En manos de la 'boliburguesía'

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TEODORO SANTANA 


El proceso democrático popular en Venezuela ha estado dirigido y hegemonizado en todo momento por el sector nacionalista de la burguesía venezolana, enfrentado al sector oligárquico pro imperialista. La clase trabajadora venezolana se ha limitado a ser la tropa de choque de esa batalla. Porque, como ya explicaba nuestro nunca olvidado Pedro Brenes en 2008, lo de Venezuela ni ha sido una revolución ni ha sido socialista.

Por su propia naturaleza de clase, esa burguesía nacional –burguesía "bolivariana" o boliburguesía– no podía ir más allá de tomar medidas antiimperialistas y establecer reformas democráticas generales, sin atreverse a concebir verdaderas medidas socialistas. Cierto que el gobierno de la boliburguesía ha procedido a la recuperación de las empresas y los recursos naturales del país de manos de los monopolios extranjeros, pero no ha tocado nada que afecte a sus propios intereses. Se ha limitado a sustituir a la fracción de la burguesía intermediaria dependiente del imperialismo como clase dominante.

Como explicaba Pedro Brenes en el artículo citado, "puede que a la burguesía nacional venezolana le interese disfrazarse de revolucionaria y de socialista. Y es posible que a los representantes de los pequeños propietarios, los intelectuales y los burócratas, les venga bien engañar a la mayoría de los trabajadores asalariados con la patraña de la supuesta revolución socialista venezolana [...] Nosotros sólo reconocemos como socialista aquél proceso que sustituye en el Poder político a la clase burguesa dominante por la clase obrera sometida. Y ésto sólo es posible hacerlo por la fuerza, es decir, por vía revolucionaria, pues la propia burguesía opondrá una resistencia desesperada y violenta, a través del Estado, el ejército y la policía, para impedir su expropiación y el establecimiento de un nuevo Poder y un nuevo Estado obrero y popular, anticapitalista y verdaderamente socialista". 

Precisamente, ese carácter burgués del proceso venezolano, le ha impedido acabar con los ejes del poder de la burguesía pro imperialista, que ha conservado los bancos, las televisiones, la distribución de productos de primera necesidad, etc. Esto es, su núcleo duro de verdadero poder, amén de la financiación estadounidense. De esta manera ha podido librar una verdadera guerra económica y política implacable a todos los niveles contra la boliburguesía, cada vez más atrapada en sus propias limitaciones burocráticas e incapaz, por su propia naturaleza, de ir más allá.

Esta incapacidad histórica de la burguesía nacionalista ha supuesto, por un lado, que los trabajadores –carentes de una organización y una estrategia propias– desesperen de un gobierno que no termina de favorecer sus intereses y que es incapaz de garantizarle una mejora en sus condiciones laborales y de vida. Y, por otro, que una parte de la propia boliburguesía haya terminado pasándose, de forma más o menos abierta, a la burguesía intermediaria, con la esperanza de que la entrega a los intereses del imperialismo sirva para salvar sus negocios y garantizar beneficios. Bussines is bussines, al fin y al cabo.

Los trabajadores revolucionarios deberíamos sacar algunas conclusiones de todo este proceso:

1. La necesidad de mantener una organización propia, no "interclasista", que defina nuestra propia estrategia revolucionaria hacia el socialismo y nos permita disputar la hegemonía y la dirección de todo proceso democrático.

2. La necesidad de destruir el estado burgués y superar las limitaciones de la democracia burguesa (cuya esencia sigue siendo la dictadura de la burguesía), poniendo en pie, por la fuerza, un estado de nuevo tipo con todo el poder –sin restricciones– en manos de los trabajadores. Esto es, la dictadura democrático revolucionaria del proletariado.

[Nota aclaratoria: Tal y como desvelaron Marx y Lenin, todo estado es una dictadura, esto es, la violencia organizada en régimen de monopolio de una clase sobre otra. Esta dictadura puede adoptar diversas formas: autoritaria, fascista, democrático burguesa, etc. La dictadura del proletariado, esto es, el estado proletario, es históricamente la forma superior de democracia. No confundir con la dictadura burocrática del secretario general, presidente o mandamás de turno].

3. La necesidad de despojar a la burguesía de todas sus bases de poder económico, político y mediático, mediante la expropiación de bancos, monopolios, televisiones y medios de prensa, etc., de forma que no puedan volver a levantar cabeza.

En la lucha general contra la forma hegemónica del capitalismo en esta fase histórica, esto es, el imperialismo, la clase obrera puede y debe dotarse de alianzas con sectores de las burguesías antiimperialistas, desde Venezuela a Irán y desde Nicaragua a Argentina, pero no alistarse a sus órdenes ni subordinarse a ellas. Esta es, sin duda, la principal lección de lo que está pasando en Venezuela.



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