron al PT en sinónimo de izquierda, de socialismo e incluso de comunismo. Pero hay otros factores que pesan, como la débil inserción en la clase trabajadora y los sectores populares, la incapacidad de forjar frentes de lucha unitarios más allá de las elecciones, el movimientismo y el identitarismo que predominan en la gran mayoría de las corrientes que se reivindican de la izquierda socialista. Muchas de ellas se mueven teniendo como brújula su desempeño en las próximas elecciones. Más de un año después de las elecciones municipales de octubre de 2020 –en medio de la contrarreforma de la seguridad social– los partidos reformistas ya comienzan a tratar como prioridad el debate sobre coaliciones y candidaturas para alcaldes y concejales. En las sabias palabras de un camarada, en los años impares esta izquierda se prepara para las elecciones ¡que se dan en años pares!

PCB / SC: ¿Cuál es su evaluación de los primeros meses del gobierno de Bolsonaro? ¿Cómo analiza la crisis interna del gobierno y las consecuencias de la filtración entre bastidores de Lava Jato? En este escenario, ¿qué debe defender la izquierda? ¿Cómo los movimientos sociales y populares pueden interferir en este proceso? ¿Cuál es la alternativa para que la clase trabajadora cambie una coyuntura tan adversa?

Ivan:
El gobierno de Bolsonaro simplemente no podría ser peor desde nuestro punto de vista debido al desorden diario que crea, las crisis y conspiraciones urdidas por sus hijos, su ideólogo Olavo de Carvalho y sus ministros, que atrasan el ritmo de su propio proyecto dedestruir lo que queda del estado social, de los derechos laborales, civiles y políticos y de la soberanía nacional. Pero el retroceso ya es muy grande, en todos los aspectos.

Por lo que se observa en los medios hegemónicos –la fuente más reveladora de los estados de ánimo de las clases dominantes– hay entre ellos una incomodidad con las burradas diarias y las ocurrencias del increíble presidente que han elegido. Sus propuestas prejuiciosas y ultraconservadoras y sus declaraciones histriónicas, algunas de inspiración fascista, dificultan que la inmensa mayoría derechista en el parlamento implante las reformas neoliberales que dependen de la iniciativa legislativa. La burguesía está preocupada con las medidas a su favor para superar la crisis económica, no por el "marxismo cultural", la "ideología de género" y otras extravagancias.

La crisis del momento, en el que destacan los entresijos de Lava Jato (que intensifica el conflicto entre el STF y el MPF) y las declaraciones torpes y mentirosas del Presidente sobre el encarcelamiento y asesinato de Fernando Santa Cruz por la dictadura burguesa bajo forma militar, se desarrolla exactamente en el reinicio de la tramitación parlamentaria de la contrarreforma de la seguridad social, considerada por el "mercado" como la madre de todas las llamadas reformas estructurales a favor del capital.

Mientras tanto, al menos a corto plazo, parece que no habrá ninguna iniciativa por arriba con vistas a una campaña por la destitución del Presidente. Motivos no faltarían: las fake news en las elecciones, la relación íntima del clan con las milicias en Río de Janeiro, la posible participación en el asesinato de Marielle Franco, el esquema de lavado de dinero de Flávio Bolsonaro, las evidentes maniobras para impedir la candidatura de Lula.

La razón principal de este apoyo político, aunque vergonzante, es que, bien o mal, la agenda de reformas que interesan al capital comenzó a andar en el parlamento y también en materias que son competencia del ejecutivo, como fue la privatización en tiempo récord de BR Distribuidora, por cierto, con el apoyo del STF. Es bueno recordar que los medios de comunicación y los tres poderes estatales están perfectamente en sintonía con el proyecto del capital y solo ponen obstáculos a propuestas desconcertantes del ejecutivo que sobrepasan los límites de lo que consideran civilizado, como la liberalización de la posesión de armas y portarlas y las rebajas de multas de tráfico.

Para asegurar su mandato, Bolsonaro tiende a adoptar cada vez más iniciativas que satisfagan el apetito del capital por extraer más valor. Este es el caso de la reciente Medida Provisional 881/2019, presentada por el gobierno bajo el taimado título de "MP de Libertad Económica" pero que, con el pretexto de desburocratizar las empresas, amplía los efectos perversos de la contrarreforma laboral de Temer, estableciendo el aumento de la jornada de trabajo de diversas categorías, anulando el descanso laboral de los domingos y días festivos sin negociación colectiva, la suspensión de las normas sobre salud y seguridad en el trabajo, incluida la posibilidad de extinción de las Comisiones Internas de Prevención de Accidentes, entre otras pérdidas de derechos laborales...

Otra razón importante que viene garantizando la gobernabilidad es que Bolsonaro todavía posee una sólida base social, radicalizada e idiotizada, que vendería caro un intento de destituírlo, confiando en el apoyo de las iglesias neo-pentecostales, la mayoría del Comando y especialmente de las bases de las fuerzas militares, de las policías de todos los ámbitos y esferas, del agronegocio, de los camioneros (que pueden paralizar el país) y de milicias y organizaciones de extrema derecha que pueden transformar la defensa de su “mito” en episodios sangrientos.

La burguesía solo recurrirá al proceso de destitución de Bolsonaro si ya no hubiera más condiciones de administrar las constantes crisis que él genera y se profundizara su aislamiento político, incluso entre sus garantes militares, y el desgaste de su base social, hasta el punto de no disponer más de medios razonables para intentar un autogolpe.

En cuanto a eso, la burguesía, que no puede esperar, ya arrancó una manera informal, provisional o no (dependiendo de los acontecimientos), para llevar a cabo su agenda legislativa, sin tener que depender de Bolsonaro y, en algunos casos, a pesar de él. Dispone de una bancada parlamentaria de centro-derecha más grande que la suma de la oposición de centro-izquierda y el partido de extrema derecha de Bolsonaro, forjando un parlamentarismo de hecho, bajo el liderazgo de Rodrigo Maia, elevado a la condición primer ministro de facto y quizás el próximo candidato a Presidente de la República de la mayoría de las clases dominantes, expresando un campo de centroderecha, neoliberal en economía y "democrático" en política y costumbres. Esta articulación ha reclamado la contrarreforma de la seguridad social y ya se está preparando para llevar a cabo otras reformas en interés del capital, comenzando con la de los impuestos.

Ya en el campo de la oposición llamada de izquierda y del movimiento popular, hay muchas apuestas en soluciones institucionales que en nada alterarían la actual correlación de fuerzas desfavorable.

Hay quienes son partidarios de que Bolsonaro permanezca en el cargo hasta el final de su mandato, considerando que ello complica los proyectos de la burguesía y llegaría desgastado a las elecciones de 2022, lo que facilitaría la victoria de Lula u otro candidato progresista. Y hay los que apuestan por Mourão (y, por lo tanto, la destitución del Presidente) se autoengañan por el maquillaje que el general viene haciendo de su imagen, contraponiendo sus opiniones con las del Presidente. Piensan que él no causaría tantos retrocesos y estaría abierto al diálogo.

Es preciso acabar con esas ilusiones. Un proceso de destitución previo a las reformas neoliberales importantes y la profundización del desgaste de Bolsonaro retrasaría los planes de las clases dominantes más que la incontinente diarrea verbal del Presidente y aún podría traer inestabilidad política y social. Por otro lado, los militares aún apoyan y participan en el gobierno de Bolsonaro. No son demócratas ni nacionalistas. Varios de sus exponentes, incluidos los generales Mourão, Heleno y Vilas-Boas, se han pronunciado públicamente a favor del golpe de estado contra Dilma y contra la liberación de Lula, chantajeando a la opinión pública, al parlamento y al poder judicial, y no han levantado una sola palabra contra la entrega de Embraer a Boeing y la base de Alcántara a los Estados Unidos, ni contra la saña privatizadora del gobierno. Humillados por la quema de algunos de sus generales y sin conseguir cumplir el papel moderador que imaginaban, los militares quedarán desmoralizados por su participación en este gobierno.

Dulces ilusiones! No podemos comportarnos como partidarios, en la expectativa de soluciones venidas de arriba que parezcan "menos malas". Solo la concienciación, la organización y la lucha de los trabajadores y de las capas populares, con independencia de clase, pueden evitar la destrucción de los derechos laborales, sociales, civiles y políticos y avanzar en otras conquistas. Esta es nuestra tarea principal, no pensando solo en la actual coyuntura, sino en cualquier escenario, en cualquiera correlación de fuerzas, en cualquier tiempo. No podemos subestimar las divisiones y contradicciones interburguesas que son inherentes al capitalismo; cuando sea posible, debemos aprovecharlas a nuestro favor. ¡Pero sin ilusiones! No hay divergencias irreconciliables en las clases dominantes sobre la pauta que les llevó a apoyar a Bolsonaro. ¡Mucho menos en el gobierno, donde las diferencias son de forma y estilo, no de contenido!

Otro obstáculo para el movimiento de masas es el hecho de que el campo petista privilegia el "Lula Livre!" como consigna principal, en detrimento de la lucha contra la ofensiva del capital. Esta prioridad debilita el movimiento de masas, estimulando la ilusión de que solo con las elecciones y el regreso de Lula al gobierno podemos asegurar nuestros derechos. No se trata de negar la justeza de esta consigna. El juicio de Lula fue político y selectivo, un nuevo golpe para evitar su candidatura en 2018. Debemos brindar nuestra solidaridad al ex presidente, participando en algunas iniciativas específicas de la campaña para su liberación, pero sin priorizar esta consigna o renunciar a las necesarias críticas a la conciliación de los gobiernos petistas.

Es preciso también combatir las ilusiones de clase difundidas por sectores de la socialdemocracia de "izquierda", que engañan y desmovilizan a las masas con la vana esperanza de derrocar o mitigar los planes del capital en el parlamento o en la justicia (instituciones del estado burgués), como hemos visto durante la fase de la lucha contra la "reforma" de la seguridad social antes de la votación de la primera vuelta en la Cámara de Diputados, donde, por cierto, los reformistas negocian y se concilian con su Presidente, manteniendo aún más este líder de centroderecha, querido por los medios y el "mercado". ¡Los diputados del PcdoB, por ejemplo, lo votaron para Presidente de la Cámara en la primera ronda, a pesar de que había un candidato de la bancada de la izquierda!

Otra cuestión es la caracterización del gobierno de Bolsonaro. A pesar de las declaraciones y las actitudes de inspiración fascista de su parte y su entorno político más cercano, no parece correcto definir al gobierno como fascista o neofascista, ni exageramos los riesgos del advenimiento de una dictadura abierta. Esto nos llevaría al error de privilegiar los esfuerzos para un gelatinoso frente democrático policlasista y no para la necesaria unidad de acción con la izquierda socialista y los movimientos sindicales y populares. Significaría privilegiar la lucha en defensa de la democracia burguesa, en detrimento de los derechos laborales y sociales.

A pesar de Bolsonaro, el llamado “estado democrático de derecho” funciona normalmente en estos siete meses de gobierno, aunque con un sesgo autoritario. El hecho de haber neofascistas en el gobierno no significa que estemos bajo el fascismo. Sería lo mismo que caracterizar a los gobiernos petistas como socialistas o comunistas simplemente porque los partidos que participaron en ellos todavía tienen en sus nombres estos conceptos. No hay evidencia de que las clases dominantes en nuestro país apoyarían, a día de hoy, una dictadura abierta o un proceso de fascistización, alternativas a las que recurrieron, en 1964, cuando vieron amenazas concretas de cambios estructurales, con el avance del movimiento de masas que empujaban al gobierno de João Goulart hacia la izquierda. Esto ocurrió en el apogeo de la Unión Soviética y en plena Guerra Fría, en la época de las revoluciones socialistas y de liberación nacional, y en una América Latina rebelde, donde la Revolución Cubana inspiraba movimientos revolucionarios, y que llevó al imperialismo a apoyar y articular dictaduras burguesas fascistizantes en casi todo nuestro continente.

Hoy en día, la ruptura del "estado de derecho democrático", además de ser anacrónico y absolutamente innecesario para el sistema, sería un tiro en el pie de los intereses de las clases dominantes, exactamente como lloran de rodillas por las inversiones extranjeras, que dependen de la seguridad jurídica. y estabilidad política. Además, desde la llamada "transición democrática", lenta, gradual y segura, como corresponde a los intereses de las clases dominantes, nunca ha habido una correlación de fuerzas tan favorable para asegurar los intereses del capital.

Esto no significa que la democracia burguesa (en verdad una dictadura de clase) no pueda recrudecer su lado represor. Es flexible, dependiendo de las necesidades del capital y de la correlación de fuerzas. Por eso, sin desviarnos de la centralidad de la lucha contra la ofensiva del capital en relación con los derechos laborales y sociales, no debemos perder de vista la defensa de las libertades democráticas, entendidas como el conjunto de derechos políticos conquistados, a saber, los de expresión, organización y manifestación. En ese sentido, no podemos descuidar el diálogo, puntual e independiente, con las fuerzas reformistas de centroizquierda o las precauciones necesarias relacionadas con la seguridad y la autodefensa. Cuanto más se desgasta el gobierno y las barreras a sus delirios se vuelven evidentes, más radicalizados y audaces se volverán sus partidarios.

Si hacemos una balance realista de la actual correlación de fuerzas en nuestra sociedad, desgraciadamente tendremos que reconocer que la lucha de poder no es entre izquierda y derecha, como aquí en 1964 o Venezuela en la actualidad, sino entre derecha y centro derecha, de cuyos enfrentamientos pueden surgir golpes de estado y aventuras autoritarias. En cierto modo, aún pagando el precio de los gobiernos petistas de conciliación de clases y de reformismo que hegemoniza lo que llamamos la izquierda, tenemos poca influencia en la coyuntura, siendo más espectadores de la escena política que actores.

Para revertir esa correlación de fuerzas desfavorable y avanzar en la lucha, es necesario combatir las ilusiones en soluciones institucionales, verter toda la energía militante en la concienciación, organización y movilización de los trabajadores y las clases populares y promover, en el campo de la izquierda socialista, un debate urgente con el objetivo de unificar y politizar la lucha común. En este sentido, sería fundamental realizar una reunión nacional de las centrales y corrientes sindicales y los movimientos, entidades y colectivos populares clasistas, con vista a unificar las consignas políticas, un programa reivindicativo común y una articulación nacional, superando la fragmentación de los últimos días nacionales de lucha, que han sido convocados de forma sectorial, a veces solo por las centrales sindicales o por organizaciones de estudiantes o profesores para la defensa de reivindicaciones específicas.

En cuanto a la acción de los comunistas revolucionarios (con perdón por la necesaria redundancia), la crisis mundial del capitalismo y la consiguiente profundización de la explotación y de la barbarie, nos proporcionan mejores argumentos y condiciones para esclarecer a las masas sobre la naturaleza de la lucha de clases y el estado burgués, favoreciendo la agitación y la propaganda del socialismo y el comunismo y, por lo tanto, nuestras posibilidades de inserción entre el proletariado y las capas populares, factor indispensable para el crecimiento cualitativo del partido revolucionario y para el acierto de la línea política, en los principios del marxismo-leninismo.

Nuestro principal desafío es avanzar en la construcción revolucionaria del partido, girando a la militancia para actuar en las luchas del movimiento sindical y obrero y de la juventud proletaria, promoviendo actividades propias autónomas en relación con otras fuerzas y practicando una política de alianzas con independencia e identidad propias.


(*) Ivan Pinheiro es miembro del Comité Central del Partido Comunista Brasileiro (PCB), del que fué Secretario General entre 2005 y 2016 y candidato a la Presidencia de Brasil en 2010.



[Traducción de Teodoro Santana]

Balas de odio

agosto 05, 2019

DAVID BROOKS 


Otro y otro y otro. Dos tiroteos masivos en menos de 24 horas perpetrados por jóvenes blancos estadunidenses; el saldo de ambos es de por lo menos 29 muertos y decenas de heridos. Esto, después de que hace una semana, otro joven blanco asesinó a tres e hirió a 15 en Gilroy, California. Suman 253 tiroteos masivos (definido como casos en los que cuatro o más personas son heridas o mueren por balas), y 32 matanzas por armas de fuego (definido como tres o más fatalidades en un solo incidente) en los 216 días que van del año.

Pero el ataque en El Paso, según información preliminar, no es un tiroteo más, sino un atentado de terror contra latinos e inmigrantes. Un “manifiesto” que aparentemente dejó el atacante poco antes de salir a realizar su masacre afirma que estaba haciendo esto “en respuesta a la invasión latina”.

El alguacil del condado de El Paso, Richard Wiles, escribió: “Este hombre anglo vino aquí para matar latinos. Estoy indignado… y toda la nación debería estar indignada. Es hora de levantarnos y hacer que nuestros representantes rindan cuentas a todos los niveles”.

Las autoridades están investigando el tiroteo como un acto de “terrorismo doméstico” y como un “crimen de odio”. Además del manifiesto del acusado, quien emplea el vocabulario de Trump, aparentemente también encontraron expresiones de admiración al mandatario republicano, incluyendo una foto de armas posicionadas para deletrear el apellido del presidente y el uso del hashtag sobre su muro fronterizo.

Los ataques de “odio” se han incrementado con Trump; más de 17 por ciento el año pasado, según la FBI. Los casos de terrorismo doméstico también (la agencia informa que desde el 11/S, más estadunidenses han muerto en atentados terroristas domésticos que en internacionales). En El Paso se combinaron. No es la primera vez. El jefe de la FBI, Christopher Wray, reportó que ha realizado cerca de 100 arrestos relacionados con “terrorismo doméstico” este año –cifra superior al total de 2018– y la mayoría de éstos están vinculados a la supremacía blanca.

Crímenes de odio y actos de terrorismo doméstico no son nuevos, y han ocurrido con presidentes demócratas y republicanos. Pero en tiempos modernos nunca se había responsabilizado a un presidente y a su gobierno de nutrirlos como ahora.

Organizaciones de defensa de libertades civiles y derechos humanos, líderes de organizaciones latinas, afroestadunidenses, musulmanes y judíos han advertido repetidamente sobre las consecuencias de la retórica presidencial. Este domingo, varios candidatos presidenciales acusaron directamente a Trump (quien estaba gozando un fin de semana de golf durante las mismas 24 horas de horror en su país), por fomentar la violencia con su retórica antimigrante y racista.

El pasado martes, antes del incidente ocurrido en El Paso, Texas, el liderazgo de la Catedral Nacional en Washington –la catedral de presidentes y de actos político-religiosos nacionales– emitió una sorprendente e inusitada reprobación de un mandatario. “No se equivoquen, las palabras importan. Y las palabras del señor Trump son peligrosas… Cuando palabras violentas tan deshumanizantes provienen del presidente de Estados Unidos, son un llamado de clarín, y un escudo, a supremacistas blancos que consideran a personas de color como una ‘infestación’ subhumana de Estados Unidos... Palabras violentas llevan a acciones violentas”. La declaración pregunta: Después de dos años de las palabras y acciones del presidente Trump, ¿cuándo será que los estadunidenses digan basta? ¿Cuándo es que el silencio es complicidad? ¿Qué se necesitará para que todos digamos, a una voz, que ya basta? La pregunta no es tanto sobre el sentido de la decencia del presidente, sino sobre el nuestro”.

Tal vez sea el momento indicado para que los gobiernos, incluido el de México, emitan alertas oficiales a sus ciudadanos sobre el peligro de viajar o residir en Estados Unidos, dadas las condiciones violentas y hostiles impulsadas por un régimen racista y xenófobo.

¿O será necesario contemplar preparativos para ofrecer refugio a estadunidenses que ya temen por sus vidas bajo este régimen?



No entregar la familia a la religión

agosto 05, 2019

CLAUDIO LOMNITZ 


Desde que Federico Engels escribió su importante libro sobre de la familia, la propiedad y el Estado (1887) –y en realidad desde la publicación del Ancient Society, del gran Lewis Henry Morgan (1877)– ya sabemos que existe una relación estrecha entre la economía y la organización de los lazos primordiales (“la familia”). Hoy vivimos momentos en que importa recordar esto, porque la transformación actual de la economía ha puesto en jaque a la familia tradicional. Hoy es necesario inventar nuevas formas de lo común; nuevos lazos íntimos y solidarios.

Solemos comprimir demasiados asuntos en el concepto de neoliberalismo cuando, en parte al menos, el neoliberalismo que se impuso mundialmente desde los años 70 y 80 ha sido un efecto de una revolución tecnológica. Y los efectos de esa transformación tecnológica permanecen, aun cuando el neoliberalismo haga agua por todas partes. Veamos.

Ya desde inicios del siglo XX, la mecanización y el fordismo hicieron posible un movimiento de emancipación femenina cada vez más potente. La masificación de la lavadora, el refrigerador y el molino de nixtamal ahorraron horas de trabajo femenino que podían ser usadas de otras maneras. El desarrollo de métodos anticonceptivos profundizó y amplió este proceso. Y la revolución de las comunicaciones, a partir de la década de 1980, ha ofrecido por fin condiciones para llevar a término ese larguísimo proceso, porque el encierro doméstico de la mujer se vuelve más difícil con los teléfonos inteligentes y las redes sociales.

El movimiento #MeToo es muy buen ejemplo de esto. Y el de México es un caso dentro del ejemplo. En México las mujeres no pueden acceder fácilmente a la justicia. Las instituciones las escuchan demasiado muy poco y seguido se ceban contra de ellas. En la vía pública el acoso es tan frecuente que ya ni siquiera parece merecer un comentario. El aparato de justicia se hace de la vista gorda incluso ante la violación y el feminicidio. Con demasiada frecuencia el terror en casa forma parte de lo normal. Pero a pesar de todo eso, surge aquí un movimiento de denuncia y de humillación pública del abusador, basado justamente en las redes sociales, que moviliza tanto a las mujeres y a sus aliados masculinos, que obliga a las instituciones a comenzar a cambiar. La revolución de las comunicaciones –que, repito, no es lo mismo que el neoliberalismo– va ofreciendo condiciones para cerrar el arco largo (tan dolorosamente largo) de la emancipación del sexo femenino.

Y la transformación de las condiciones económicas de la familia tampoco termina ahí. La crisis ambiental actual introduce una diferencia muy marcada en el futuro de una generación frente a la otra. Ya la juventud no puede esperar que su futuro sea una versión más o menos parecida al mundo de sus padres. Y es que el futuro de los jóvenes está siendo destruido por la generación adulta. Como ha escrito recientemente Natalia Mendoza, los niños de hoy son, quizá por primera vez en la historia, genuinos sujetos políticos, con sus propios intereses. Reclaman otro futuro que el que estamos generando los mayores.

Por último, a todo esto hay que agregar otro cambio: la precarización del empleo. La cibernética y la robótica han golpeado al proletariado industrial tan profundamente, que esa clase ya no podrá ser la vanguardia del cambio futuro, como había pensado Marx. Además, la precarización del empleo mina a la familia obrera tradicional. El empleo precario requiere de nuevas formas de interdependencia, que sustituyan la dependencia económica en la figura del trabajador-proveedor (que era, normativamente, el padre de familia).

Todas estas condiciones juntas –revolución cibernética, de comunicaciones, y robótica– han puesto en crisis a la familia tradicional. Los hijos ya no pueden independizarse fácilmente de sus padres. Los jóvenes no se quieren casar, o no quieren tener hijos. Las parejas se separan fácilmente. Los niños reclaman derechos que son difíciles de conceder para los adultos. Las mujeres buscan una vida separada de la opresión y explotación familiar.

Las iglesias todas han reconocido esas crisis desde el principio y, en cierto modo, viven, en muy buena medida, justamente de los miedos que manan de la pérdida de las relaciones tradicionales. Y lo ofrecen a sus feligreses sobreponerse a esos temores con una estrategia doble: reafirmar la centralidad de la vieja familia, y ofrecer una comunidad solidaria, una red de apoyo, para los que demuestren ser fieles al Ideal. Han tenido en esto un éxito relativo, pero las limitaciones que tienen las salidas religiosas a la crisis familiar las conocemos bien: el neotradicionalismo religioso suele refugiarse, al final, en el patriarcado y también en las jerarquías intergeneracionales de siempre. Por eso suele ser, también, insuficientemente crítico de la degradación ambiental que afecta tanto a nuestros hijos y nietos.

Por todo esto, estamos hoy necesitados de volver a inventar formas de organizar la vida en común. De inventar nuevas familias y nuevas maneras de vivir en común. Hoy tenemos que inventar nuevas acepciones de la vieja palabra “comunismo”.



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