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Tras Bolivia, México en la mira de Estados Unidos

diciembre 14, 2019

VICKY PELÁEZ

“La desgracia de México es estar lejos del cielo
y muy cerca de Estados Unidos”.
(Dicho popular mexicano)

Desde hace un año, cuando AMLO asumió la Presidencia, sus opositores lanzaron una feroz campaña mediática para crear condiciones de golpe de Estado o una intervención militar de EEUU, tratando de mostrar a México como un 'Estado fallido', dominado por los carteles de narcotráfico y gobernado por un presidente que está llevando el país al comunismo.

Los estrategas de Washington, inspirados por el golpe de Estado que orquestaron en Bolivia, han intentado varias veces desestabilizar el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), utilizando a la derecha representada por panistas y priistas.

Para dar un empuje 'paternal' al conservadurismo mexicano, Donald Trump aprovechó el horrendo asesinato ocurrido el pasado 4 de noviembre en el norte de México de tres mujeres y seis menores de edad de la familia mormona LeBarón, ligada al senador republicano Mitt Romney, para amenazar con designar a los carteles de narcotráfico mexicano como “organizaciones internacionales terroristas”, al igual que Al Qaeda o el Estado Islámico.

Lo que en realidad estaba tratando de explorar la Casa Blanca es la posibilidad de crear justificaciones para las operaciones militares dentro de México y en cualquier país de América Latina y así mantenerlos como su 'patio trasero' en el futuro.

Para reforzar su amenaza, según el sitio Whatdoesitmean.com, el Gobierno norteamericano ha emplazado a sus tres portaviones, el USS Nimitz (CVN-68), USS Harry S. Truman (CVN-75) y USS Theodore Roosevelt (CVN-71) para patrullar la costa mexicana del Pacífico y el Golfo de México para encerrar a los narcotraficantes mexicanos en su territorio sin poder salir del país. Sin embargo, esta información fue desmentida por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, que informó el pasado 9 de diciembre que no existe reporte de movilización de barcos o aviones de EEUU hacia México. En realidad, nadie sabe la verdad y lo único que se conoce es que hay 15.000 tropas mexicanas en la frontera con EEUU y 5.000 militares norteamericanos emplazados en la parte opuesta del muro que separa a los dos países.

Por supuesto, Donald Trump y su Administración ni pensaban mandar sus tropas especiales para poner fin a los carteles mexicanos de narcotráfico. El propósito principal de la retórica belicosa del mandatario norteamericano era dar un mensaje implícito a AMLO de tener cuidado con su progresismo y populismo y no olvidar que la economía de México depende de Estados Unidos, su principal socio comercial y que AMLO debe firmar el nuevo tratado de libre comercio T-MEC.

Respecto a los narcocarteles, ya es de conocimiento público, como lo confirmó hace poco el periodista mexicano Jesús Esquivel: “aunque oficialmente lo niegue, el Gobierno norteamericano negocia con los narcotraficantes mexicanos, tal y como quedó demostrado con documentos y testimonios presentados por el departamento de Justicia de EEUU durante el juicio del año pasado en Nueva York en contra del narco mexicano Joaquín El Chapo Guzmán, uno de los líderes del cartel de Sinaloa”.

Y no solamente está negociando la Administración norteamericana con los carteles, sino tiene lazos de larga duración con los capos mexicanos. Los líderes y sicarios más siniestros del cartel Los Zetas son exmilitares del grupo aerotransportado de las Fuerzas Especiales Mexicanas (GAFE), que fueron entrenados en los 90 por los Snake Eaters, el séptimo grupo de las Fuerzas Especiales de EEUU en Fort Bragg. Los prepararon para la contrainsurgencia y la lucha contra el narcotráfico. Lo interesante fue que originalmente las GAFE fueron creadas en 1994 para combatir a los Zapatistas, pero terminaron como narcotraficantes y mercenarios dando protección al cartel del Golfo.

Y eso es nada, en 2011, la CBS Evening News reveló la existencia del programa Traficantes de Armas puesto en marcha por el Buró Federal de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego y Explosivos (ATF) de Estados Unidos para supuestamente mantener las armas provenientes de Norteamérica fuera de las manos de carteles. Con este propósito, el ATF permitió la entrada a México de más de 5.000 rifles semiautomáticos con microchips incorporados para detectar en qué carteles caerían. En los cinco años que duró la operación, los agentes del ATF no lograron detectar a nadie y las armas se quedaron sin rastro, simplemente desaparecieron porque los carteles tenían sus topos también en el ATF y lo primero que hicieron fue desactivar los microchips.

La misma historia se repitió con el operativo Rápido y Furioso llevado a cabo por el ATF, el FBI y dirigido por el Departamento de Justicia de EEUU al introducir clandestinamente más de 2.000 armas sofisticadas a México entre 2006 y 2011, que terminaron finalmente en manos del crimen organizado pues los narcotraficantes sabían todos los detalles del operativo. Al salir pública esta información, se supo también que el FBI y la DEA permitieron al cartel de Sinaloa introducir droga a EEUU con la condición de informar sobre la actividad de otros carteles. El hombre fuerte del cartel, Joaquín El Chapo Guzmán Loera, que fue extraditado a EEUU, lo confirmó.

El tráfico de armas de EEUU a México no es el único vínculo entre EEUU y el crimen organizado mexicano. No hay que olvidar el vasto mercado estadounidense para droga proveniente de México y para trata de blancas, además de entidades financieras de Wall Street y el sector inmobiliario que se usan para el lavado de dinero procedente de las actividades ilícitas. El gobierno norteamericano sabe perfectamente sobre estas actividades pero las mantiene ocultas debido a una ley que prohíbe por "motivos de seguridad nacional divulgar esta información y revelar los nombres de los padrinos estadounidenses del crimen organizado”.

Lo único que se le permite saber a la opinión pública internacional es que todos los narcotraficantes y sus líderes son extranjeros y de preferencia latinoamericanos, que periódicamente después de ser utilizados por el FBI, la CIA, la DEA, la ATF son sacrificados como pasó con el colombiano Pablo Escobar, con el mexicano Joaquín El Chapo Guzmán y ahora con el exjefe de la Secretaría de la Seguridad Pública (SSP) y de la Agencia Federal de Investigación (AFI) de México en el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), Genaro García Luna, quien amasó millones de dólares colaborando con los carteles de Sinaloa, los Zetas y el Golfo. Lo hacía con el conocimiento de las autoridades norteamericanas y no cabe duda que simplemente cumplía sus órdenes. Desde que El Chapo empezó a hablar, Washington decidió deshacerse de García metiéndolo en la cárcel, así de simple.

Lo mismo le esperará al jefe del cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, por cuya cabeza el Departamento de Justicia y el del Tesoro están ofreciendo una recompensa de 10 millones de dólares y a quien tratan de capturar desde octubre de 2018. Resulta que este cartel está presente en 22 estados mexicanos y 35 estados norteamericanos, con sedes importantes en Los Ángeles, Chicago y Atlanta. Recientemente, el CJNG adquirió lingotes de oro por un valor de 100 millones de dólares para el lavado de dinero. Sin duda alguna no lo hubiera podido conseguir sin la participación de las instituciones financieras de Wall Street y sin conocimiento del Departamento del Tesoro.

Y así va a seguir toda esta imitación de la lucha contra el tráfico de narcóticos y de las armas, porque la cocaína, la heroína, el fentanilo (50 veces más potente que heroína), las metanfetaminas tienen un mercado en crecimiento en Estados Unidos valorado en cientos de miles de millones de dólares y las armas procedentes del norte son muy solicitadas por los carteles mexicanos. Según la estadística oficial, en los últimos 10 años entraron en forma ilegal a México dos millones de armas, es decir 200.000 al año, de los cuales el 70% proviene de EEUU y el resto de Italia y Austria, mientras que las Fuerzas Armadas y Policiales adquirieron en el mismo período de tiempo 468.000 armas.

Por mucho que declare AMLO que "mientras esté en el Gobierno no se permitirá ningún operativo como Rápido y Furioso" y por mucho que prometa Donald Trump de luchar contra el tráfico de armas colaborando con Ciudad de México, este negocio lucrativo seguirá su curso porque la Asociación Nacional de Rifle (ANR) estadounidense es la organización que ha dado más apoyo al presidente Trump, por lo que jamás se atreverá a perjudicar a la ANR. A la vez, cualquier investigación a la banca en Norteamérica por el lavado de dinero procedente del narcotráfico provocaría una contracción económica en EEUU, lo que no convendría a ninguna Administración sea republicana o demócrata.

Mientras tanto, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha estado haciendo todo lo posible para no enemistarse con EEUU por ningún motivo y no enfrentarse a los más ricos y poderosos de México. Su tarea principal es tratar de sacar su país del desastre social y económico que dejaron los presidentes Felipe Calderón (2006-2012) y Enrique Peña Nieto (2012-2018). En estos 12 años, la pobreza aumentó del 37,3 al 41,5% y hoy día México y Honduras están como los países con más pobreza en la región, llegando el número de pobres en México a 52,3 millones de personas y la clase media representa apenas el 33% de la población.

Resulta que la reciente retórica belicosa de Trump respecto a los carteles mexicanos fue diseñada para presionar al Gobierno de México a aceptar todas las cláusulas del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en vez del anterior tratado TLCAN, que después de 24 años fue rescindido por Washington por ser "perjudicable e injusto” para los intereses norteamericanos, según Donald Trump.

Lo triste de toda esta historia es que en 1994, en vísperas de la firma del TLCAN, se les convenció a los mexicanos de que aquel tratado sería muy beneficioso para la economía del país, que haría mejorar el bienestar social de su pueblo sustancialmente. Fue una ilusión porque el TLCAN ocasionó la pérdida de trabajo a más de dos millones de campesinos que tuvieron que emigrar a las ciudades y convirtió a México en una maquiladora, usando la mano de obra barata para satisfacer al consumidor norteamericano.

La pobreza no disminuyó, como fue prometido por el presidente Salinas de Gortari, quien firmó aquel tratado con Ronald Reagan, sino se incrementó, igual que la violencia y el consumismo mexicano. A la vez, se incrementó la dependencia económica y financiera del país a EEUU.

Ahora, como lo caracterizó el periodista mexicano Jorge Santibáñez, la misma idea del inminente beneficio económico al aprobar el T-MEC fue vendida al pueblo mexicano sin aclarar que "Trump con este tratado da mayor protección a los trabajadores norteamericanos contra la competencia de México y su mano de obra barata y sus proveedores de materia prima".

El nuevo tratado de cientos de páginas, que muy pocos mexicanos han leído, sería muy perjudicial, especialmente para los campesinos mexicanos, porque obligaría a México a aumentar la compra de granos en EEUU, donde este sector está subsidiado con 867.000 millones de dólares. Las cláusulas de la propiedad intelectual y las del "secreto comercial" permitirían a las corporaciones de productos transgénicos y a las empresas contaminadoras no divulgar los químicos que están usando o las manipulaciones genéticas que están realizando.

Sería interesante cómo en estas condiciones podría México poner en marcha el Plan Ayala Siglo XXI, prometido por AMLO, quien aseguró a su pueblo que prohibirá la siembra de transgénicos y suspenderá el uso de pesticidas. Por lo pronto, lo que se presenta como un gran éxito del Gobierno mexicano, la firma del T-MEC, podría resultar a mediano plazo como una nueva ilusión a costa de seguir perdiendo cada día más la soberanía del país bajo el pretexto de no hacer enojar o irritar a su poderoso vecino del norte.



Papa, Bolivia y el enigma del silencio

diciembre 13, 2019

MACIEK WISNIEWSKI


“A nombre de Dios nos están matando, están haciendo masacre. La Biblia es un adorno en la mano del gobierno de facto. El problema de nuestro presidente Evo Morales ha sido ser indio...”, exclama un líder aymara durante una marcha en La Paz (bit.ly/343PehW).

En cuestión de días queda claro que el golpe en Bolivia (bit.ly/2Py5kui) no es sólo cívico-policiaco-militar, sino también eclesiástico. El particular fundamentalismo católico –ojo, no evangélico (bit.ly/2YDJREp)− cruceño es su spiritus movens, la Iglesia boliviana (Conferencia Episcopal) al avalarlo y bendecir la brutal represión se vuelve su “cuarta pata” (bit.ly/35ea6DS) y uno de los objetivos de los golpistas −cuya acción cobra todos rasgos de una “reconquista” y “revangelización”− no es sólo borrar “lo indio” (wiphala, etc.) y dar marcha atrás con avances sociales de los años recientes, sino también con la separación de la Iglesia y el Estado, siendo la laicidad uno de los fundamentos del nuevo Estado plurinacional –“Dios está fuera del poder, fuera del palacio gubernamental...” (bit.ly/2PvXAc3)− y del proceso de descolonización encabezado por Morales.

Allí está el golpista ultracatólico Luis Fernando Macho Camacho entrando como un cruzado al palacio de gobierno, arrodillándose ante una bandera boliviana y una Biblia –“¡Dios vuelve al palacio!” (bit.ly/35eezXg)− y haciendo sus rituales de “purificación cristiana” de todo lo pagano –“indio” y, desde luego, “comunista”− en Bolivia: “¡Satanás fuera!, ¡Pachamama nunca regresará!, ¡La patria es del Cristo!” (bit.ly/2YDIQMw).

Allí está la proclamada “presidenta provisional”, Jeanine Áñez, asumiendo el “cargo” frente a un enorme crucifijo, velas encendidas y una Biblia abierta –en ausencia de una legitimidad institucional los golpistas apelan a la “divina” (bit.ly/2RG5fHw)−, que luego, junto con Camacho y otros líderes de extrema derecha, agita en el aire desde el balcón del palacio presidencial (otra vez: “Dios vuelve a...”).

¿Y dónde está en todo esto el papa Francisco, que hasta ahora mantuvo un silencio sepulcral (sic) respecto al golpe en Bolivia, limitándose a llamar “a rezar por la situación allí” y pedir “paz y serenidad”? No es que tenga ilusiones respecto a él –tanto Bergoglio como Francisco siempre se han regido por silencios reaccionarios...−, pero sí tengo unas preguntas (aunque sean retóricas):

¿De verdad es posible que Francisco permanezca callado ante la instauración de una dictadura –“transicional”− en Bolivia? ¿Será porque incluso respecto a la suya, la brutal dictadura argentina también salida de un golpe (1976) y apoyada ferozmente por la Iglesia y el Vaticano, nunca ha dicho una palabra?

¿Es posible que este Papa latinoamericano, “gran amigo de procesos progresistas en la región”, no salga a la defensa del proceso boliviano y sus logros? ¿Será porque él... nunca era su amigo y vino más bien para neutralizarlos y cooptar sus bases (bit.ly/35fEEF7) nunca para fortalecerlos ni trabajar con ellos?

¿Es posible que este “gran amigo de los indígenas” no salga a la defensa del primer presidente indígena (bit.ly/2rvzbf7) ni de los indígenas masacrados por el régimen racista de Áñez? ¿Será porque siempre le gustaban más los indígenas −y los pobres− como “objetos de caridad”, no sujetos que luchan por sus derechos (bit.ly/34bWVSr)?

¿Es posible que Francisco ni siquiera le conteste a Evo su llamado de mediar, el mismo que fue bautizado como “Papa comunista” por la izquierda biempensante cuando Evo le regalaba una escultura de hoz y martillo en 2015?

¿Es posible que este “gran crítico del sistema neoliberal” no diga ni una palabra sobre la brutal restauración del neoliberalismo en Bolivia? ¿Será porque su crítica siempre ha sido light, superficial y se detenía allí donde tendría que pasar a la denuncia concreta?

¿De verdad es posible que este “gran defensor de la naturaleza” (Laudato si’, etc.) no diga ni una palabra sobre la deposición de un gobierno que quizá mejor encarnaba la defensa de la Madre Tierra, aun con todas las contradicciones de su modelo extractivista y neodesarrollista (bit.ly/2E30SP0)? Al final tampoco ha dicho nada acerca del asesinato de Berta Cáceres, la luchadora ambiental indígena hondureña: su visión fue moldeada por su mano derecha, el cardenal golpista (sic) Rodríguez Maradiaga que aparte de bendecir el golpe contra Zelaya (2009) mantenía, en un buen estilo paranoico de la guerra fría, que aquél, Berta y otros líderes sociales en Honduras eran “comunistas” y “títeres de Chávez” (bit.ly/2PCc5vb).

¿Qué sentido tiene “denunciar valientemente” −en el reciente Sínodo de la Amazonia− “la avidez de nuevos colonialismos” y “colonizaciones ideológicas destructoras y reductoras hacia los pueblos originarios” y luego estar callado ante la recolonización real y la denigración sistemática de las culturas indígenas en Bolivia emprendidas por supremacistas blancos-criollos?

¿De veras es posible que el Papa permanezca callado –su silencio de por sí avala la postura golpista de la Iglesia boliviana− frente a un aberrante proceso de “recatolización del país” en curso por parte de sectores religiosos fanáticos y ultraviolentos que traicionan el núcleo emancipatorio del cristianismo (bit.ly/2PtpCF9)?

Y, finalmente, ¿cuántos silencios cómplices más harán falta para que se reconozca la verdadera −intrínsecamente conservadora (¡allí está la clave al enigma!)− anatomía de este Papa?


Bill Gates, agricultor africano

diciembre 02, 2019

ALEJANDRO NADAL


Hace 15 años el multimillonario Bill Gates anunció que “la revolución verde había dejado de lado al continente africano” y comenzó una cruzada para llevar los beneficios de esa transformación productiva a toda África.

A partir de los años 1960 la revolución verde permitió incrementar de manera importante los rendimientos (toneladas por hectárea) de ciertos cultivos clave, en especial trigo y arroz, en algunas regiones de India. Esos aumentos se debieron a un paquete tecnológico que incluía el uso de semillas de alto rendimiento, insumos agroquímicos y, por supuesto, inversiones en irrigación. El crecimiento de los rendimientos puede atribuirse casi por igual al empleo de semillas mejoradas, fertilizantes e irrigación.

Estos son los beneficios que tanto impresionaron a Bill Gates. Desgraciadamente, Gates no leyó con atención las señales que estaban en el campo en toda África. El mensaje era claro: no es que la revolución verde hubiera pasado de largo a África. Simple y sencillamente, había fracasado.

Entre 1980 y 2004 el Consejo Consultivo de Centros de Investigación Agrícola Internacional (Cgiar) invirtió 160 millones de dólares anuales en transformar y modernizar la agricultura en África. Con esas inversiones no es posible afirmar que la revolución verde simplemente había ignorado al continente africano. La realidad es mucho más compleja e interesante. Pero Bill Gates prefiere configurar otra narrativa más a su gusto.

La revolución verde vino acompañada de varios problemas graves. Sin los insumos de agroquímicos y la irrigación, los rendimientos no podían aumentar y las semillas maravilla se quedaban sin rendir sus frutos. Por ese motivo los beneficios fueron para los agricultores más privilegiados. De hecho, muchos de los campesinos más pobres perdieron sus tierras al no poder enfrentar el peso del endeudamiento para pagar los insumos. Esto condujo a una mayor concentración de la tierra. Por el lado de la huella ecológica, la revolución verde y sus insumos químicos dejaron cuerpos de agua contaminados, suelos maltratados por la falta de rotación de cultivos y una fuerte erosión genética. En India había alrededor de 30 mil variedades de arroz utilizadas en la producción antes de la revolución verde. En la actualidad, la cosecha en ese país se produce a partir de unas 10 variedades.

Con este saldo es difícil imaginar que alguien quisiera repetir la experiencia en África. Pero en 2006, la Fundación Gates lanzó su iniciativa “Alianza para la revolución verde en África” (Agra). Su objetivo: duplicar los rendimientos e ingresos de más de 30 millones de hogares rurales en el continente para 2020. En estos días se ha dado a conocer una investigación de Tim Wise (Universidad de Tufts y Small Planet Institute), en la cual se demuestra que después de 10 años de inversiones multimillonarias las metas de la iniciativa Agra están lejos de ser alcanzadas. El análisis examina información a escala nacional para los 13 países cubiertos por Agra y también evalúa datos a nivel hogar en tres de ellos: Malawi, Zambia y Mozambique. (Este importante documento está disponible en afsafrica.org).

Wise demuestra que existe poca evidencia de que Agra esté en camino de hacer realidad sus objetivos sobre rendimientos e ingresos. Cuando se encuentran señales de progresos en esos rubros eso se debe a la existencia de programas gubernamentales de subsidios para la adquisición de insumos: la difusión del paquete tecnológico de Agra no se llevaría a cabo sin esos subsidios.

Se puede pensar que buscar una solución tecnológica para cualquier problema es el sesgo natural de una persona con la formación de Bill Gates. Pero quizás hay algo más profundo. En 2010 la Fundación Gates invirtió 23 millones de dólares en la compra de 500 mil acciones de Monsanto, el gigante de las semillas transgénicas y los agroquímicos como el glifosato. Desde entonces la postura respecto de los transgénicos ha sido ambigua, pero hoy se sabe que Agra también incluye ese tipo de semillas en sus programas de difusión tecnológica.

Lo más grave de Agra es que deja de lado otro tipo de trayectorias tecnológicas que son más eficientes para el manejo de agua, suelos y recursos genéticos. Por ejemplo, técnicas de permacultura y agroecología ya son aplicadas en muchas regiones de África y han demostrado ser más eficientes y menos agresivas con el medio ambiente.

Estas técnicas conservan la agrobiodiversidad y son además intensivas en trabajo, lo que permite crear y conservar empleos en el medio rural y proporcionan una mayor soberanía en las decisiones de los agricultores sobre la mezcla de producto y las técnicas de producción.

Organizaciones como Vía Campesina y la Alianza para la Soberanía Alimentaria en África son dos ejemplos de organizaciones que buscan construir desde abajo opciones que son tecnológicamente sanas y socialmente responsables. A final de cuentas, Bill Gates prefiere buscar la solución que desea el capital: apropiarse del proceso productivo campesino y convertirlo en un espacio de rentabilidad.


[Twitter: @anadaloficial]



Bolivia: los errores ingenuos de Evo Morales

noviembre 28, 2019

VICKY PELÁEZ

Si se tiene un buen conocimiento de los medios de que dispone el enemigo,
las pérdidas podrían ser menores
(Victor Serge, 1890-1947)

Evo Morales, el gran líder que logró sacar a su país de la extrema pobreza y convertirlo en un ejemplo de desarrollo económico y social en América Latina, debe reconocer que pecó de ingenuo al creer que su código de ética y su amor a la Pachamama serían comprendidos por la mayoría de sus paisanos y respetado por los extranjeros que ambicionaban todos sus recursos.

No calculó bien la capacidad destructiva de sus enemigos y no se preocupó por preparar a su pueblo para defender su revolución al enfocar toda su energía y su capacidad organizativa al crecimiento de la economía y del bienestar de su pueblo. Tanto él como su segundo, Álvaro García Linera, subestimaron las señales de peligro y no se prepararon para el golpe que se preparaba y ya estaba prácticamente anunciado desde hacía años.
Ahora, el poder norteamericano —y especialmente la CIA y la DIA— debe de estar de fiesta al lograr tumbar por fin a ese indio Evo Morales que se atrevió durante 13 años a construir un Estado plurinacional orgulloso y soberano desafiando a Washington y, en especial, a las transnacionales al cortarles acceso casi gratuito a los yacimientos de gas, de uranio y de metales estratégicos como el litio, el indio, el galio.

Desde la llegada al poder de Evo Morales el 22 de enero de 2006 comenzó la conjura de Estados Unidos con su servil OEA, los servicios de inteligencia norteamericanos, las fundaciones tipo Jubilee Foundation, las ONG como Standing Rivers, la Iglesia evangélica nacional e internacional, los Comités Cívicos bolivianos, la Embajada norteamericana en La Paz y los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de la Policía.

Todos los golpes requieren bastante preparación y entrenamiento para poner en marcha acciones bien organizadas tanto de los grupos civiles locales como de los paramilitares, que en el caso de Bolivia querían entregar su país a Estados Unidos a cambio de obtener acceso al poder y negocios.

El Gobierno de Evo Morales sabía perfectamente de este proceso en Bolivia después de que la Unidad Táctica de la Resolución de Crisis de la Policía abatiese el 16 de abril de 2009 a una célula paramilitar compuesta por el boliviano-húngaro Eduardo Rozsa Flores y por los mercenarios europeos Michael Dwyer (irlandés) y Árpád Magyaros (rumano-húngaro). Estos terroristas fueron contratados por el empresario y hacendado croata-boliviano Branco Marincovik con el propósito de asesinar a Evo Morales y provocar un golpe de Estado y la secesión de los departamentos de la llamada Media Luna (Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni) formando un nuevo país.

En 2008 los servicios de inteligencia de Cuba y Venezuela advirtieron a Evo Morales que no debía confiar en la mayoría de los oficiales de alto grado de las Fuerzas Armadas debido a su adoctrinamiento pronorteamericano que recibieron en la Escuela de las Américas (SOA). Precisamente aquel año Evo Morales tomó la decisión de no enviar más a los militares bolivianos a la SOA. Pero no se atrevió a reformar a las instituciones militares inculcándoles valores plurinacionales.

Recién en 2016 fue creada la Escuela de Comando Antimperialista General Juan José Torres Gonzales, donde el tema Geopolítica del imperialismo fue designado como un curso obligatorio. El 9 de agosto de 2019, ya informado sobre ciertos movimientos sospechosos en las Fuerzas Armadas Evo Morales propuso crear un Comando Sur Antimperialista junto con la participación de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

No obstante, el golpe de Estado ya llevaba varios meses gestándose. El encargado de negocio de la Embajada norteamericana en La Paz, Bruce Williamson, coordinó los últimos detalles de la destitución de Evo Morales con el comandante en jefe der las Fuerzas Armadas bolivianas, el general Williams Kaliman. (TV Mundus, Argentina, 14 de noviembre 2019). Los estrategas de Washington designaron al ejército boliviano como nudo central del golpe, siendo los Comités Cívicos organizadores y ejecutores de actos de protesta, violencia, saqueos y todo tipo de acciones para desestabilizar al Gobierno de Morales, descabezar el proceso de cambio desde sus funcionarios hasta los líderes políticos y no permitir su reelección. Inclusive ya estaba planificado que el primer presidente indígena de Bolivia repitiera el destino de Muammar Gadafi y Sadam Hussein (CounterPunch, noviembre 2019).

Cuando en agosto de 2018 el periodista mexicano Luis Hernández Navarro preguntó a Evo Morales en Cochabamba sobre la posibilidad de un golpe de Estado, el mandatario le contestó: "No creo que haya golpe militar, pero intentarán una convulsión nacional… La embajada de EEUU busca cómo convulsionar el país. Pero han fracasado, fracasado y fracasado porque estamos con la verdad. Es la gran ventaja que tenemos" (La Jornada, México, 12-11-2019).

Se equivocó Morales, pues su verdad y su código de ética basado en los principios de la igualdad, del patriotismo, del decir siempre la verdad, u de no robar y proteger a la Pachamama eran opuestos drásticamente a la verdad de la oposición, deseosa de conservar y aumentar sus privilegios económicos y sociales aunque a costa de la soberanía nacional.

Por lo visto, no ha leído el mandatario boliviano ni su segundo, Álvaro García Linera, el ensayo del revolucionario ruso Víctor Serge Lo que cada revolucionario debe saber sobre la represión (1921). Entonces se hubieran enterado de que, desde el momento en que se prepara una revolución, la contrarrevolución busca formas de no permitir su puesta en marcha. Tampoco estudió bien Evo ni Álvaro la proclividad histórica de los militares de su país a la traición y golpes militares. El décimo quinto presidente de Bolivia, el general Mariano Melgarejo, llegó al poder a través de un golpe, y entregó el litoral boliviano con todas sus riquezas a chilenos e ingleses escapando finalmente a Chile.

El otro golpista militar, Hilarión Daza Groselle —el décimo noveno presidente—, traicionó a su mentor Mariano Melgarejo por 10.000 pesos y ofreció un pretexto a los chilenos para la guerra del Pacífico (1879-1884). Traicionó también a los peruanos y finalmente desertó y se escapó a París. El trigésimo sexto presidente, German Busch Becerra también militar—, participó en tres golpes y finalmente traicionó a la patria. El presidente general Rene Barrientos llamó inmediatamente a sus jefes de la CIA cuando Che Guevara fue capturado en octubre de 1967 para recibir órdenes respecto a qué hacer con el prisionero.

No es de extrañar entonces que con tantos antecedentes siniestros a través de la historia de los militares bolivianos el ahora excomandante en jefe de la Fuerzas Armadas de Bolivia, el general Williams Kaliman —egresado de la Escuela de las Américas en 2003 y exagregado militar en EEUU—, traicionase a Evo Morales. Resulta que para el 7 de agosto, cuando Kaliman se declaró antimperialista y partidario de los cambios que estaba aplicando el presidente, ya estuviese comprometido con la embajada norteamericana para realizar un golpe de Estado. El general de la Policía y expresidente de agregados policiales de América Latina en Washington, Vladimir Yuri Calderón, estaba involucrado también en la traición.

El analista Sullkata M. Quilla, del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE), reveló que Kaliman y otros generales participantes en el golpe recibieron un millón de dólares cada uno y, los jefes de Policía, 500.000. Del pago se encargó Williamson, y se realizó en Argentina en la provincia de Jujuy bajo el auspicio de su gobernador, Geraldo Morales. Pasadas 72 horas del golpe, Kaliman y otros jefes militares y policiales se trasladaron a EEUU a resguardo de cualquier investigación nacional e internacional (TV Mundus, Argentina, 14 de noviembre, 2019).

El pueblo boliviano está pagando con su sangre que Evo pecase de inocente al no tomar en cuenta la experiencia de Hugo Chávez, quien desde el inicio del proceso de cambio logró formar una sólida alianza cívico-militar y crear también los Comités de Defensa de la Revolución Bolivariana. Los adoctrinó en los postulados de Simón Bolívar y los armó con 100.000 metralletas Kalashnikov adquiridas en Rusia. Su seguidor, actual presidente Nicolás Maduro, fortaleció y adiestró militarmente a estos comités. Actualmente ya cuentan con más de 2.000.000 de militantes.

Las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) desde la llegada a Hugo Chávez al poder en 1999 fueron reformadas y educadas en el patriotismo igual que su servicio de inteligencia. A pesar de todas estas medidas, solo en 2019 se registraron 47 intentos de de la CIA, la DIA y los servicios de inteligencia de Colombia de captar a oficiales de la Fuerza Armada, como reveló recientemente el presidente Maduro.

Televen de Venezuela informó que se han intentado robar misiles y desarticular el sistema de radares móviles y fijos. Gracias a la actuación de militares patriotas, estos intentos fueron descubiertos y los implicados fueron detenidos. Según Nicolás Maduro, sus "instituciones militares están haciendo una permanente labor de inteligencia" (Televen-Tv, 12 de noviembre de 2019).

Esta permanente labor de inteligencia fue ignorada o no supervisada por el Gobierno de Evo Morales y casi seguro que sus servicios de inteligencia —el SIE y la DIE— ya estuvieran infiltrados por la CIA y DIA norteamericanos. También el Gobierno de Evo Morales descuidó el rol que desempeñaba la mayoría de las ONG en la desestabilización del MAS y de su Gobierno. Según el informe del Resumen Latinoamericano (20 de noviembre 2019), en 2007 hubo 1.800 ONG en el país, de las cuales estaban registradas en 2018 solamente unas 640. Muchas de ellas estaban financiadas por el Gobierno estadounidense a través de la USAID, organización que ha gastado desde 2002 más de 97.000.000 de dólares en promover el separatismo en Bolivia y en financiar la oposición. Tanto gasto de los norteamericanos que hoy ya está recuperado.

Todo el esfuerzo del Gobierno plurinacional de Morales fue dedicado al crecimiento económico y al bienestar social de su pueblo. Descuidó la seguridad de su Estado y se olvidó de que el enemigo tanto interno como externo nunca duerme, esperando su momento. Finalmente llegó en forma de un golpe de Estado y con la autoproclamación de Jeanine Áñez como presidenta de Bolivia. Esta presidenta ya recibió por su colaboración con Estados Unidos lo tan anhelado por la mayoría de los opositores: la Green Card, enviada por el mismo secretario de Estado, Mike Pompeo (Aporrea, José Sant Roz, 24-11-2019). Se descubrió también que Jeanine es la perfecta birlocha boliviana (alguien que odia su raza).

Se llamó desde su nacimiento y hasta los 19 años Anahí Ayelén Áñez. Era alguien del más puro origen indígena en la escuela la llamaba Chola, chula, cholita. Con el tiempo y gracias a la beca de la USAID y a su identificación con la religión evangélica, trató de sacar de su cuerpo y de su mente todo lo indígena coloreando su pelo y cambiando el color de sus ojos con lentes de contacto. Logró el título de abogada por correspondencia y a los 38 años ya era directora del canal Total Visión.

Para entender mejor hacia dónde podría llevar a Bolivia esta presidenta y los opositores que la rodean, vale la pena reproducir la respuesta de la presidenta de facto a un periodista extranjero que le preguntó, después de su juramentación, si era racista. Dijo Jeanine que “nunca quise ser presidenta de nada, mucho menos de este país. Por otra parte, que yo sepa, desde que el mundo es mundo toda supremacía ha sido y tendrá que ser blanca. Yo nunca he visto a un Supremo que sea negro o indio, ni siquiera trigueño. El mismo señor Jesucristo es blanco”.

Con un Gobierno de este tipo, lo único que se puede esperar es el retroceso económico, social, político y cultural de Bolivia hacia el pasado, donde la desigualdad, el racismo y la injusticia imponían sus reglas. La Asamblea Legislativa Nacional, cuya presidenta y cuyos dos tercios de representantes son miembros de la MAS, no se atrevieron a seguir la constitución y tratar la renuncia de Evo Morales. Su presidenta, Mónica Eva Copa, logró el consenso para la ley que habilita nuevas elecciones.

La Confederación Obrera Boliviana (COB), la Mesa de Unidad y otras organizaciones firmaron un acuerdo con el Gobierno de transición. Según la presidenta de la Asamblea Legislativa, Mónica Eva Copa, "si yo tomara decisión con corazón seguiríamos en guerra. Pero hay que usar la cabeza para que esto se pacifique y no haya más muerte" (Pagina 12, 27-11-2019).

Mientras tanto, la represión sigue su curso y el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, hizo publicar una lista de senadores y diputados que, en su opinión, fomentan la desestabilización del país. También anunció la creación de un aparato especial de la Fiscalía para detener a diputados y senadores. A la vez, Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, la ciudad de El Alto, Yapacaní y el Norte de Potosí siguen con el bloqueo de carreteras exigiendo el fin de la represión.

Lastimosamente, Evo Morales, Álvaro García Linera y los dirigentes de la MAS no hicieron a tiempo lo que Mónica Eva Copa llama "usar la cabeza" para prevenir este siniestro golpe de Estado y proteger tanto la seguridad nacional como los excelentes logros económicos y sociales que logró Bolivia en estos 13 años de Gobierno de Evo Morales. Se olvidaron de que "el enemigo nunca duerme" y, en especial, el enemigo de clase.


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