Anticolonialismo en Canarias: una estrategia comunista


TEODORO SANTANA



Los heroicos comunistas canarios de los años 30 del siglo pasado ya entendían la necesidad de la descolonización de Canarias. Objetivo que expresaba, por ejemplo, Guillermo Ascanio: “crear un movimiento que supone la segregación respecto del Estado español, la destrucción como clase de la burguesía canaria y la estructuración de un nuevo estado”. Y el punto Cuarto de la declaración Fundacional del Frente Único Revolucionario en Las Palmas en 1934 –formado por Juventudes Comunistas, Juventudes Socialistas, Federación Provincial de Sindicatos Obreros de Las Palmas, Partido Socialista y Partido Comunista– se pronunciaba “Por la liberación de Canarias de la opresión del imperialismo español y el derecho a la autodeterminación hasta su constitución en estado independiente si tal fuese su voluntad”.

La eliminación física de la izquierda canaria en 1936, sumada a cuarenta años de dictadura fascista y a otros tantos de postfranquismo monárquico, ha tenido como efecto el adocenamiento y la sumisión a las "razones de Estado", la "Unidad de España" y la "europeidad", con el consecuente abandono de las incómodas posiciones anticolonialistas y antiimperialistas. Qué fácil es criticar el imperialismo de EEUU, y que difícil ver la viga del imperialismo español y europeo.

Sólo la cobardía, el sucursalismo más abyecto y el reformismo más acomodaticio explican la negativa a asumir la realidad canaria, aunque eso descalifique ante la España oligárquica y biempensante. Que la izquierda española niegue la libertad a las colonias y naciones sometidas a la bota de "su" burguesía es miserable. Que lo haga la "izquierda" canaria es pura traición.

Nadie que niegue la realidad colonial de Canarias puede ser considerado comunista. Mucho menos los menguantes grupúsculos españolistas, caracterizados a partes iguales por su sectarismo y su insignificancia y, en cualquier caso, por su alineamiento con el imperialismo español y europeo. La primera carencia en nuestra patria es, desde el punto de vista de las trabajadoras y los trabajadores, la de un partido comunista canario.

Esto es así porque, en contra de las fantasías del independentismo simplón pequeñoburgués, completamente aislado y primario, no existe en Canarias una “burguesía nacional”. Por el contrario, la clase dominante en las Islas, heredera del pacto histórico entre la nobleza canaria traidora y los invasores europeos, ha jugado y sigue jugando un papel subordinado como clase colonial, intermediaria y dependiente, estando sus intereses ligados al mantenimiento del status quo colonial.

Los coqueteos de ciertos sectores de la burguesía canaria con el “soberanismo”, clamando por un “nuevo encaje” de Canarias en la Constitución borbónica, no son más que un intento de ganar posiciones de fuerza en la negociación con el Poder Colonial que, en cualquier caso y como siempre, acabará en una nueva componenda con Madrid, a espaldas y a expensas de nuestro pueblo.

Sólo las asalariadas y los asalariados canarios están en condiciones de constituirse en verdadera clase nacional, aunando su propia emancipación con la liberación nacional del conjunto de las clases y sectores populares. Para que esto sea posible es necesario que ese destino tome cuerpo en un partido revolucionario, que sea organizador y expresión de los intereses estratégicos de los trabajadores y de todo el pueblo canario.

Así pues, es esencial poner en pie tal partido, bajo la denominación que sea. Porque sin un partido creado conforme a la teoría marxista revolucionaria y leninista y al estilo revolucionario marxista y leninista, es imposible conducir a la clase obrera y al pueblo canario a la victoria sobre el colonialismo español y el imperialismo europeo.

Pero para que exista un partido comunista hacen falta comunistas. Comunistas científicos, y no aficionados con sentimientos humanitarios e ideas simplonas, valerosos pero condenados eternamente al fracaso y a la perenne subordinación a los ideólogos de la izquierda burguesa. La primera tarea es, por lo tanto, la formación de un poderoso núcleo de mujeres y hombres forjados en la ciencia marxista revolucionaria, en un profundo conocimiento de la historia de Canarias y en la experiencia del movimiento práctico.

La clase obrera canaria, el conjunto de los trabajadores asalariados –todos aquéllos que, no disponiendo de otros medios de subsistencia, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo (convertida en una mercancía más por el capitalismo)–, contando a los parados que aparecen en las estadísticas oficiales y también a los que no se contabilizan en las mismas, incluye en la actualidad a más de 900.000 mujeres y hombres, lo que supone casi el 90 por ciento de la población activa de las Islas.

Sin embargo, aunque cuantitativamente dispone de un enorme potencial, su dispersión en micro empresas, así como el desarme ideológico y la desorganización política, le impiden realizarse como clase hegemónica, y desempeñar su papel como fuerza revolucionaria capaz de transformar la sociedad, y acabar con el régimen capitalista-colonial a la que está sometida.

Por lo tanto, además de dotarse de de una vanguardia política revolucionaria, que represente su concepción del mundo y defienda sus intereses generales, elevando su nivel de conciencia y de organización, la clase obrera canaria necesita la alianza con otros sectores populares en un amplio y unitario Frente de de Liberación para conquistar la Independencia Nacional, agrupar a todas las fuerzas democráticas de la nación contra el Poder colonial español, aunando la Revolución Democrática antiimperialista y antimonopolista con las tareas de construcción del Socialismo.

La segunda tarea, en consecuencia, es acabar con el estado de marginalidad, fragmentación y división del campo anticolonialista, superando las expectativas meramente electoralistas, saliendo del gueto en el que está enclaustrado a la espera de un hipotético futuro en que, por arte de birlibirloque, las masas cambien espontáneamente de parecer. El Frente de Liberación, por el contrario, debe construirse pegado a las necesidades prácticas de nuestro pueblo, en torno a un programa nacional-popular, y articulándose unitariamente en Comités Populares, capaces de estar en el día a día de las necesidades y reivindicaciones de nuestra gente.

Por último, y no menos importante, es necesario librar una lucha ideológica y cultural de amplia escala en defensa de la cultura nacional y popular, de la identidad nacional, de los valores democráticos y solidarios y de las concepciones científicas. Sin victorias en el terreno de las ideas no pueden haber victorias políticas. En este sentido, es preciso:

  • Difundir y potenciar de forma organizada y sistemática la lengua tamazigh.
  • Defender el habla canaria del castellano.
  • Difundir la historia de Canarias, no limitada al periodo precolonial.
  • Defender la Memoria Histórica de nuestro pueblo.
  • Potenciar y proteger la creación literaria y artística de Canarias.

Como señalaba Frantz Fanon, “luchar por la cultura nacional es, en primer lugar, luchar por la liberación de la nación, matriz material a partir de la cual resulta posible la cultura”.

Sin embargo, el futuro no es un camino recto, escrito en las estrellas. Personalmente desconozco si ya existe o si acaso existirá una generación capaz de abordar todas estas tareas o si, por el contrario, seguiremos siendo un pueblo que nunca llega a la Historia. De las canarias y de los canarios depende, porque nadie luchará por nosotros

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