Lecciones catalanas para canari@s


TEODORO SANTANA 


UNA. Como explicaba Marx, "el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas". La idea de que el Estado es un territorio neutral en el que compiten "democrática y pacíficamente" las distintas fuerzas en conflicto, no es más que una fantasía conveniente para quienes, en el fondo, no quieren que nada cambie –salvo la realización de su deseo de convertirse en los gestores del Estado–.

Negarse a ver que el Estado es, ante todo, la organización de la violencia, en régimen de monopolio, de una clase sobre otras, es un gravísimo error. Si tal Estado es el de la dictadura nazi-fascista de la oligarquía española, pertrechado de todo el aparato legal, judicial y policial fascista, pero envuelto en velos formalmente democrático burgueses (1), estamos además ante un crimen.

DOS. Cuando la cosa se pone seria, el bloque fascista (PP-C's) y su aliado incondicional (PSOE) cierra filas. Pero también cierra filas –aunque con cara de asco– la izquierda pequeñoburguesa (IU, Podemos), que con un discurso de "cambio" tiembla si algo puede cambiar y no les sea rentable electoralmente. Porque, ante todo, se trata de una izquierda nacionalista española, que defiende el "derecho a decidir" siempre y cuando los afectados no decidan romper con España –y mermar su "mercado"–.

Y también por eso, esa izquierda pequeñoburguesa se niega a categorizar al bloque fascista como fascista y al aparato de Estado fascista tuneado como tal. Porque definir las cosas como son les obligaría a posiciones políticas menos acomodadas y más comprometidas. "Asaltar el cielo" ma non troppo: todo lo más quedarse en las nubes.

TRES. Frente a la represión contra el pueblo catalán, y frente a la ola fascista en el resto del Estado español –¡A por ellos, oé!– la respuesta de la izquierda española y de una clase obrera adocenada ha sido peor que tibia. La vulneración de los derechos democráticos más básicos tampoco ha suscitado más que una muy minoritaria respuesta, salvo en Euskal Herria.

Quiere esto decir que si alguna vez el pueblo canario decide salir de la ignominia e iniciar la descolonización, vamos a estar solos, salvo quizás el apoyo de los pueblos hermanos de África y Latinoamérica. Pero como siempre, nos aburrirán con eso de que "Canarias es España". O lo más novedoso: "Apoyamos el derecho a decidir de Canarias", pero no que lo hagamos efectivo.

CUATRO. Carentes de un partido revolucionario que represente los intereses estratégicos de los trabajadores, la izquierda independentista ha optado por el "mambo", esto es, la lucha de masas "pacífica". Pero como señalaba Lenin, "el pacifismo y la prédica abstracta de la paz son una forma de embaucar a la clase obrera y que no se rebele contra su opresor". Basta remitirnos a las pruebas de la represión contra el pueblo catalán, y eso que el Estado no ha recurrido a toda su artillería. Por no hablar de la brutal represión judicial y de todo tipo que se viene encima las próximas semanas y meses.

Pretender construir una república "pacíficamente" frente la oligarquía española –especialista en retorcer las leyes y montar golpes de estado– es pura política naif, confundir los deseos con la realidad. Pretenderlo sin desarmar previamente a las fuerzas del estado opresor, sin detener y encarcelar a jueces y fiscales, sin ocupar bancos, medios de comunicación imperiales y otros centros de poder económico, es ya, simplemente suicida.

Dicho lo anterior, también es cierto que ese "pacifismo" corresponde al estado general de opinión de las masas. Y que plantearse cualquier otra cosa requiere un proceso práctico de aprendizaje que, cómo no, el propio Estado está dando al pueblo catalán por las malas.

Y CINCO.

Como trabajadoras y trabajadores canarios, nuestra mayor preocupación debería ser dotarnos de un partido que represente nuestros intereses estratégicos. Carentes de tal partido, estamos en manos del discurso y de los intereses de otros, para los que simplemente seremos carne de cañón –o "base electoral" (3).

Nunca será más actual la consigna leninista de que "la revolución no se hace, sino que se organiza". Pero la propia organización no crece en el vacío, sino en el desarrollo de la lucha de clases en un marco económico e histórico concreto, y por la irrupción de fuerzas teóricas de gran calado que irrumpen "desde fuera" en el movimiento obrero y popular. Tarea, esta última, bien lejos de la izquierda pequeñoburguesa, ramplona, semiinstruída y alicorta que se nos ha puesto delante durante los últimos cincuenta años. Un periodo en el que, paralelamente, la realidad material de Canarias ha ido cambiando –y sigue cambiando– a un ritmo vertiginoso.

Como escribía el poeta sirio Nizar Kabbani, "Queremos una nueva generación de rasgos diferentes. / Que no perdone errores, ni permita… / Que no se incline nunca, ni sepa lo que es la hipocresía… / Una generación gigante de vanguardia".



NOTAS

(1) Es evidente que no hay fronteras irrebasables ni compartimentos estancos entre fascismo y democracia o entre dictadura y democracia burguesa, y que la mayor proporción de lo uno u lo otro depende de la correlación de fuerzas en cada momento. Mucho más en el caso español, donde el núcleo del Estado sigue siendo el de la dictadura fascista, rodeado de ciertas formalidades "democráticas" (elecciones partidarias, autonomías administrativas, etc.), facilmente recortables según las necesidades de la oligarquía.

(2Reconozcamos también que en Canarias la mayoría de la población se ha posicionado del lado del fascismo, reclamándose más españoles que nunca. Al fin y al cabo los colonizados no aspiran a ser libres, sino a tener el mismo estatus que los colonos. Lo de la UD Las Palmas, por cierto, nauseabundo.


(3) Ver La hipocresía de la izquierda imperialista. aporrea.org, 15 de diciembre de 2013.

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