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El capital natural: metáfora peligrosa

noviembre 18, 2019

ALEJANDRO NADAL 


Desde hace tiempo se ha difundido la idea de que estamos destruyendo la naturaleza porque no le hemos puesto un precio a sus diferentes componentes. Según ese razonamiento, el que la naturaleza no tenga precio conduce a la idea de que su destrucción no tiene, por tanto, costo. Y esto es lo que explica el terrible proceso de destrucción ambiental. Si sólo pudiéramos atribuir un precio para todo lo que está en la naturaleza podríamos tener una idea clara del costo económico en el que estamos incurriendo y se evitaría así la destrucción del medio ambiente.

Esta es una idea enraizada en el pensamiento económico tradicional. No sólo está profundamente equivocada. También entraña una amenazadora visión sobre las relaciones entre las fuerzas de mercado y la naturaleza en una economía de producción monetaria.

Vinculada con esta supuesta lógica económica se encuentra la noción de “capital natural”, producto de una de las más insensatas y peligrosas metáforas que se han introducido en la economía ambiental (neoclásica) y en la economía ecológica (que nunca pudo hacer una crítica seria de la teoría neoclásica). Según esta idea, los componentes de la naturaleza pueden ser concebidos como un capital o un acervo que produce “servicios”. Los abogados de esta visión del capital natural proponen utilizar diversas técnicas de “valuación de la naturaleza” para poder asignar a esos servicios ambientales y así tener una medición rigurosa sobre el costo de la destrucción ambiental.

Los defensores de esta metáfora del “capital natural” insisten en que así como se puede apreciar el valor de un acervo de capital en la esfera económica, es posible proyectar el “rigor de la teoría económica” para poder apreciar el valor del capital natural que estamos destruyendo. Lástima que no están familiarizados con la teoría económica. Si lo estuvieran no habrían escogido este camino para tratar de imprimirle “rigor científico” al tema de la valuación de la destrucción ambiental.

De todas las metáforas derivadas de la teoría económica, la más desafortunada es la del capital natural. Entre 1955 y 1970 se llevó a cabo una de las controversias más importantes de teoría económica y fue precisamente sobre la teoría del capital. El resultado de este debate fue contundente: en una economía en la que los medios de producción son mercancías producidas, los precios dependen no sólo de la tecnología de producción, sino también del estado que guarda la distribución del ingreso entre trabajadores y capitalistas. Este resultado fue terrible para la teoría económica que pretendía determinar la tasa de ganancia en la productividad marginal del capital. Para determinar la productividad marginal del “capital” es necesario medir el capital en términos de valor (o precios), pues los componentes del capital son entidades físicas heterogéneas (máquinas, camiones, tractores, edificios) que no pueden ser sumados. Pero si los precios dependen también de la tasa de ganancia, tenemos una circularidad desastrosa: la tasa de ganancia depende de los precios y éstos de la tasa de ganancia. La idea de que se puede medir el capital independientemente de las condiciones de la distribución tuvo que ser abandonada.

Los promotores de la metáfora del capital natural ignoran todo lo que esto implica y con sus “técnicas de valuación de la naturaleza” pretenden medir con precisión económica los componentes de la naturaleza. Desgraciadamente, muchos biólogos y ecólogos profesionales han sucumbido frente al engaño de un supuesto rigor en el pensamiento económico y han terminado por abrazar con gran fervor esta noción de capital natural. Ya podrían mostrar un poco más de precaución al aproximarse a una disciplina de la que no conocen ni la historia ni los conceptos fundamentales, ni los debates teóricos que han marcado su desarrollo.

La noción de capital natural es promovida hoy por poderosos organismos internacionales. El gobierno británico acaba de lanzar una iniciativa sobre la “economía de la diversidad biológica”. Se trata de un informe que estaría destinado a tener la misma resonancia que el Informe Stern, sobre economía del cambio climático, dado a conocer en 2006. Esta vez el estudio será dirigido por Partha Dasgupta, economista de Cambridge que ha sido gran promotor de las ideas de capital natural y de la valuación de los componentes de la naturaleza. El “Informe Dasgupta”, que desde ahora se está promoviendo como documento clave para frenar el deterioro ambiental, será dado a conocer en octubre 2020, justo antes de la Conferencia de las Partes de la Convención sobre Diversidad Biológica.

La metáfora de capital natural no conduce a una mayor precisión en la medición del deterioro ambiental. Además, no permite analizar los verdaderos motores económicos de la destrucción ambiental. Los que proponen poner precio a todo lo que hay en la naturaleza son como el cínico que nos describe Oscar Wilde, uno que conoce el precio de todo pero el valor de nada.


[Twitter: @anadaloficial]



La sucia herencia de los golpes militares abre de nuevo las venas de Bolivia

noviembre 15, 2019

VICKY PELÁEZ

"Los que cierran el camino pacífico a las revoluciones,
abren al mismo tiempo, las puertas a las revoluciones violentas"
John F. Kennedy (1917-1963).

El golpe de Estado en Bolivia dejó boquiabierto al mundo que vivía convencido de que los tiempos de las intervenciones sangrientas militares habían quedado en la historia. Todos se equivocaron, incluyendo al mismo Evo Morales al desestimar el poder norteamericano.

Desde la aparición del líder indígena y cocalero en la escena política de Bolivia hace 13 años, el poder norteamericano desató una guerra híbrida contra el Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) usando todos sus trucos sucios para deshacerse del que fue declarado en 2009 por las Naciones Unidas el Héroe de la Pachamama.

Desgraciadamente, Washington logró su objetivo orquestando un golpe de Estado teledirigido después de siete meses de una intensa campaña para enlodar a Evo Morales y al MAS.

Lo nuevo y lo más trágico en este acontecer fue la actuación de la Central Obrera Boliviana (COB) que lejos de defender, pidió la salida de Evo Morales antes que lo hiciera el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Bolivianas (FAB), el general Williams Kaliman y el comandante general de la Policía, el general Vladimir Yuri Calderón.

El 10 de noviembre, la COB, tras el aumento de la violencia desatada por la derecha boliviana agrupada en torno al candidato Carlos de Mesa Gilbert y al jefe del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho Vaca, magnate e integrista cristiano, pidió al presidente Morales "renunciar si era necesario... El pueblo está pidiendo... Si es para el bien del país, si es por la salud del país, que renuncie nuestro presidente".

Suena paradójico que la principal central sindical del país con 60 sindicatos afiliados que representan cerca de un millón de obreros, campesinos, profesionales, trabajadores asalariados, independientes y estudiantes se olvidara rápidamente de los 13 años de crecimiento económico, estabilidad política e inclusión social que promovió el primer presidente indígena en la historia boliviana, a quien el recientemente elegido mandatario argentino, Alberto Fernández, caracterizó como "el primer presidente de Bolivia que se parece a los bolivianos".

Es difícil de entender las razones de los sindicalistas de no defender a Evo Morales, quien mejoró la vida de millones de bolivianos, devolviendo la dignidad a los más desposeídos, los alfabetizó y recuperó los recursos naturales que estaban en manos de corporaciones extranjeras como la española Repsol, Petrobras de Brasil, la francesa Total y los ductos en manos de compañías norteamericanas.

Evo Morales contó durante una entrevista a Rebelión en junio de 2016: "Teníamos en 2005 un Estado mendigo, un Estado limosnero. En la parte económica todo era impuesto por el Fondo Monetario Internacional. El Fondo tenía su oficina en el Banco Central de Bolivia. La CIA era un parásito que tenía sus oficinas en el Palacio Nacional. El grupo militar de EEUU tenía las suyas en la sede de las Fuerzas Armadas en el Gran Cuartel General de Miraflores. Cuando había conflicto político y los partidos de la derecha se peleaban, el embajador de Estados Unidos era el padrino…Teníamos una democracia pactada. Todo era pacto. Era legal, pero no había legitimidad".

El Gobierno de Evo Morales logró refundar al país políticamente. En lo económico, hizo nacionalizar los recursos naturales y las empresas estratégicas, y en lo social, organizó la redistribución de la riqueza. Sin embargo, al concentrar toda su atención en lo económico y social para mejorar la vida de los bolivianos descuidó o no tuvo suficiente tiempo para cambiar la mentalidad militar basada en la doctrina norteamericana de la seguridad nacional.

Tal vez se confió inocentemente en las palabras del general Williams Kaliman, quien lo llamaba "hermano Evo" y se declaraba "anticolonialista e institucionalista" irónicamente, como lo hacía Pinochet en la época de Salvador Allende. No se produjeron grandes transformaciones ideológicas en las Fuerzas Armadas. Es más, se quedaron intactas las directrices de la seguridad hemisférica diseñadas por el Comando Sur norteamericano. No cambió nada con la aparición de nuevos tenientes o capitanes provenientes de los sectores populares hablando aymara. A diferencia de Venezuela, el Gobierno del MAS no logró crear una fuerte unión cívico-militar.

Recién en 2016 se inauguró la Escuela de Comando Antiimperialista, General Juan José Torres Gonzales a la que deben asistir todos los militares que desean ascender al grado de capitán. Allí, los asistentes tienen que tomar obligatoriamente varios cursos afines a la ideología de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA) y en especial el curso de Geopolítica del Imperialismo. Lo que quería hacer Evo Morales era crear una réplica inversa de la Escuela de las Américas que actualmente se llama Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad.

El 9 de agosto pasado, el presidente Morales propuso inclusive la creación de un Comando Sur Antiimperialista con la participación de Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba. Ya era tarde porque el golpe diseñado en EEUU que incluía a los sectores civiles, empresariales, religiosos, policiales y militares estaba en marcha bajo la supervisión de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Las Fuerzas Armadas y las policiales estaban listas también para tomar parte decisiva en la destitución de Evo Morales y solamente estaban esperando su oportunidad. No hay que olvidar que desde la independencia de Bolivia en 1825 hasta 2019 hubo 189 golpes en 194 años. Tan solo el 6 de octubre de 1970, el país tuvo seis gobernantes en 24 horas.

Y tal oportunidad se presentó finalmente a los militares después de que el expresidente de Bolivia Carlos de Mesa Gilbert y el próspero empresario santacruceño, Luis Fernando Camacho Vaca, supremacista blanco y golpista, hicieron todo lo posible para desestabilizar a Bolivia desatando violencia a nivel nacional contra el Gobierno del MAS so pretexto del fraude electoral desconociendo los resultados electorales de las elecciones y finalmente exigiendo abiertamente la renuncia de Evo Morales.

Todo esto sucedió después de una larga preparación que se comenzó, según el periodista Álvaro Verzi Rangel en abril pasado cuando el Gobierno de Donald Trump asignó 100.000 dólares a la consultora CLS Strategies que posee la mayor base de datos de bolivianos dentro y fuera del país.

A la vez, la estación de la CIA en La Paz tomó el control de redes de WhatsApp filtrando noticias falsas para alarmar y asustar la población. El periódico digital boliviano, Primera Línea reveló que el mismo día de las elecciones, el Sistema de Cómputos de votos fue intervenido por misteriosos hackers norteamericanos.

El mismo día del golpe, se inició una campaña para legitimar la destitución del presidente. Se crearon 4.500 cuentas nuevas en Twitter sin tener ningún seguidor para instalar el hashtag #BoliviaNoHayGolpe.

El 15 de octubre pasado, el mismo Evo Morales denunció que un vehículo de la Embajada norteamericana ofreció a los habitantes de los Yungas obras en esta zona a cambio de que no voten por Evo Morales en las elecciones del 20 de octubre. De acuerdo a Álvaro Verzi Rangel, el Departamento de Estado norteamericano contrató al especialista israelí y exasesor de Benjamín Netanyahu para promover desestabilización del régimen de Evo Morales, manipulación de encuestas, diseminación de fake news para producir erosión social, cultural y política en el país orquestando acciones violentas en Tarija, Chuquisaca, Oruro y La Paz.

Los funcionarios del Departamento de Estado acreditados en Bolivia, Mariane Scott y Rolf Olson, mantuvieron reuniones con diplomáticos de Brasil, Argentina, Paraguay, Colombia, España, Ecuador y Chile en La Paz para pedir su colaboración en acciones de desestabilización del Gobierno de Evo Morales y fragmentación de las Fuerzas Armadas y fuerzas policiales.

La violencia dirigida por Luis Fernando Camacho, llamado el 'Macho' por su prepotencia, oratoria exacerbada, racismo y su fanatismo religioso produjo quemas de tribunales electorales, ánforas, actas de elecciones, casas de maestros y autoridades del MAS. La casa de la hermana del presidente fue quemada y la casa del mandatario en Cochabamba fue saqueada después de la renuncia de Evo Morales el pasado 10 de noviembre. Según se dio a conocer por redes sociales comandos del golpe cívico-militar-policial querían quemar la casa del vicepresidente Álvaro García Linera, uno de los grandes intelectuales de América Latina y su biblioteca con más de 30.000 libros. Las bandas de Camacho empezaron una cacería de los periodistas afines al Gobierno.

El director del periódico rural José Aramayo fue amarrado a un árbol en el barrio paceño Miraflores mientras otros periodistas lo entrevistaban en esta situación. Los medios estatales BTV, RPN y la radio de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia fueron intervenidos y hasta el canal cultural privado Abia Yala TV fue desalojado.

Fue un golpe supremacista blanco de las élites bolivianas agrupadas en torno al expresidente Carlos Mesa partidario del neoliberalismo y al líder del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, quien desde su juventud estaba ligado a grupos paramilitares que "realizaban actos de racismo y discriminación contra habitantes e instituciones indígenas", según la Federación Internacional por los Derechos Humanos.

Su exclamación al entrar al Palacio de Gobierno, con la Biblia en la mano y el rosario, "¡nunca más volverá la Pachamama al Palacio de Gobierno!" explica claramente su racismo y su desprecio a la gran mayoría de la población de Bolivia representada por los aymaras.

Tanto es el odio de las élites bolivianas a lo autóctono de su país que hasta declararon una guerra a la wiphala, el símbolo que representa a las comunidades andinas y que fue elevada a bandera nacional en la Constitución de 2008. Los grupos paramilitares de Camacho recorren La Paz quemando y pisoteando la wiphala que encuentran a su paso.

Pero además del sentimiento enfermizo de odio hacia Evo Morales por líder de estas bandas, Luis Fernando Camacho tiene también razones económicas debido a las pérdidas y deudas millonarias que sufrieron sus empresas al nacionalizar el indio, el gas en Santa Cruz.

En tales condiciones no le quedaba otra alternativa a Evo Morales que abandonar el país especialmente después de la emisión de orden de su aprehensión y el desplazamiento de policías y militares a Chapare para arrestarlo y posiblemente ejecutarlo bajo cualquier pretexto. Por intermedio del recién elegido presidente de Argentina, Alberto Fernández, el Gobierno mexicano le otorgó el asilo político a Evo Morales y envió al canciller Marcelo Ebrard para garantizar la seguridad del presidente depuesto.

En vuelo de retorno a México, el Gobierno peruano de Martín Vizcarra y el ecuatoriano de Lenín Moreno mostraron su verdadera esencia de "perritos falderos y sumisos" de EEUU al negar el permiso al canciller del país amigo México, Marcelo Ebrard, de sobrevolar Perú y Ecuador por "razones políticas".

Esto hace recordar el retorno de Evo Morales en 2013 a Bolivia de Moscú cuando Italia, España, Francia y Portugal no le permitieron al avión presidencial entrar en su espacio aéreo. Posteriormente se supo que la orden provino de la CIA. Ahora la historia se repitió otra vez.

Evo Morales ya está a salvo en México y dispuesto, según sus declaraciones, a "seguir luchando" por su país. Mientras tanto la violencia, persecución, arrestos, disparos están amedrentando a la población de La Paz y otras ciudades. A la vez el proceso de la consolidación del golpe avanza sus pasos con el respaldo de Donald Trump, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, otro "perrito faldero" de Washington y la comisionada de relaciones exteriores de la Unión Europea, Federica Mogherini, que interpretaron al golpe de Estado como "reposición de la legalidad constitucional".

También reconocieron como presidente de Bolivia a la exconductora de televisión Jeanine Áñez Chávez después de su aceptación por la Fuerza Armada y la fuerza Policial. Para darnos cuenta de lo que representa esta actual lideresa temporal de Bolivia vale la pena recordar lo que ella tuiteó el 14 de abril de 2013: "Sueño con una Bolivia libre de ritos satánicos indígenas. La ciudad no es para indios, que se vayan al Altiplano o al Chaco".

Se olvidan los golpistas y esta señora descrita en México como "teñida de güera y con aires de raza aria" que la última palabra siempre pertenece al pueblo. Por lo pronto los Ponchos Rojos ya están en La Paz prometiendo una revolución de wiphala. La Coordinadora de las Seis Federaciones de Trópico decretó un plan de lucha para bloquear las carreteras del país y organizar un cerco sobre la ciudad de La Paz. La conformación de un proceso de resistencia avanza en El Alto, en las zonas rurales, en carreteras, ciudades.

Álvaro García Linera, el principal intelectual del MAS al abordar el avión mexicano junto con Evo Morales recordó la frase de Túpac Katari: "Volveremos y seremos millones", agregando después: "Luchar, vencer, caerse. Levantarse, luchar, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino".



Proyecciones geopolíticas hemisféricas: Golpe de Estado en Bolivia

noviembre 12, 2019

RICARDO OROZCO


En Bolivia, el ya expresidente Evo Morales, tras el golpe de Estado en su contra, ha renunciado a su cargo pese a ganar las elecciones.

América se encuentra atravesando por un momento de verdadera crisis regional en la que lo primero que se encuentra en cuestión es la vigencia del patrón de poder que recorre a la totalidad del Sur del continente, desde la frontera Norte de México hasta la Tierra del Fuego, en Argentina. Múltiples intereses se están reorganizando desde hace algunos años, cuando las fortalezas y el estatuto hegemónico de los proyectos de gobierno progresista, inaugurados a principios de este siglo, comenzaron a perder su impulso orgánico y a ser cada vez más asediados por intereses contrarios; buscando abrir y hacer sangrar las porosidades presentes en los débiles equilibrios de fuerzas que los llevaron y los mantuvieron en el control del Estado y de su andamiaje gubernamental durante una década.

En términos generales, y quizás un tanto simplistas, hoy la región se encuentra en disputa por dos potencias en tensión, hasta cierto punto simétricas (o por lo menos ahora no tan asimétricas) dentro del marco de referencia que provee la disputa hegemónica global: por un lado, las fuerzas progresistas construidas desde la base, durante una década, por estos gobiernos; y por el otro, la articulación de los intereses que siempre les fueron reaccionarios y las nuevas clases sociales y grupos de poder que el propio progresismo formó, nutrió e hizo crecer no tanto porque quisiera minar su propia hegemonía, sino porque fueron resultado de las políticas sociales de masas que, en cierto sentido, les aburguesaron (estratos medios que en un corto periodo de tiempo escalaron la pirámide socioeconómica nacional hacia deciles más altos y mejor acomodados).

En su escala regional, eso se ve reflejado en los contrastes hoy tan palpables y tan polarizantes que se abren entre gobiernos abiertamente militaristas (Brasil) y sus opuestos con vocación y principios revolucionarios vigentes (Cuba). Lo que hay en el medio son un montón de matices que, no obstante su amplio espectro, se mantienen en línea con ese rango de polarización que domina en el grueso de los conflictos sociales vigentes. Los niveles a los cuales ha escalado la violencia en momentos de resistencia social como en Ecuador y Chile, frente a los ajustes fondomonetaristas, dan cuenta de ello.

La reciente excarcelación de Luiz Inácio Lula da Silva y el triunfo electoral de Fernández-Fernández han acaparado la atención y han orientado los ánimos en dirección a un nostálgico optimismo que a ratos, de manera muy intensa, hizo creer a muchos círculos que el ciclo progresista estaba de vuelta, luego de un breve periodo de interrupción que ya se estaría agotando. La marcha atrás del Gobierno ecuatoriano respecto del alza de precios a los combustibles y el cambio de gabinete en el Gobierno de chile, por su parte, se sumaron a esa construcción narrativa que poco a poco iba perfilando que quizá las cosas podrían regresar al cauce en el que se encontraban cuando convergieron Chávez, Lula, Evo, Cristina Fernández, Correa y Mujica.

¡Nada más lejos de la violenta realidad que se oculta en los conflictos vigentes en esos países!

Bolivia es el eslabón más reciente, con un golpe consumado este diez de noviembre; golpe que, además, ya perfila algunos de sus rasgos más fascistoides: la persecución del presidente Morales y su vice, García Linera; pero también la amenaza de muerte al resto de su gabinete y a un cúmulo de funcionarios gubernamentales que o bien se encuentran en estado de sitio o de experimentar en carne propia los procesos de detenciones masivas que caracterizaron a las dictaduras cívico-militares del siglo pasado. En cualquier caso, lo que ya es una realidad es que varias ciudades ya arden en llamas porque el golpismo utilizó como táctica de guerra la incineración de los hogares de funcionarios, políticos y líderes sindicales afines al Movimiento Al Socialismo (MAS).

La coyuntura específica del golpe se dio a partir de los comicios celebrados el pasado veinte de octubre, en los que el MAS y la fórmula Morales-García Linera obtuvo el triunfo sin necesidad de tener que irse a segunda vuelta electoral. Desde entonces, y hasta hoy, el Gobierno electo de Evo procuró ofrecer las mayores concesiones políticas posibles para que la violencia desplegada por la derecha no escalara. La voracidad de ésta, no obstante, no disminuyó, sino que se radicalizó y llegó hasta la consumación del golpe con la declaratoria del ejército boliviano, el mismo día diez por la noche, de expedir una orden de aprehensión en contra de Evo Morales.

Los esfuerzos del Gobierno de Evo para evitar este escenario fueron múltiples y no fueron de consecuencias menores. No únicamente se decidió establecer, en primera instancia, una mesa de diálogo y concertación políticas, sino que, al no ser aceptada por el golpismo, se prosiguió con aceptar una auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA) a la totalidad del proceso electoral. Y cuando ésta emitió su resolutivo (que solo ratificó su desconocimiento de los resultados y acentuó su exigencia de reponer el proceso electoral), el Gobierno cedió y aceptó reponer la elección. Hubo un momento, inclusive, en el que se optó por reestablecer relaciones diplomáticas con Estados Unidos (el siete de noviembre pasado), luego de once años de haber roto lazos.

Los grupos golpistas, por supuesto, aceptaron todas las concesiones realizadas pero no disminuyeron su beligerancia. Los llamados del Gobierno de Evo a la pacificación y a las bases del MAS a defender el voto no sirvieron ante un cúmulo intereses que por las calles ya exigían destape una guerra civil, y que en ningún momento fueron controladas y menos aún reprimidas por las instituciones del Estado. El presidente y su vice comenzaron a ser abandonados el fin de semana (del nueve y el diez de noviembre) cuando, en primera instancia, la Central Obrera Boliviana retiró su apoyo a Evo y Linera y les exigió restituir el proceso electoral, para luego ser un abandono aún más profundo cuando los ministros de su gabinete y gobernadores locales renunciaron en masa a sus cargos.

El Ejército selló el golpe en el momento en que exigió a Evo renunciar para mantener la estabilidad; solo para que en acto seguido exigiese su encarcelamiento, esa misma noche. En el fondo, lo que se perfila con el ejército controlando el Estado y al andamiaje gubernamental es una carnicería en la que el objetivo fundamental será depurar a los liderazgos constituidos en la década pasada, y así llevar a su mínima expresión las posibilidades de que las bases del MAS resistan y se recuperen.

Las fuerzas de izquierda en el continente se pronunciaron de inmediato respecto del conflicto y gobiernos como el de México ofrecieron el recurso del asilo diplomático ante la inminente catástrofe que se avecina. Pero lo cierto es que Estados Unidos y sus brazos armados en América han aprendido algo de su propia historia golpista y de los recientes eventos en el continente. La embajada de México en Bolivia fue cercada hacia el anochecer y el presidente, así como muchos y muchas funcionarias de su Gobierno, no cuentan con los medios expeditos para abandonar el país.

Durante trece años, el Gobierno de Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera sorteó el destino que el capital transnacional y los Estados coloniales de Occidente le fueron labrando al resto de América. Cada uno, a su manera, fue cayendo. Los últimos años solo Cuba, Venezuela y Bolivia se mantuvieron en la resistencia. Sin embargo, la restitución, poco a poco, de las fuerzas de izquierda que en estos días se han venido sucediendo (excarcelación de Lula, Victoria del Frente en Argentina, el Morenismo en México, la resistencia en Centroamérica, Cuba y Venezuela ante nuevas formas de hacer la guerra) tiene como correlato imperativo impedir, a toda costa, la conformación de un nuevo bloque que ahora sí sea continental, ya con México en sintonía.

La convergencia de Correa y Fernández en México, la misma semana, días después de la victoria del MAS, en Bolivia; y días antes de la excarcelación de Lula, en Brasil; presenta ese tamiz. La reactivación del discurso estadounidense que plantea reconocer a los carteles del narcotráfico como grupos terroristas (luego de los eventos en Culiacán) se inscribe, también, en esa tesitura, toda vez que posibilita justificar una intervención en México bajo el velo de la guerra global en contra del terrorismo.

Evo, sin duda, concedió tanto y decidió renunciar para no llevar a su sociedad a una guerra civil en la que la represión adquirirse proporciones mayores a las presentes en Argentina, Brasil y Chile. Qué tanto esa serie de decisiones fueron errores estratégicos de cara al golpismo eso es algo que está por verse. Pero lo que es un hecho es que al gobierno del MAS lo dejaron solo y lo traicionaron los intereses que su propia trayectoria histórica fortaleció durante una década.


(*) Ricardo Orozco es Internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México [@r_zco]




Período negro, destino abierto

noviembre 11, 2019

GUILLERMO CASTRO H. 

Para Lucho Goldman,
desaparecido, asesinado, y renacido
en Chile 46 años después

“En política”, solía decir el General Omar Torrijos, “no hay sorpresas, sino sorprendidos”. Su razón parece comprobarse a la luz de lo que Immanuel Wallerstein (1930-2019) nos advirtiera en 1994 sobre las contradicciones internas que conducían al sistema mundial hacia la crisis global que hoy enfrenta.[1]

Aquella reflexión estuvo dedicada, en particular, a la formación y crisis del liberalismo como geocultura del sistema mundial entre 1848 y 1989, y a la contribución de esa crisis al proceso de desintegración de ese sistema. Hoy, cuando las movilizaciones de protesta recorren el mundo desde Hong Kong a Bagdad, Beirut, Barcelona y Santiago de Chile, resalta en ella su perspectiva histórica.

Wallerstein empezaba entonces por recordarnos que, para fines del siglo XVIII, el sistema mundial constituía una estructura que incluía ya una división del trabajo para la transferencia de plusvalía desde las zonas periféricas a las centrales, y un sistema político compuesto por “estados que se declaraban soberanos”, pero carecía aún de “de una geocultura legitimadora”. Esa geocultura vino a ser forjada a partir de dos ideas característica de la Ilustración: que “el cambio político era algo normal, no excepcional; y que la soberanía residía en el ‘pueblo’, no en un soberano.”

Desde allí, el liberalismo emergió en el siglo XIX ante el conservadurismo y el socialismo como la ideología más adecuada “para dar a la economía-mundo capitalista una geocultura viable”, haciendo del centrismo “una estrategia activa”, sustentada por la premisa ilustrada de que “el pensamiento y la acción racionales eran el camino hacia la salvación, hacia el progreso”, mediante "el cambio político normal".

Ese cambio, debía ser guiado por “los más educados, los más cualificados, los más sabios”: hombres que -como Winston Churchill o John F. Kennedy, por ejemplo- podían ser a un tiempo “favorables al laissez-faire y a las leyes fabriles”, según conviniera a lo realmente fundamental: “el progreso deliberado y mesurado hacia la buena sociedad”, apaciguando a las clases trabajadoras sin afectar “los elementos esenciales del sistema capitalista.” De este modo, el liberalismo no fue por necesidad “antiestatista”, pero si fue antidemocrático, pues al concentrar el poder en aquella “meritocracia” evitaba los riesgos de “el poder de todo el pueblo, la democracia”.

Para fines del siglo XIX, el liberalismo garantizó a los trabajadores rurales y urbanos del mundo Noratlántico el sufragio universal, el comienzo del Estado de bienestar y una identidad nacional, todo ello bajo el envoltorio del "reformismo racional". Sin embargo, para entonces las clases peligrosas del mundo no europeo comenzaban a agitarse políticamente, desde México a Afganistán, Egipto, Persia, la India y China, y el "normal cambio político" y la "soberanía" pasaron a ser aspiraciones de los pueblos del mundo entero.

A partir de ese momento, los liberales se preocuparon por “la extensión del concepto de reformismo racional” al conjunto del sistema-mundo, desde Woodrow Wilson y su "autodeterminación de las naciones", hasta Harry Truman con su Punto IV, destinado a favorecer el "desarrollo económico de los países subdesarrollados", tras la Segunda Guerra Mundial. La universalización del liberalismo en el siglo XX, sin embargo, se tornó más compleja con el ascenso de los movimientos de liberación nacional de las décadas de 1960 y 1970, que reclamaban para sus pueblos las virtudes “del programa liberal de autodeterminación de las naciones y desarrollo económico de los países subdesarrollados.”

A partir de allí, junto a un primer mundo liberal, con su derecha conservadora y su izquierda socialdemócrata, se constituyeron un segundo mundo, socialista, y un tercero integrado por movimientos de liberación nacional triunfantes en Asia, África, de América latina y de Oriente Medio. Tal fue la estructura geopolítica dominante en el periodo de la Guerra Fría. Esa estructura, cuestionada por el ciclo de protestas que recorrió el sistema mundial desde París a Checoslovaquia, a Estados Unidos a México entre 1968 y 1973, terminó siendo la principal víctima de aquella contienda.

En efecto, el derrumbe de la Unión Soviética y su esfera de influencia en 1989 privó al liberalismo de la izquierda que le permitía actuar como centro. Esto provocó su corrimiento hacia la derecha, arrastrando consigo a la socialdemocracia, y sentando la situación política que vino a encontrar expresión en el neoliberalismo conservador, que en nuestra América adquirió un claro carácter oligárquico.

Con ello, ante la idea hegeliana de que todo lo real es racional, y todo lo racional es real, emergió nuevamente la filosofía de la praxis para reafirmar que lo históricamente necesario es racional, y puede tornarse en real, hasta que deja de ser necesario, y se torna por tanto irreal.

Para Wallerstein, los acontecimientos de 1989 dieron paso a un “Período Negro”, que podría prolongarse hasta algún momento entre 2014 y 2039. Ese período, dijo, se expresaría en realidades nuevas, como “la extensión de la mecanización de la producción; la eliminación de las restricciones espaciales para el intercambio de mercancías y de información; la desruralización del mundo; un ecosistema próximo al agotamiento; el alto grado de monetarización del proceso de trabajo, y el consumismo, entendido como una mercantilización del consumo muy extendida”.

Todo ello generaría contradicciones que acentuarían la protesta social y la lucha de clases, y podría abrir paso a “una lucha masiva que tomaría incluso la forma de una guerra civil, tanto a nivel mundial como en cada estado.”

Hoy, aquel Período Negro desemboca en la crisis del neoliberalismo. Desde Wallerstein, podemos plantearnos alcanzar “un sistema histórico relativamente igualitario y totalmente democrático”, sustentado por “un sentido más moderado y equilibrado de la historia y de su evaluación cultural mediante una aguda y constante lucha política y cultural” contra el carácter eurocéntrico de la geocultura liberal. Y si esto “puede parecer demasiado vago,” es tan concreto como puede serlo cuando nos encontramos en el centro de un torbellino. Primero, asegúrense de hacia qué orilla quieren nadar. Y después, traten de lograr que todos sus esfuerzos inmediatos les conduzcan hacia ella. Si quieren una mayor precisión, podrían no encontrarla y ahogarse mientras la buscan.

Conocemos nuestra orilla desde que Martí publicara “Nuestra América”, en 1891. Nunca como ahora ha sido tan claro y visible hacia dónde encaminarnos.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] Wallerstein, Immanuel, 1994: “Agonías del capitalismo”. Avispar Iniciativa Socialista, nº31, octubre 1994. Publicado originalmente por New Left Review, nº 204. Tomado de www.rebelion.org, 16 junio 2001.


(*) Guillermo Castro H. es investigador, ambientalista y ensayista panameño.

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