Nace Bandera Roja



Con vocación de fomentar el estudio, la crítica y la reflexión acerca de la situación actual en la que nos encontramos en Canarias a nivel político, ideológico, social, económico y cultural; promover el debate y el intercambio de ideas entre los trabajadores y las trabajadoras de nuestra patria, los comunistas, las personas con ideas anticapitalistas y los estudiantes; la difusión pedagógica de las teorías y los principios revolucionarios del socialismo (marxista-leninista), así como de las alternativas para nuestra nación inspiradas en esta ciencia; y con el objetivo supremo de organizar a los comunistas en comités, con el horizonte de reconstituir el Partido revolucionario e independiente de la clase trabajadora canaria, nace Bandera Roja.

La crisis del capitalismo, lejos de resolverse o superarse, persiste con toda su crudeza en esta dolorosa y complicada época que nos ha tocado vivir, llevándose por delante la vida, el trabajo, la salud, el futuro, los sueños, las oportunidades, los derechos y las libertades de cientos de miles de compatriotas, como en tantas y tantas ocasiones hemos sufrido en nuestra errante historia.

Como todo el mundo sabe, esta crisis que ya va para una década y que afecta principalmente a los grandes centros imperialistas (EEUU, Europa, Japón...), viene precedida por otras que durante el siglo XX y antes, han demostrado históricamente que el capitalismo sólo sirve para una minoría cada vez más pequeña pero que para la inmensa mayoría de la humanidad sólo significa hambre, miseria, pobreza y explotación, así como que la única alternativa es la revolución socialista.

En Canarias, como no podía ser de otra manera en una colonia de un reino que sólo está a la cabeza de Europa en desempleo, pobreza infantil, emigración, falta de derechos y libertades, represión, detenciones y encarcelamientos por razones políticas, corrupción y suicidios por causas económicas (desahuciados, parados de larga duración, etc.), las consecuencias de la crisis son tan brutales que ya en la mayoría de la gente se instaló el desánimo, la frustración y el pesimismo hasta tal punto, que el pensamiento general es que el canario que quiera desarrollar una vida próspera sólo tiene una salida: coger un avión y que sea lo que el capitalismo quiera.

Es lo que tiene ser una nación sometida por un reino cuya historia está impregnada de colonialismo, fascismo e imperialismo hasta el tuétano, y que a su vez, en esta fase histórica, está al servicio de las que son las auténticas potencias de primer orden.

O sea, que podemos considerarnos los esclavos de un esclavista con más pena que gloria cuya decadencia nos provocaría risa si no fuera por el sufrimiento humano que causa, que encima para mayor escarnio no deja de ser una "potencia" de segunda división. Y ojo, que en la primera división no es que estén tirando voladores, más bien al contrario, pues la primerísima potencia mundial que fue hegemónica durante el siglo pasado y lo que llevamos de este tiene los días contados. Tal es la situación.

El pueblo canario tiene que salir de la burbuja en la que vive y admitir que a excepción de unos periodos muy cortos de "prosperidad", minúscula y sacrificada, que no hacían sino abonar el terreno para que cuando a los pocos años se acabara el bacarrá se volviera a la miseria de siempre, lo cierto es que como nación africana colonizada por un país capitalista absolutamente integrado en la cadena imperialista mundial en condición de subalterno, no tenemos ningún porvenir, como ha quedado más que demostrado en estos largos siglos de sumisión a los españoles, a los europeos y a los yankis.

Que no se autoengañen y humillen aquellos obreros que todavía sueñan con volver a los idealizados años anteriores a la crisis en los que, en comparación con la situación que vivimos actualmente, era relativamente fácil conseguir un empleo (otra cosa es en qué condiciones) y comprarse una vivienda y un coche (endeudándose prácticamente de por vida con los bancos, como no, del reino colonizador), por el hecho de que los capitalistas españoles impusieron un modelo productivo (al que más bien habría que llamar improductivo), basado en el turismo y el ladrillo con la inestimable colaboración de los señores que mandan en esta nuestra patria y los empresarios nativos que se daban codazos para conseguir parte de las migajas, pues lo cierto es que durante nuestra historia de avasallamiento colonial y capitalista, Canarias se ha caracterizado por ser un lugar en el que la mayoría de la población ha vivido en condiciones de pobreza y subdesarrollo.

Entendemos que con la que está cayendo haya quien eche de menos esa sobrevalorada etapa de nuestra historia más reciente, igual que el que sobrevive a base de pan y agua, cuando no tiene que echarse a la boca, saliva al recordar lo diferente que era tener aunque sea pan para comer y agua para beber.

Y en cualquier caso, eso ya se acabó. No se volverán a levantar casas y hoteles de forma anárquica, irracional y destructiva por todas partes, y no volverá a ser fácil conseguir un trabajo en la construcción, sirviendo copas o preparando papas arrugás a los guiris.

Hay que acabar con esa mentalidad pobre y fantasiosa, con ese conformismo y esa resignación, con ese desconocimiento de nuestra historia y nuestro lugar en el mundo, y a su vez con la depresión que vivimos: ¡sí que podemos tener un porvenir en nuestra tierra y sí que es posible una Canarias realmente productiva, moderna, próspera, armoniosa y floreciente!

Pero esto no es más que una utopía sin un Partido Comunista y un proyecto revolucionario de los trabajadores, porque no nos engañemos, es tan quimérico soñar con que puede existir un Plan B que demuestre que otra Canarias capitalista es posible, como pensar que la solución vendrá de la mano de los vendehumos salvapatrias de la izquierda electoralista, sean estos de Podemos, de Izquierda Unida o de cualquier otra organización por el estilo, o del exhausto y derrotado campo nacional-popular canario que queda en pie.

Hay que hablar claro y reconocer la realidad: la descomposición de la izquierda y los sindicatos en el Estado español y sus estertores en forma de oportunismo electoralista (podemismo), y la decadencia del movimiento político en Canarias, donde las posiciones anticolonialistas y revolucionarias son testimoniales, merecen una profunda reflexión.

Basta con preguntar a la mayoría de trabajadores y trabajadoras de Canarias para llegar a la conclusión de que se sienten huérfanos en cuanto a la existencia de una organización que defienda y represente sus máximas aspiraciones y sus intereses. Porque ese papel sólo puede cumplirlo hoy en Canarias un Partido Comunista revolucionario y anticolonialista.

Por la parte que nos toca, levantamos orgullosos la bandera roja de la reflexión, del estudio y las alternativas, para contribuir modestamente a la articulación de una propuesta socialista revolucionaria, que sólo es posible con un campo comunista fuerte, hoy en día inexistente, y que pasa por nuestro propósito de refundar el Partido Comunista de Canarias, que una vez derrotado a sangre y fuego por el fascismo español en los años treinta del siglo pasado, no ha podido ser levantado nuevamente a pesar de múltiples intentos.

Las dificultades y los obstáculos son innumerables, pero contamos a nuestro favor con el hecho de que en el presente, y más aún en el futuro inmediato, el contexto internacional de decadencia del sistema y el ascenso de países y bloques socialistas y antiimperialistas, significará para Canarias una oportunidad inmejorable para una transformación revolucionaria que rompa con lo viejo y se abra a la Historia. 

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