Uroboros


TEODORO NELSON 


Es cierto que Podemos se ha convertido en el representante filisteo de toda la mediocridad de la izquierda, de todo el oportunismo y el vasallaje a la ideología del orden. La crítica a la izquierda no puede sustituir a la izquierda crítica, pero la izquierda en su desarrollo interno ha desaparecido como tal, completando así su movimiento sin dejar apenas rastro tras de sí. Podemos proclama la disolución de la izquierda, anunciando al mismo tiempo el secreto de su disolución, a saber: lo queremos todo para no hacer nada.

Si Izquierda Unida le quitó al PCE su contenido, Podemos se ha desembarazado de los símbolos de esta, un movimiento basculante mucho más pequeño y lógico en su apariencia. Completa la lucha de las contradicciones de la izquierda eurocomunista, que se presenta como de izquierdas y de orden, como demócrata y comunista, como obrero y empresario. Como afirmar una cosa y lo contrario es lo mismo que no decir nada, era lógico que un movimiento como Podemos triunfase de tal modo.

En El Capital, Marx explicaba que si se le sustrajeran todos los distintos trabajos útiles contenidos en una mercancía, aún quedaría un residuo natural, creado por la naturaleza. Y este residuo es Podemos, que se libra de todo obstáculo (1) para lograr su objetivo, ganar las elecciones. Es sencillo: una vez eliminado el postureo, nos queda el oportunismo, el filisteo pequeñoburgués totalmente descarnado, el electoralismo.

Así, aparece esta ideología pequeñoburguesa en su totalidad, reflejando su posición de clase, una clase de transición cuyo objetivo es ocupar los espacios entre las otras, y que como mucho puede actuar como retaguardia obrera.

Quieren remplazar a la socialdemocracia, como el pequeñoburgués que quiere ser grande. Presentan a los capitalistas como una minoría a la que se puede volver sumisa haciéndolas consciente de su humanidad, cuando ellos se someten a dicha minoría… En definitiva, todas las críticas que los teóricos comunistas clásicos (2) hacían sobre el revisionismo.

Asimismo, el propio hecho electoral nos revela el carácter limitado de su posición de clase: sólo puede servir como cuña o intermediario, incluso en el caso de obtener la mayoría parlamentaria, como en el caso de nuestros malogrados amigos griegos.

¿Por qué la izquierda no “funciona”, por qué se debilita y divide? Porque no es una izquierda de clase, sino una izquierda burguesa que desde su posición sumisa defiende la armonía de las clases. “Hablar de 'crisis del marxismo' significa repetir las frases absurdas de los escritorzuelos burgueses, que se esfuerzan por atizar toda discusión entre socialistas para transformarla en una escisión de los partidos socialistas(3).

Esto no es nuevo: “Mientras la burguesía desune y dispersa a los campesinos y a toda las capas pequeñoburguesas, cohesiona, une y organiza al proletariado”. La izquierda está desunida y dispersa porque su ideología pertenece a una clase que se dispersa y desune en el movimiento histórico. El resto es poder otorgado por las circunstancias, todo se lo debe a ella.

En un momento en que la propia burguesía representaba la comedia más completa, pero con la mayor seriedad del mundo […] tenía que vencer el aventurero que tomase, sin más, la comedia como tal comedia”.

Estas palabras de Marx sobre la Francia de Luis Bonaparte nos vienen aquí como anillo al dedo. Donde la izquierda imperialista, antimarxista y contrateórica se dedica a seguir su comedia como si fuera un drama, cayendo en el ridículo y las disputas personales, sólo podía ser un comediante el que tuviera éxito.

Es la forma más decadente de la izquierda europea, que se ha ido desprendiendo gradualmente de toda teoría, de todo análisis científico, para acabar siendo consignistas de tal o cual corriente, y para finalmente abandonar todo pensamiento científico (4) o crítico. La forma final de la ideología “de izquierdas” europea es el dogma, la escolástica, la versión descafeinada del idealismo burgués. La ciencia obrera se convierte en una religión burguesa.

Sólo durante un tiempo muy breve, y únicamente gentes muy miopes, podían pensar en modificar las bases de la doctrina de Marx bajo el influjo de unos cuantos años de auge y prosperidad industrial”. Para seguir siendo miopes tras la crisis, había que desprenderse de todo viso de izquierdas, aunque fueran símbolos huecos.

Tampoco se trata de justificar a través del desarrollo histórico la aparición de Podemos (5). Se trata precisamente, de mostrar cómo la lucha de clases crea las circunstancias que permiten que una ideología tan mediocre se convierta, ya sea por afinidad o por aversión, en el centro de la izquierda española (y por extensión, en la de sus homólogos europeos) llegando a rechazar no la ideología comunista, sino incluso a rechazar toda ideología.

Esta brutal descomposición, que se presenta de forma más evidente en un país donde la decadencia es mayor, sólo refleja la incapacidad de la gauche divine, de la izquierda democrática y de los pequeños petimetres que juegan a ser revolucionarios.

Únicamente la teoría del marxismo revolucionario puede servir de bandera del movimiento obrero de clase, y la socialdemocracia rusa [aquí podríamos añadir: y los marxistas europeos] deben preocuparse de desarrollar esta teoría y plasmarla en la vida, protegiéndola al mismo tiempo contra las tergiversaciones y envilecimientos a que son sometidos con frecuencia las 'teorías de moda' (y los éxitos de la socialdemocracia rusa han transformado ya el marxismo en una teoría 'de moda')”.

Sólo se entiende el surgimiento de Podemos (6) en un momento donde la teoría de izquierdas, la teoría marxista, se ha abandonado o reducido a dos o tres consignas (o incluso a repetir las viejas consignas de la URSS). El primer paso entonces, una vez que Podemos y la izquierda en general han completado el círculo y se han diluido en su propio revisionismo, en retomar y desarrollar la teoría comunista, formar un núcleo de pensamiento para poder desarrollar la batalla de las ideas. “Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario”.


NOTAS

(1) El problema de ir esquivando los obstáculo como un ratoncillo entre los medios es que al final trabajas para quien pone las paredes al laberinto. No es de extrañar que Pablo Iglesias se haya convertido en un tertuliano. Tampoco es de extrañar que la cabeza ideológica del partido la constituyan un pequeño grupo de personas en Madrid. ¿Para qué más?

(2) “Los demócratas pequeñoburgueses […] se han imaginado la transformación socialista de un modo soñador, no como el derrocamiento de la dominación de clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de la minoría”.

(3) Aquí se repiten los viejos prejuicios derivados del desprecio de clase: “Los obreros no entienden el marxismo, no puedes explicarle a un obrero el capital, a la gente ya no le interesa, está anticuado, etc.”.

(4) El que la izquierda quiera al mismo tiempo conservar el prestigio del marxismo al tiempo que diluye sus ideas ha dado pie a teorías tan idiotas como grotescas, como los seguidores de “la teoría de la praxis”, que no se atreven a pronunciar la palabra marxismo, o los “marxianos”, cuya estupidez podría fácilmente venir de otro planeta. El revisionismo demuestra su corpus teórico separado de forma material, cristalina. Esto no sería así sin el abandono absoluto de lo “científico” del socialismo.

(5) “Proudhon intenta exponer el golpe de Estado como resultado de un desarrollo histórico previo. Pero, bajo mano, la construcción histórica del golpe de Estado se convierte en una apología histórica del golpe de Estado. Cae así en el error de nuestros sedicentes historiadores objetivos”.

(6) Evidentemente, al establishment político y mediático le viene muy bien Podemos, aunque se le pueda ir un poco de las manos, pues siempre les tranquiliza saber que, como decía Carmena, no hay que preocuparse, ellos no son comunistas. Mejor canalizar que reprimir.


BIBLIOGRAFÍA

LENIN, V. El Estado y la revolución, Alianza Editorial 2006 Madrid.

LENIN, V. Contra el revisionismo, en defensa del Marxismo. Progreso, 1976 Moscú.

MARX, K. El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Alianza Editorial, 2014 Madrid.

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